Sharona Azriel, endocrinóloga: «Cualquier fármaco antiobesidad, al suspenderlo, va a suponer un aumento de peso o volver al punto original»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Sharona Azriel es portavoz de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO).
Sharona Azriel es portavoz de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO). SEEDO

La experta analiza un nuevo estudio que confirma el efecto rebote tras dejar estos medicamentos

09 ene 2026 . Actualizado a las 10:45 h.

Tras suspender la medicación para el control de peso, este se recupera y las mejoras en los marcadores de riesgo cardiometabólico tienden a disminuir con el tiempo. Son las conclusiones de un metaanálisis publicado por la revista británica The BMJ, cuya investigación incluye 37 estudios publicados hasta febrero del 2025 en los que participaron 9.300 personas. Los medicamentos protagonistas, los GLP-1, funcionan imitando una hormona natural, aumentando la secreción de insulina cuando el azúcar en sangre es alto, reduciendo la hormona glucagón, ralentizando el vaciado del estómago para prolongar la saciedad, y actuando en el cerebro para disminuir el apetito. Sharona Azriel, portavoz de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO), analiza los resultados de esta reciente publicación.

—¿Qué opinión le merece este nuevo estudio?

—Estamos hablando de una muestra grande y eso, de cara al impacto que tienen los resultados, es importante. También abordan un tema interesante, porque nosotros en el día a día sí que lo estamos viviendo en consulta: cualquier fármaco antiobesidad, al suspenderlo, va a suponer un aumento de peso o volver al punto original.

—¿Por qué?

—Porque todas las hormonas orexigénicas —señales químicas, tanto hormonas como neuropéptidos, que estimulan el apetito y la ingesta de alimentos, derivando su nombre del griego orexis (apetito)— vuelven a incrementarse. Digamos que la fisiología vuelve a su sitio y, a lo mejor, de una manera más acelerada.

—¿Estos fármacos son una solución «milagrosa» para perder peso?

La obesidad es una condición crónica, recurrente y recidivante. Estas terapias actúan como un refuerzo sobre cambios de conducta y medidas higiénico-dietéticas. Es decir, son una herramienta espectacular que ayudan a dar un empujón a reducir ese «ruido de hambre» que padecen los pacientes, pero lógicamente si se dejan de golpe, este vuelve.

—¿Es cierto que estos fármacos, al proporcionar artificialmente niveles de GLP-1 muy superiores a lo normal durante meses, pueden provocar que el cuerpo produzca menos cantidad de esta hormona de forma natural?

—Es verdad que existe lo que llamamos taquifilaxia, un fenómeno que se caracteriza por una disminución rápida de la respuesta a un medicamento tras la administración repetida en un período de tiempo. Algunos pacientes no tienen tanta sensación de saciedad, vuelven a tener hambre. Y al dejar la medicación, el balance que hay entre las hormonas que quitan el apetito y las que lo estimulan se invierte y vuelve a haber mayor efecto sobre la grelina (conocida como la hormona del hambre).

—¿Entonces los pacientes no deben abandonar estos fármacos?

—Es complicado. Una cosa son los estudios y otra el día a día en la práctica clínica. Desgraciadamente, el precio de estos fármacos obliga a abandonar el tratamiento a un buen porcentaje, porque no pueden asumir ese coste. Todos quieren empezar con uno de ellos, pero al cabo de tres o cuatro meses lo han dejado porque no pueden seguir pagándolo. Además, aún estamos aprendiendo a cómo desescalar estos fármacos antiobesidad. Cuando el paciente alcance un objetivo de peso y metabólico en cuanto a beneficio de los factores de riesgo cardiovasculares, tendríamos que utilizar pautas de desescalada, como la mínima dosis eficaz. También se está valorando la posibilidad de que la posología cambie, que no sea semanal sino quincenal. Al final, no tenemos unas guías de recomendación y lo hacemos un poco en función de nuestra experiencia clínica.

—¿Podría decirse que la comunidad médica está aprendiendo a cómo actuar con estos fármacos?

—Sí. Cuando aparecen nuevos fármacos, uno va aprendiendo con tiempo. Pero también remarco que el tratamiento es costoso y que para el paciente, también es complicado. Estos medicamentos no deben verse como una solución rápida a corto plazo, sino como parte de un enfoque integral y de larga duración. Hay que intentar buscar cuál es la mínima dosis eficaz para el mantenimiento de ese «descontrol» fisiológico que ocurre, ese desbalance energético y hormonal. Probablemente ayude a ambas partes que estas terapias pasen a ser más económicas, con la llegada de nuevas formulaciones. Entre todos tenemos que buscar la manera de que esos beneficios tan llamativos y que han provocado un cambio de paradigma tan grande en el tratamiento de la obesidad no se pierdan, no se acaben esfumando.

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.