Los correos inéditos hechos públicos por el Congreso revelan que pasó «horas» con una de las jóvenes que el magnate prestaba a sus amigos
12 nov 2025 . Actualizado a las 22:06 h.El financiero y delincuente sexual confeso Jeffrey Epstein no se llevó sus secretos a la tumba, sino que los dejó en custodia. Antes de suicidarse en una celda de Nueva York, donde se enfrentaba a un proceso penal por abusar y prostituir a cientos de adolescentes, se estaba comunicando con el periodista Michael Wolff, autor de polémicas biografías sin autorizar sobre los magnates Rupert Murdoch y Donald Trump, hoy en su segundo mandato en la Casa Blanca.
«Por supuesto que sabía lo de las chicas», le escribió desde su celda. Ese correo electrónico y otros dos más en los que hablaba de Trump de forma casi críptica, fueron dados a conocer este miércoles por los representantes demócratas del Congreso de Estados Unidos. En respuesta, de manera sorpresiva, sus colegas republicanos del Comité de Supervisión de la Cámara Baja decidieron hacerlo saltar todo por los aires al liberar la colección completa de 20.000 páginas recibidas de los herederos de Epstein. «Los demócratas se quejan de que hay que 'publicar los archivos', pero cuando los tienen, solo seleccionan lo que les conviene para generar contenido sensacionalista», dijo el comité en su cuenta de X. «Os merecéis toda la verdad».
Porque lo cierto es que demócratas, republicanos, empresarios, monarcas, banqueros y, en general, hombres influyentes de todo tipo, estaban en el ámbito de influencia del poderoso inversor neoyorquino, quien se construyó una esfera de lealtades con fiestas de lujo y viajes privados a su isla caribeña de Little Saint James, a donde les acompañaban las adolescentes que había convertido en prostitutas de lujo. Su socia, Ghislaine Maxwell, condenada a 20 años de prisión, era quien captaba a las chicas para que le dieran «masajes», hasta que, poco a poco, acababan satisfaciendo sus perversiones sexuales a cambio de ofertas económicas que no podían rehusar. Trump no solo lo sabía, sino que pasó «horas» con una de esas chicas en la vivienda de Epstein y llegó a decirle a Maxwell «que parase», contó Epstein al escritor por correo electrónico. El nombre de la chica en cuestión ha sido borrado para proteger su identidad. Según la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, se trataba de Virginia Giuffre. Una víctima muy conveniente, porque presuntamente se suicidó en abril pasado a los 41 años, aunque su padre cree que «alguien llegó a ella». Además, la joven que denunció al príncipe Andrew de Inglaterra había exonerado a Trump, que «no podía ser más amable», dijo de él en 2016 durante el juicio por daños civiles, cuando Trump ganó por primera vez las elecciones presidenciales. «He escuchado que estuvo en la casa, pero yo no lo vi nunca, ni creo que participase en nada», declaró entonces, como recordó este miércoles la Casa Blanca.
«Deja que se cuelgue él solo»
En el mundo de Epstein, guardar silencio sobre los trapos sucios de alguien influyente era un tesoro. Cuando Wolff le dijo que podían preguntarle a Trump por su amistad con él, Epstein le recomendó silencio. «Deja que se cuelgue él solo. Si dice que no ha estado nunca en la casa o que no ha montado en el avión, eso te dará una valiosa moneda política», le aconsejó respecto al polémico empresario metido a político y ahora presidente, amén de líder de los republicanos.
Epstein también asesoraba desde la cárcel a su leal compañera, que igualmente ha mantenido silencio sobre la posible complicidad de Trump con el financiero y piensa pedirle que conmute su pena, ha dicho su abogado esta semana. «Quiero que te des cuenta de que el único perro que aún no ha ladrado es Trump», le avisó Epstein en el 2011, cuando ya había sido imputado en Miami por sus relaciones con menores. Entonces faltaban todavía cuatro años para que Trump anunciase su candidatura presidencial y, a medida que se acercaba al poder, ese secreto se hacía más valioso. «No lo ha mencionado ni una sola vez», dijo el financiero a su socia, en referencia al encuentro de «horas» con la chica que la Casa Blanca identifica como Virginia Giuffre, cuyas memorias póstumas describen los encuentros sexuales que tuvo como víctima de la red de Epstein.
En palabras del propio Trump, ambos magnates compartían «el gusto por las mujeres hermosas, muchas de ellas del lado más joven», dijo a la revista New York Magazine en el 2002 cuando todavía eran amigos. La relación se rompió en el 2004, poco antes de que la justicia le diera caza. El ahora presidente dice que después de 15 años de amistad se dio cuenta de que era «raro» y le expulsó de su club de Mar-a-Lago (Florida), aunque Epstein lo niega en los correos electrónicos publicados. «Nunca fui miembro. Nunca», le aseguró a Wolff en 2019.
Los seguidores de Trump, adeptos a las teorías conspiranoicas de QAnon que alientan desde la extrema derecha, siempre han pensado que el financiero fue asesinado en la cárcel precisamente por uno de esos poderosos a los que hubiera implicado durante el juicio, convencidos de que los más afectados serían los demócratas de los Gobiernos de Bill Clinton. Uno de ellos, el que fuera su secretario del Tesoro, Larry Summers, se carteaba con Epstein en el 2018, cuando era presidente de la Universidad de Harvard. Hablaban de Trump, a quien Epstein calificaba desde la cárcel de ser «un loco», casi «al borde de la demencia». El nerviosismo del mandatario actual se vuelve patente siempre que el caso le roza y estos nuevos correos apuntan a que cada vez le toca más de cerca.