El entrenador del Celta dirigirá al equipo por tercera vez en el escenario de su debut
12 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.«Es un campo, que a nivel personal, me queda grabado para siempre», dice Claudio Giráldez de su vuelta al Sánchez Pizjuán. Porque allí comenzó todo para el porriñés con el primer equipo. Porque cuando el Celta decidió, en marzo del 2024, prescindir de Rafa Benítez y subirle desde el filial, el compromiso más inmediato que deparaba el calendario era la visita al Sevilla. Fue el 17 de marzo del 2024 y los vigueses se llevaron el triunfo por 1-2 en la primera de un buen puñado de remontadas en estos casi 20 meses.
A lo largo de estos cerca de dos años, Giráldez reconoce que ha evolucionado, pero, al mismo tiempo, considera que sigue siendo el mismo. «Creo que soy la misma persona, el mismo entrenador, pero buscando evolucionar, crecer y mejorar, que es lo que llevo intentando toda mi vida», resume el entrenador canterano.
Este año y medio largo ha sido para Giráldez una sucesión de buenas noticias: salvación el primer curso, Europa en el segundo y séptimo puesto en la actualidad, además de renovar y ampliar su contrato con el equipo de su vida. «Era imposible imaginar dónde estamos ahora. La verdad es que estamos cumpliendo un sueño y está yendo todo muy bien», apuntando que bajo su batuta han conseguido resultados «por encima de lo esperado». «Pero tenemos la ambición de seguir mejorándolos, mejorando las prestaciones del equipo. Es nuestra manera de ser».
Queda la mitad del once
Del once de aquel partido iniciático, solo la mitad de los jugadores siguen a las órdenes del técnico celeste: Óscar Mingueza, Carlos Domínguez, Hugo Sotelo, Fran Beltrán, Iago Aspas y Hugo Álvarez. En aquella primera alineación de Claudio también estaban Vicente Guaita en portería, Javier Manquillo, Unai Núñez (cedido actualmente en el Verona), Jonathan Bamba y Strand Larsen, al que le quedaban solo unas semanas en Vigo antes de ser traspasado a su actual club, el Wolverhampton.
En-Nesyri había abierto el marcador a los 18 minutos y los entonces célticos que le dieron la vuelta ya no están en Vigo. El encargado de poner las tablas fue un Carles Pérez que parecía defenestrado con Benítez y al que parecía abrírsele una rendija de esperanza con aquel cambio en el banquillo, aunque finalmente, no cuajó y se fue al Aris. El gol del triunfo lo ponía Larsen a los 78 minutos en un partido que marcaba el inicio de una nueva era. El curso pasado le tocó perder en el mismo estadio.