Los líderes de la UE, incapaces de pactar el primer presupuesto tras el «brexit»

«Las diferencias son todavía demasiado grandes para un acuerdo», lamentó Merkel

Comparece Pedro Sánchez desde Bruselas Comparece Pedro Sánchez desde Bruselas

Redacción / Agencias

Más o menos Europa. Seguimos hacia adelante con el proyecto político o reculamos para reducir la Unión a un simple, pero lucrativo bazar. Ese es el motor de fondo de las discusiones de la cumbre en Bruselas del primer gran presupuesto de la UE sin el Reino Unido (cuya marcha deja un agujero de unos 75.000 millones de euros en las arcas).

Los halcones del euro, rebautizados como «los frugales» (Holanda, Dinamarca, Suecia y Austria), entienden que están en su derecho de cortar el grifo a sus vecinos «despilfarradores». Quieren los beneficios de la libre circulación y de la política comercial de la UE, pero no están dispuestos a compensar financieramente los desequilibrios que esa apertura ha provocado en la industria, la agricultura o la pesca de países como España, donde sus profesionales se baten con rivales más competitivos en precio de países como China o Marruecos. Informes de la Comisión y la Eurocámara han reiterado que los beneficios que han obtenido de la apertura del mercado en la UE superan con creces sus aportaciones presupuestarias.

Y en este contexto los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión fueron incapaces e de llegar a un acuerdo debido a la brecha, de momento insalvable, entre los partidarios de más austeridad y los defensores de una mayor ambición europea. «En las últimas semanas y días hemos trabajado muy duro para intentar lograr un acuerdo (...). Desafortunadamente hoy hemos constatado que no era posible. Necesitamos más tiempo», dijo el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, en una rueda de prensa al término de una cumbre que ha durado dos días y una noche.

Profundas diferencias

«Las diferencias son todavía demasiado grandes como para llegar a un acuerdo», lamentó la canciller alemana, Angela Merkel, tras una reunión en la que los mandatarios pasaron más tiempo en reuniones bilaterales que debatiendo en conjunto.

Los líderes iniciaron el jueves una cumbre con el único fin de pactar el marco financiero entre el 2021 y el 2027 en cada programa. Además del agujero del brexit, la negociación está condicionada por las nuevas prioridades de la UE, como el cambio climático o la digitalización.

Con este escenario, Michel puso sobre la mesa unas cuentas de 1,09 billones de euros, el equivalente al 1,074 % de la Renta Nacional Bruta (RNB) de los Veintisiete, un montante inferior al actual (2014-2020), que fue del 1,16 % de la RNB, y al que propuso la Comisión Europea, del 1,11 %.

Los países partían divididos. De un lado, Holanda, Austria, Dinamarca y Suecia con dos premisas: que el presupuesto no rebasase el 1 % de la renta conjunta y que se mantuviesen los reembolsos de los que se benefician en su contribución por aportar más de lo que reciben. Del otro, diecisiete países, incluida España, vertebrados por su rechazo al recorte del 14 % en las ayudas de la Política Agraria Común (PAC) y del 12,1 % en los fondos de cohesión que planteaba la propuesta de Michel. Las dos grandes economías de la UE, Alemania y Francia, no han querido sumarse a ningún bloque, aunque Berlín se ha aproximado más a los austeros, mientras que París está más cerca del segundo.

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