Galicia avanza en el tratamiento de la diabetes tipo 1: del cribado en pacientes sin síntomas a la administración de un fármaco que frena la enfermedad

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

La prueba del pinchazo en el dedo (glucemia capilar) es un método rápido para medir el nivel de azúcar en sangre usando un glucómetro y una lanceta.
La prueba del pinchazo en el dedo (glucemia capilar) es un método rápido para medir el nivel de azúcar en sangre usando un glucómetro y una lanceta. PACO RODRÍGUEZ

Después de la búsqueda de pacientes que sufren la enfermedad pero que todavía no tienen síntomas, el CHUS y el Chuvi participan en un ensayo clínico en el que se puede acceder a una medicación que todavía no está comercializada en España y que evita que la patología siga avanzando; el viernes se administró por primera vez en Galicia, en uso compasivo

01 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En la diabetes tipo 1, el sistema inmunitario destruye las células del páncreas que producen insulina, provocando que el paciente tenga niveles muy bajos e incluso nulos de esta hormona. Por eso, la glucosa no puede entrar en sus células, provocando graves daños. «No es lo mismo que la de tipo 2, donde la predisposición que puede llegar a tener cada uno recae más en el estilo de vida. En este caso, el propio sistema inmunitario se confunde y cree que las células beta que producen la insulina son peligrosas o están infectadas y las destruye», aclara Iria Gómez Touriño. Dirige el grupo de Inmunidad y Pequeñas Moléculas del Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS), que tiene como una de sus principales líneas de investigación desentrañar el porqué de esa autodestrucción. Aunque esa todavía es una incógnita por resolver, en los últimos años sí se han dado grandes avances en su conocimiento, como la definición de diferentes estadios de la enfermedad y la detección de nuevos mecanismos moleculares que sirven como base para establecer un cribado, que ya se está llevando a cabo en el Hospital Clínico Universitario de Santiago (CHUS) y en el de Vigo (Chuvi). Los casos que se detecten de forma temprana, pueden ser candidatos a una nueva medicación que frena el avance de la enfermedad durante, al menos, dos años.

«La diabetes tipo 1 es una enfermedad que va ocurriendo de manera silenciosa, sin síntomas, hasta que debuta, que es el término que le damos a cuando aparecen los síntomas, y ya está avanzada la destrucción del páncreas», sostiene la investigadora. Según un documento de consenso de la Sociedad Española de Diabetes (SED), la de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y la de Endocrinología Pediátrica (SEEP), la enfermedad muestra dos picos de incidencia en la infancia y adolescencia (de 4 a 7 años y de 10 a 14), aunque se estima que más del 50 % de los casos se diagnostican en la edad adulta.

Los estadios de la diabetes

Hace menos de una década, «seis o siete años», en palabras de Gómez, se descubrieron los diferentes estadios por los que puede pasar un paciente con diabetes tipo 1. «En el primero, el sistema inmunitario va, poco a poco, reconociendo células del páncreas y las va matando, pero la persona no tiene síntomas. Todavía hay insulina y esta es suficiente», explica. El sistema inmunitario ya ha comenzado a atacar las células beta productoras de insulina y ya se pueden encontrar dos o más autoanticuerpos (proteínas producidas por el sistema inmunitario que, por error, atacan células, tejidos y órganos sanos) en sangre, pero no hay síntomas y el nivel de azúcar en sangre sigue siendo normal.

En el segundo, al igual que el estadio uno, se incluyen a personas que tienen dos o más autoanticuerpos relacionados con la diabetes, pero además, los niveles de azúcar en sangre se han vuelto anormales por la pérdida de células beta. Con todo, todavía no hay síntomas.

En el estadio tres, se suele dar el diagnóstico clínico. Ya existe una pérdida significativa de células beta y los pacientes muestran síntomas de diabetes tipo 1. «La persona, niño o adulto joven, tiene mucha sed, hambre, está muy cansado o entra en cetoacidosis. El problema es que en este estadio hay menos que hacer porque muchas células pancreáticas ya se han muerto», amplia Gómez. Se requiere tratamiento con insulina. En el estadio cuatro, la diabetes ya está totalmente establecida.

El porqué de todo este proceso, se desconoce. «Así como existen otras enfermedades que son muy genéticas, en el caso de la diabetes tipo 1 parece que es un 50-50 entre cierta predisposición y factores externos al organismo. De hecho, hay muchos casos en gemelos en los que uno la padece y otro no», comenta Gómez. Es el caso de los dos hijos de María José Rego, presidenta de la Asociación de Nenas, Nenos e Xente Nova con Diabetes de Galicia (Anedia): «Samuel y Marcos, que tienen 17 años, son gemelos, pero uno de ellos desarrolló la enfermedad y el otro no».

Cómo se hizo el cribado

El cribado para detectar pacientes en estadios iniciales de la enfermedad ya se está llevando a cabo en Galicia. Paloma Cabanas, endocrinóloga pediátrica en el Complexo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS), apunta que «se basa en la detección de autoanticuerpos que aparecen antes, incluso años antes del inicio de la clínica; son anticuerpos frente a las células beta pancreáticas y simplemente con una analítica de sangre podemos estudiarlos. Nosotros hicimos los cuatro autoanticuerpos que se relacionan más con el riesgo de presentar progresión a estadio clínico o a necesidades de insulina».

Se empezó con los familiares de primer grado de los pacientes diabéticos, los más jóvenes. «Pero solo el 10 % de los diabéticos tienen a un familiar con diabetes, pero acceder a la población general, para nosotros, los médicos, es muy complicado», asegura José Luis Chamorro, endocrinólogo pediátrico en el Chuvi.

Oscar Vázquez

Con todo, ambos confirman que se queda corto. «En un futuro nos gustaría hacer controles en niños sanos: a los 2 años, a los 6, entre los 10 y los 14 años», apunta Cabanas, a lo que Chamorro añade que «me consta que la Consellería de Sanidade está en ello, aunque saber cuándo va a llegar, es complicado».

La detección precoz de estos casos en los que todavía no existen síntomas, reduce el riesgo de posibles complicaciones y abre una ventana de educación previa para esas familias. «Son niños que llevan de cuatro a seis inyecciones subcutáneas o una bomba de insulina, pero hay que conocer los alimentos, el riesgo de hipoglucemia y toda esa información se la tenemos que dar en pocos días». Pero eso no es todo. «También tenemos la posibilidad de incluir a estos pacientes en estados preclínicos en ensayos de investigación o de ofrecerles el acceso a nuevas terapias moduladoras de esa autoinmunidad que se produce».

Rego tiene tres hijos: dos de 17 años, Samuel (diagnosticado) y Marcos, y una más pequeña, Aldara, de 14. Al padecer uno de sus gemelos diabetes tipo 1 desde los 4 años, los otros dos participaron en este cribado. «Ahora sabemos que ellos también tienen uno de los cuatro autoanticuerpos positivo y están en seguimiento», comenta. Sobre esta posibilidad, Chamorro, explica: «No es lo mismo tener un anticuerpo que tener varios. Si hay más de dos, ya eres diabético. En el caso de que solo tengas uno, puede desde quedarse con un anticuerpo toda la vida sin más, o que se desarrolle otro anticuerpo y aparezca la enfermedad».

Un nuevo fármaco que frena la progresión de la enfermedad

Hasta ahora, la única opción terapéutica para la diabetes tipo 1 era la insulina permanente, ya sea administrada mediante inyecciones o bombas. Pero hace unos días, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) aprobó el uso de Teizeild (teplizumab), convirtiéndolo en el primer fármaco aprobado en Europa capaz de retrasar el inicio clínico de esta enfermedad. Así, se autorizó para el estadio dos, retrasando el inicio del tres, una media de dos años, en niños a partir de 8 años.

Quedan varios pasos pendientes para que pueda incorporarse de forma real a la práctica clínica: la negociación de precios, la identificación de personas candidatas para su administración y dotar a centros y profesionales de la capacitación necesaria para administrarlo. Pero sí se ha aprobado para un primer caso en Galicia en uso compasivo. Una niña viguesa mayor de ocho años que se encuentra en el estadio dos de la enfermedad, que se ha detectado gracias al cribado entre familiares (su hermano mayor tiene diabetes). Se le ha administrado el fármaco el viernes y lo sigue recibiendo a diario durante catorce días.

Paloma Cabanas es endocrinóloga pediátrica en el Complexo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS).
Paloma Cabanas es endocrinóloga pediátrica en el Complexo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS). PACO RODRÍGUEZ

«El teplizumab reduce la agresividad de los linfocitos T que promueven el daño y hace que se conserve mejor la función de las células beta. Eso lleva a que se mantenga la producción de insulina propia durante más tiempo», indica Cabanas. Según todos los expertos, supone un cambio de paradigma en el tratamiento de la diabetes. Y se espera que lleguen más como este.

El ensayo clínico que se está llevando a cabo

El CHUS y el Chuvi están dando un paso más allá: «Estamos estudiando si el uso del fármaco en el estadio tres, tras el inicio de la clínica, va a reducir la agresividad de esos linfocitos T. Se pretende ver si en esos pacientes que todavía tienen algo de reserva pancreática puede mantenerse esa función de reserva durante más tiempo que en aquellos que no lo reciben».

De esta forma, el estudio investiga la eficacia y seguridad de esta medicación en comparación con un placebo en personas de 1 a 25 años con diabetes tipo 1 en estadio tres. «Cuando los pacientes empiezan con la insulina, hay un período que se llama luna de miel, en el que parece que el páncreas empieza a recuperar su función y los pacientes, durante un tiempo, necesitan menos cantidad de insulina. Lo que buscamos es prolongar ese período», confirma Chamorro. Un grupo recibirá el fármaco vía intravenosa y otro, placebo. El objetivo, medir los cambios en el control glucémico y las necesidades de insulina.

Paralizar durante un tiempo el avance de la enfermedad tiene ventajas: «No es lo mismo que los síntomas de la enfermedad lleguen con 3, 8 o 14 años, sobre todo teniendo en cuenta que hablamos de niños; ya no solo por la madurez, también porque el páncreas ha tenido más tiempo para crecer, desarrollarse y que haya más células beta que funcionen, haciendo el debut menos agudo», remarca Cabanas.

«Realmente, no tenemos muchos candidatos, porque estamos hablando de un cribado muy restrictivo. Pero es la capacidad que tenemos ahora mismo», lamenta Chamorro. El hijo de María José Rego, Samuel, no puede participar porque en su caso la enfermedad ya está establecida. «Pero si tuviésemos la oportunidad, participaríamos, por supuesto. Es una gran noticia», confiesa ella.

La exigencia de la diabetes

Rego convive con la diabetes tipo 1 desde que a uno de sus hijos mayores recibió el diagnóstico, cuando tenía 4 años. «Es una enfermedad muy exigente porque significa estar pendiente durante 24 horas de absolutamente todo. Influye la comida, el ejercicio y las hormonas. Porque ahora existen sensores, pero hace 13 años, no», narra.

En el centro de la imagen, Samuel, de 17 años, que porta en su mano derecha, el dispositivo de control de su diabetes. A la derecha, su hermano gemelo Marcos, que no desarrolló la enfermedad. Les acompañan su madre, María José Rego, y su hermana Aldara, de 14 años.
En el centro de la imagen, Samuel, de 17 años, que porta en su mano derecha, el dispositivo de control de su diabetes. A la derecha, su hermano gemelo Marcos, que no desarrolló la enfermedad. Les acompañan su madre, María José Rego, y su hermana Aldara, de 14 años. CARMELA QUEIJEIRO

«El tratamiento con insulina consiste en sustituir la función del páncreas —explica la doctora Cabanas—. Eso supone, para el niño, requerir de cuatro a seis administraciones de insulina a lo largo del día y, además, correcciones. Puede administrarse de manera subcutánea o a través de bombas de insulina, que ahora los sistemas de infusión se integran con los sistemas de monitorización». Además del control glucémico con mediciones frecuentes de glucosa en sangre. «La enfermedad supone muchas decisiones a lo largo del día», añade Rego.

Aumento de la incidencia

En Galicia debutan entre 60 y 70 niños cada año, según Cabanas. «Se estima, por la población que hay de menores de 15 años, que puede haber entre 1.500 y 2.000 niños gallegos», confirma. Según el último Atlas Mundial de la Diabetes, en España podría haber 118.802 casos de diabetes tipo 1 entre todos los grupos de edad, ya que en nuestro país no existe un registro específico para cada subtipo de diabetes, 1 o 2. Los datos globales en nuestro país hablan de más de cinco millones de casos en adultos de entre 20 y 79 años.

«No sabemos por qué la incidencia se está incrementado. Se han hecho estudios para ver si tiene que ver con diferentes infecciones víricas, el tipo de lactancia o la presencia de otras enfermedades. De momento, no existe ninguna confirmación, pero es un hecho que estamos viendo, en todas las enfermedades autoinmunitarias y alergias, la influencia del estilo de vida occidental. Una de las hipótesis es la higiene, en el sentido de que el estilo de vida en la infancia es ‘‘demasiado limpio’’ y el sistema inmunitario no queda bien entrenado; es muy fácil que se active con cosas inocuas», asegura Gómez.

La misión investigadora es conocer la causa. «Tanto qué ocurre con el sistema inmunitario, por qué ataca, como desarrollar nuevos tratamientos para estas y otras enfermedades autoinmunitarias. Creo que estamos ante la punta de lanza, del primero de muchos fármacos que irán apareciendo».

Cinthya Martínez Lorenzo
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Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.