Los relojes donde siempre nos olvidamos de cambiar la hora

Sí, toca cambio de hora otra vez, y en este caso, la noche será más corta, ya que las agujas del reloj nos quitarán una hora de sueño porque a las 2 serán las 3

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Redacción / La Voz

Aunque pienses que fue ayer, no, ya han pasado los meses y cuando en octubre retrasaste el reloj y disfrutaste de una hora más de sueño a finales de mes, ahora en marzo, la madrugada del 25 concretamente, el reloj de te la quita de nuevo sin piedad. Sí, toca de nuevo cambio de hora, y en esta ocasión, la madrugada del sábado al domingo a las 2 serán las 3, y todos dormiremos una hora menos. Si el domingo te levantas con la pregunta de ¿qué hora es?, no te asustes, es lo más común y le pasa a casi todo el mundo. Lo mejor que puedes hacer es ser previsor y, para no caer en despistes, cambiar la hora en esos aparatos y electrodomésticos que, por el momento, no están configurados para cambiarse de forma automática. Cada vez son menos, pero si lo piensas bien, probablemente aún tengas en casa alguno de ellos, y si es una de tus guías para saber diariamente qué hora es, es recomendable que se la modifiques, para no llegar tarde a trabajar, a una comida con amigos con tu madre o tu suegra, que al final, son resquemores que siempre terminan saliendo a la luz en las relaciones personales. Pero vayamos por partes, aquí te dejamos una lista de lugares donde, si eres previsor, el domingo no te llevarás sustos cuando consultes la hora en ellos.

1. El reloj de la cocina

Si eres de los que tiene el típico reloj presidiendo una de las paredes de tu cocina, por el que te guías al desayunar, para hacer la comida o incluso cuando entras a por un vaso de agua de noche, es uno de los primeros que deberías modificar. Tampoco es necesario que lo hagas con mucha antelación, bastará con que lo cambies durante el sábado, por ejemplo antes de irte a dormir, para que el domingo no vivas, al menos durante unas horas, con una hora de retraso.

2. En el coche

El coche también es otro de los lugares donde primero se debería adelantar el reloj, como toca en esta ocasión. Eso te garantizará que llegues a la hora acordada, no solo el domingo, sino el resto de la semana. Y te ahorrará algún que otro susto, como que aunque vayas al trabajo a la hora que debes, te lleves el apuro de ver que la hora del coche marca una hora más. Así se evitarás el sobresalto inicial que te dejará helado hasta que te des cuenta que el reloj de tu coche aún está por la hora vieja.

3. Los electrodomésticos de la cocina

La nevera, el horno, el microondas... Si tienes en tu cocina alguno de estos electrodomésticos con reloj, también será otro de los sitios donde deberás cambiar la hora de forma manual.

4. Tu despertador

Aunque la irrupción de los móviles y smartphones los radio-despertadores han ido perdiendo su espacio en la mesilla de noche, muchos aún prefieren despertarse con esta alarma y no con la de sus teléfonos. Si eres uno de ellos, también es importante que modifiques la hora cuanto antes. Si el domingo te da igual levantarte a las once que las doce, no te hará falta hacerlo el sábado, pero que no se te olvide durante la jornada cambiarlo, ya que de no hacerlo el posible que el lunes comiences la semana de la peor forma posible: llegando tarde al trabajo o a las citas que tuvieses programadas. Es cierto que es Semana Santa, y que esos días no te ocurrirá que tu hijo llegue tarde a clase por tu culpa (están de vacaciones), pero, si eres organizado y recuerdas cambiarlo a tiempo, te ahorrarás un buen puñado de angustias.

El eterno debate del cambio de hora

Probablemente este sea el cambio de hora más polémico. Cambiar la hora el próximo 25 de marzo supondrá que amanecerá más tarde, con lo que los más madrugadores, pasarán de levantarse casi de día a hacerlo de noche durante unas semanas. La ventaja, sin embargo, es que esa hora se ganará por la tarde, cuando se hará de noche más tarde. Pero el cambio de hora, siempre, siempre es polémico. Aunque hay personas que aseguran no enterarse prácticamente de la modificación en las agujas del reloj, la mayoría sufre alguna de las consecuencias que deja tras de sí un cambio de hora con el que se pretende adaptar la jornada laboral las horas de luz, y que comenzó a aplicarse en Europa en 1974, coincidiendo con la crisis del petróleo. Algunos comparan el efecto del cambio de hora con una especie de jet lag, como cuando uno vuelve de un viaje son un huso horario muy diferente. El cambio de las horas de luz, amanece más tarde y también anochece más tarde, afecta especialmente a la melatonina, la hormona que regula el sueño, y esa es la explicación más pausible de los transtornos del sueño y hace que cueste más dormirse, lo que termina por hacer que estemos más cansados.

Unido a la astenia primaveral, la estación típica de las flores y las alergias entra solo unos días antes, el cambio de hora coincide con una época de cambios para las personas más sensibles. Aunque no está probado, también hay algún estudio que relaciona el cambio de hora de marzo con un aumento de los infartos, los suicidios e incluso los accidentes de tráfico.

Cambio de hora: Este fin de semana toca adelantar el reloj

M.P.
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Llega la primavera y surge la eterna pregunta, hay que adelantar o retrasar el reloj. No te tortures, le pasa a todo el mundo

Este 25 de marzo toca de nuevo cambio de hora, pero ¿en esta ocasión toca atrasar el reloj o adelantarlo? ¿Los más dormilones tendrán una hora más a su disposición para aprovecharla o notarán durante varios días esos 60 minutos menos que les roba de nuevo el reloj? Aunque llevemos toda la vida, o casi toda, moviendo las agujas del reloj cada cierto tiempo, son muchos los que se preguntan cada vez que cambia la hora si es el turno de atrasar o adelantar el reloj. Pues vamos a salir de dudas muy rápidamente. En marzo siempre se pierde la hora que se gana en octubre, por lo que este 25 de marzo a las 2 serán las 3. Así que no se quiere uno despertar con la eterna pregunta de qué hora es realmente, es conveniente poner en hora los relojes que no se actualicen automáticamente antes de acostarse para no llevarse sobresaltos innecesarios.

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