Rubén Domínguez da algunas claves de su labor con el Celta Fortuna y As Celtas
10 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Rubén Domínguez ejerce de psicólogo del Celta Fortuna -donde ya había vivido una etapa anterior- desde que Fredi Álvarez dirige al filial y tras haber subido con él del Celta C Gran Peña; además, también se encarga del cuadro femenino del club, As Celtas. Pero, ¿en qué consiste el trabajo de un profesional de esta materia en el día a día de un equipo de fútbol? Él mismo lo explica a La Voz.
Observar e intercambiar opiniones
Lo primero y fundamental, sostiene, es «observar el funcionamiento del equipo en todos los aspectos». En ese sentido, mantienen una reunión cada mañana donde están todos los integrantes del cuerpo técnico. «A partir de ahí, estás viendo aspectos de esas reuniones y le comentas al entrenador esto, aquello… Cosas que vas viendo que pueden enriquecer esas reuniones. La forma de comunicar…», desliza.
Siempre puede haber puntos de vista diferentes y él procura estar «pendiente para si alguien se confunde o malinterpreta, poder hablar con él y decir: ‘Mira, es tu opinión, hay otras y se toma una decisión. No pasa nada y a lo mejor no prevalece la opinión de tu área porque aquí hay muchas áreas'», razona. El da su visión desde la que le corresponde y otros profesionales pueden aportar las de la parcela física, desde la fisioterapia… «El entrenador decide en función de la que le parece más importante y no quiere decir que las otras no lo sean», plantea. Y recalca que en el caso del Fortuna «el grupo de trabajo lleva mucho tiempo junto y es fantástico, hace sencillo que todo el mundo entienda lo que pasa y que todos son parte».
Durante los entrenamientos
El psicólogo también asiste al entrenador en aspectos que tienen que ver con «cómo preparar una reunión con un jugador o aspectos del mensaje, preparación de las charlas, darle ideas…». A Domínguez, cuenta, le gusta observar partiendo del objetivo del entrenamiento que se explican al inicio. «Luego, cojo datos de si se ha cumplido el objetivo; cuando acaba o a mitad de la sesión, lo comparto con los ayudantes: ‘El objetivo era este y hasta ahora solo ha ocurrido tres veces lo que queríais trabajar’», ejemplifica; ellos deciden en consecuencia.
Otro cometido durante las sesiones es un registro de las acciones donde participan los porteros y los goleadores. Ahí recopila «un montón de datos objetivos para intentar que cuando tomen decisiones sobre los jugadores, les ayuden a que sean lo más precisas posibles en relación al rendimiento real y de trabajo de las personas», apunta. En el caso del filial, subraya, teniendo en cuenta que es «un equipo un poco distinto, en el sentido de que se busca conseguir que los jugadores lleguen a ser profesionales». Así, se va viendo quién progresa y quién no. «Deben saber que no vale con ser bueno, tienes que tener un rendimiento físico diario».
Y dentro de esa observación constante que le caracteriza, procura percibir cuando algún céltico «está un poco más jorobado». «Procuro decirle algo a lo largo del entreno para mantenerlo, ayudarle en ese rato», afirma. Pone sus ojos en las conductas y comportamientos, aunque recalca que los inapropiados son inexistentes en este equipo. «Quieren ser profesionales y van al entrenamiento a esforzarse al máximo. Puede haber cosas que mejorar, por indicación del entrenador o porque tú, estando tanto tiempo con ellos, lo percibes, pero inadecuados hay muy poquitos». Sí trabaja con los jugadores «las necesidades que tienen, que son distintas en cada caso».
Los lesionados de larga duración
A nadie se le escapa que los jugadores que apenas intervienen, igual que los que pasan por lesiones largas, pueden ser más susceptibles de necesitar apoyo en la parcela psicológica. «Intento acompañarlos mucho, hablar con ellos», señala. Es clave contribuir a que «no pierdan el contacto con el equipo, que sigan haciendo cosas como venir al vídeo aunque no vayan a jugar; que no pasen demasiado tiempo solos en el gimnasio y sigan compartiendo determinados momentos con los compañeros», sostiene. En definitiva, que se sigan sintiendo «parte del grupo y futbolistas».
Otra forma para ello es «pedirles que hagan cosas para ayudar al equipo y que vean que pueden hacerlo, sumar de otra forma -a nivel de vestuario- aunque estén lesionados». También está muy pendiente de su estado de ánimo. «Hablas todos los días con ellos, evitando la sensación de que vas a darles la paliza, pero preguntando por cosas que les interesan y viendo cómo están de ánimo. Así puedes ayudarles a regularlo».
Integración de los recién llegados
Para los que vienen de fuera, además, han preparado un programa «para ayudarles a integrarse en el Celta, para que entiendan lo que es el club, en especial, los que tienen dificultades con el idioma». Se trata de estar pendientes de todas las necesidades que tienen, que son muchas en algunos casos. Pone el ejemplo de Seyni Ndiaye. «Habla francés, así que hemos conseguido que uno de los preparadores físicos, que se maneja en el idioma, esté mucho con él y nos ayude. Si no, el entrenamiento se convierte en algo muy difícil para él por muy buena predisposición que tenga», advierte.
En líneas generales, además, le pide al grupo que «haga esfuerzos por relacionarse con las personas a las que más les cuesta al principio». Pero partiendo de que son los recién llegados los que más tienen que poner de su parte para esa integración. «Tienen que ser conscientes de ello y el resto también tenemos que hacer ese esfuerzo por comunicarnos lo mejor posible y facilitar a estos jugadores que se sientan integrados. Se hacen acciones en esa dirección», desgrana sobre otro de sus cometidos.
En general, con los célticos que no son gallegos, sigue de cerca su adaptación. «Veo si se sienten cómodos en Vigo, con quién se relacionan, si alguien se está quedando atrás…», cuenta. Y en ese caso, busca la manera de integrarlo. «Tengo 52 años y es más difícil que yo lo haga, pero se lo pides a alguien y, normalmente, la predisposición es muy buena; sobre todo, si ves que esa persona se deja ayudar. Hago un poco de facilitador de que ocurran cosas», reflexiona. Y agrega que son aspectos de los que «si nadie se da cuenta y el jugador no se adapta, se acaba marchando y es una pena, porque cuando traen a un futbolista es porque confían en que vaya hacia adelante y es un activo de futuro».
Ganarse la confianza
La figura del psicólogo es percibida cada vez con mayor naturalidad, como algo cotidiano y necesario en muchos ámbitos. En la experiencia de Domínguez en el Celta, nunca ha percibido rechazo en la primera toma de contacto. «Cuando llegué al vestuario del Celta B en la temporada 2015/2016, me presenté antes de que salieran a entrenar y antes de salir, ya había dos jugadores que me habían dicho si podían hablar conmigo al terminar», recuerda. Sí es cierto que «hay personas más accesibles y otras a las que les cuesta más por su personalidad y a veces tienes que intentar ayudarles más indirectamente, preguntándoles sin que ellos se den cuenta», comenta.
La manera es ir ganándose su confianza, «conociéndoles, ayudarles mediante alguien que les diga algo…». Esa es una fórmula que utiliza bastante y que, valora, sirve también para formar a los deportistas más mayores. «Tienen un rol de liderazgo en el equipo y hay que darles herramientas para ello. Hablo con ellos, les pido cosas a nivel individual con algún jugador y van aprendiendo a liderar a sus equipos», detalla. De este modo, se dan cuenta de «cómo pueden influir en sus equipos de manera natural, que se sientan con la capacidad de dar un mensaje, acercarse a un compañero para hablar de algo».
Contacto con el primer equipo y los juveniles
Domínguez mantiene contacto con sus homólogos de Juvenil A y primer equipo cuando hay jugadores que están a caballo. «Hay casos diferentes que requieren más comunicación. Cuando son puntuales, que suben un día a entrenar, no cambia nada, incluso siguen en el mismo vestuario y los sigo viendo. Hay que procurar que no haya demasiada gente hablando con ellos y no volverlos locos», indica. Contempla que se pueden generar más dudas e incluso contradicciones si hablan con personas de diferentes cuerpos técnicos. «Siempre tiene más sentido que hable con él la persona que lo ve todos los días, que tiene información y lo puede ayudar porque sabe lo que pide», analiza.
Pone el ejemplo de Jones El Abdellaoui, que llegó al B y, en teoría, a Domínguez le correspondía la misión de integrarlo. «Al final, venía los días de partido y yo no lo veía, no lo podía ayudar porque no me tenía como referente. Aunque el día de partido estuviera un poco pendiente de él, hablamos de que era mejor que lo integraran desde el primer equipo», ejemplifica. En estos casos es donde es clave la comunicación y la coordinación en la búsqueda de lo mejor para el deportista. Incluso con las selecciones hay contacto, como el reciente caso de Andrés Antañón y el combinado sub-19, donde la parcela psicológica la lleva un profesional que también pasó por Vigo, Rubén Bravo. «Te puede contar que ha visto que ha mejorado en esto o en lo otro, hay un feedback positivo».
Las ruedas de prensa
Domínguez no decide directamente qué jugadores hablan en sala de prensa, pero su criterio sí es uno de los factores que se tienen en cuenta. «Al acabar, se comenta entre el míster y los ayudantes y yo digo qué me parece y se lo transmito a los jugadores», expresa. Influye desde si uno tiene prisa porque ha venido su familia hasta si otro tuvo que tratarse tras el partido. «Incluso, a veces, dicen ellos: ‘Que vaya no sé quién, que lo hizo que te cagas’. Y como ya habíamos pensado en ese, pues va».
A veces también hay que «obligar un poco al que no le gusta absolutamente nada» y con otros, ir entrenándolos para que lleguen a estar preparados. «Por ejemplo, Bernard (Somuah) habla inglés y el ponerte nervioso hace que entiendas peor el español. Nuestro objetivo es conseguir que dé una rueda de prensa y, al menos, sea capaz de comprender lo que le dicen; incluso que pueda decir algo en castellano, que es importante para él», razona. Porque también tienen presente y les procuran hacer entender que «si quieres ser futbolista jugando en España, no puedes pasarte la vida hablando inglés».
El tiempo que pasa con As Celtas es menor, dos días a la semana y, puntualmente, alguna vez más. Así que los objetivos no son diferentes, pero la forma de buscar alcanzarlos varía un poco. «Me apoyo mucho en los que sí están todos los días para ir viendo las necesidades que tienen y ayudarles. A veces, incluso dando alguna charla colectiva sobre aspectos que percibo que se pueden mejorar», explica.
Tampoco el Fortuna está exento de ese tipo de actividades, de cinco o diez minutos y sobre cuestiones que necesitan entender y aprender, que pueden tener que ver con el sueño, la recuperación, la alimentación, «conductas que tiene un futbolista profesional», sintetiza. Se trata, al fin y al cabo, de «formales». Y no son necesariamente a cargo de Domínguez, sino de miembros del cuerpo técnico, «multidisciplinar y con grandes profesionales» en ambos casos.