El despliegue militar ruso recrudece la guerra fría con EE.UU. en el Ártico

Los satélites muestran un aumento de bases y armamento en la zona


Nueva YOrk / E. La Voz

A medida que se producía el deshielo en el Ártico a causa del cambio climático, Moscú ha aprovechado para acumular un poder militar sin precedentes con el objetivo de asegurar su costa norte y abrir una ruta de transporte clave entre Asia y Europa. Una estrategia que ha encendido las alarmas en Washington, que no está dispuesto a renunciar al control de esta ruta vital para el comercio mundial. Un episodio más en la guerra fría entre EE.UU. y Rusia por controlar el tráfico marítimo y las ingentes reservas de hidrocarburos y minerales que deja el calentamiento del planeta en el Polo Norte.

Unas imágenes de satélite, difundidas a la cadena CNN por la compañía de tecnología espacial Maxar, mostraron que en los últimos cinco años Moscú ha avanzado en la construcción de bases y acumulación de armamento militar en su costa ártica.

Respuesta de EE.UU.

La evidencia del despliegue militar despertó las suspicacias de la Administración Biden, en una carrera a la que intenta incorporarse a marchas forzadas. El Pentágono reaccionó a las imágenes con la advertencia al Kremlin de que defenderá sus intereses en el Ártico ante la remodelación de aeródromos y radares de la era soviética, construcción de nuevas bases, así como la expansión de misiles de defensa aérea para impedir el acceso a la zona.

«Tenemos intereses de seguridad nacional en el Ártico que tenemos que proteger y defender», dijo el portavoz del Pentágono, John F. Kirby. La respuesta de Moscú no se hizo esperar. «La presencia militar rusa en el Ártico es un elemento absolutamente necesario del desarrollo militar», señaló el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, quien confirmó los planes de desarrollo en la zona norte.

Rusia no esconde su apetito por controlar la ruta ártica. La descomposición de los glaciares permitirá abrir dos rutas marítimas que acortarán en 2.000 millas la distancia entre el Pacífico y el Atlántico, y en unas 4.700 millas la navegación entre los puertos europeos y los asiáticos.

El pasado febrero, el Gobierno de Vladimir Putin exhibió las imágenes de un buque carguero de bandera rusa cruzando por primera vez por el paso del Nordeste rumbo a China, donde descargó gas licuado para luego completar el mismo camino de vuelta. Los expertos en cambio climático consideraron el viaje como la constatación de la descomposición de los polos, pero la operación de propaganda rusa fue imposible de ignorar.

La alternativa al canal de Suez

Lo que no esperaban ni Putin ni Biden era el atasco sin precedentes en el canal del Suez del buque Ever Given, que paralizó en marzo el comercio marítimo mundial durante casi una semana. El Kremlin aprovechó el incidente para promocionar la ruta ártica como una «alternativa» a la concurrida vía que conecta el Mediterráneo con el mar Rojo. La Casa Blanca se limitó a ofrecer ayuda para desatascar el barco y a tomar nota del peligro de su dependencia de las cadenas de suministro globales.

Los satélites de Maxar, contratista de la NASA con sede en Westminster (Colorado), han desvelado la construcción de siete bases militares (entre ellas Múrmansk, cerca de la frontera con Noruega, y la de Providenya, próxima a EE.UU.), nuevos sistemas de radar cerca de la costa de Alaska e instalaciones de almacenamiento subterráneo para nuevas armas de alta tecnología.

La que más preocupa es el torpedo Poseidón 2M39, un submarino nuclear no tripulado con capacidad para lanzar ondas radiactivas que harían inhabitables franjas de la costa durante décadas. Todo un desafío para Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, que se esfuerzan por igualar la fuerza militar con la base aérea noruega de Ørland como centro de operaciones.

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