Domingo Gargallo, microbiólogo: «No se están investigando nuevos antibióticos porque las grandes farmacéuticas tienen otras prioridades»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Domingo Gargallo, microbiólogo.
Domingo Gargallo, microbiólogo.

El especialista detalla que estos fármacos no son interesantes para la industria desde un punto de vista económico y valora el futuro de su producción

11 feb 2026 . Actualizado a las 10:01 h.

Domingo Gargallo-Viola (Cornellá de Llobregat, Barcelona, 1958) tuvo suerte por partida doble en lo que a vocación se refiere. Primero, porque un profesor supo transmitirle la pasión por la microbiología. Segundo, porque pudo ver cómo su trabajo ayudaba a salvar vidas. El reconocido microbiólogo y director de Funditec Health ha colaborado, durante muchos años, con la Fundación Medicines for Malaria Venture. «En los últimos 25 años, esta organización ha aprobado 18 nuevos antimaláricos. Se calcula que han salvado más de veinte millones de vidas humanas, especialmente, niños menores de cinco años y mujeres embarazadas». El experto, pionero en la medicina de precisión, también ha trabajado en el desarrollo de fármacos y terapias antimicrobianas, lo que le otorga una visión privilegiada con respecto al problema de la resistencia microbiana.

—La OMS indicó que entre el 2018 y el 2023, la resistencia a los antibióticos aumentó en más del 40 % de las combinaciones de patógeno-antibiótico monitoreadas, con un incremento anual medio de entre el 5 % y el 15 %. Le voy a pedir que me traduzca esto. ¿En qué situación estamos?

—El principal problema es que desde mediados del siglo pasado, no se han descubierto nuevas clases de antibióticos. De hecho, la última clase de antibióticos de amplio espectro que se aprobó fue en 1962. Por lo tanto, el uso continuado y, a veces, abusivo de los mismos antibióticos durante décadas ha provocado la adaptación de las bacterias a estos compuestos y la selección de cepas resistentes. ¿Dónde estamos? La situación es realmente crítica. Ten en cuenta que las bacterias multirresistentes son una de las mayores amenazas para la salud global en el siglo XXI. Si le ponemos cifras, en el 2019, 1.200.000 personas perdieron la vida debido a infecciones provocadas por ellas. Aunque haya gente que considera que estas cifras son un poco apocalípticas, si no tomamos medidas urgentes, las previsiones elevan esta cifra a 10 millones para el año 2050. Estamos viviendo una verdadera pandemia. Nosotros la llamamos la pandemia silenciosa porque no es una pandemia con el impacto mediático que ha podido tener por ejemplo el covid, pero estamos hablando de 1.200.000 personas como datos reales, no aproximaciones.

—Muchas veces se explica que esta resistencia se produce por un mal uso de los antibióticos. ¿No existen más factores?

—Realmente, no hay más involucrados. Las bacterias, como todos los seres vivos, tienen la capacidad de adaptarse para superar condiciones adversas. El uso abusivo de los antibióticos en diversos escenarios, empezando por el tratamiento inadecuado, muchas veces, de infecciones humanas —tratamos sintomatologías pensando que es una bacteria y es un virus—, pero también, y muy importante, en la producción de alimentos. En las granjas, en piscifactorías, en los cultivos hidropónicos de vegetales se consumen toneladas de antibióticos. Estos lugares, donde coinciden concentraciones elevadas de antibióticos y una importante presencia bacteriana, son el escenario perfecto para la selección de organismos resistentes. No hay más factores, lo que sí hay son distintos escenarios muy propicios para la selección de resistencias, que estas bacterias se adapten a la presencia de antibióticos.

—¿Por qué las bacterias mutan y se adaptan a algo que, antes, las eliminaba?

—Fíjate, los seres vivos nos adaptamos para sobrevivir. Las mutaciones son errores inevitables y espontáneos en el proceso de replicación del ADN, que es el material genético. En algunas bacterias, estos errores modifican la diana donde actúan los antibióticos, haciendo que pierdan su eficacia. Es decir, sus mutaciones generan cepas resistentes. Este proceso es más probable en contextos donde coinciden concentraciones muy elevadas de antibiótico y una considerable carga bacteriana. Por ejemplo, en aguas residuales de hospitales o de granjas. Un gramo de heces humanas puede albergar de unos diez mil a cien mil millones de bacterias. Se reproducen cada diez o veinte minutos. Ahora, imagínate esa cantidad de bacterias en un sitio donde hay concentraciones muy elevadas de antibióticos. Pues siempre hay alguna que ha tenido la mutación, y esa mutación enmascara la diana donde interviene el antibiótico, otorgándole un factor de resistencia. Las bacterias tienen una gran plasticidad genética para adaptarse y superar condiciones adversas, incluyendo la actividad de los propios antibióticos. Cuando tienen una capacidad tan tremenda de reproducirse y están en cantidades tan grandes, si les pones un elemento de presión selectiva, siempre hay alguna que, debido a esa mutación espontánea, se convierte en resistente. 

—Todo lo que usted me va contando me lleva a una pregunta, ¿hay que crear nuevos antibióticos?

—Esta situación es complicada, sin ninguna duda. Creo que es uno de los grandes retos en el campo de la investigación y en la salud global, porque además de la tragedia en la pérdida de vidas humanas que hemos comentado antes, la falta de los antibióticos compromete los avances de la medicina moderna. Sin nuevos antibióticos eficaces frente a las cepas multirresistentes, pacientes sometidos a trasplantes, a quimioterapia, a procesos quirúrgicos graves, pero también incluso partos o lesiones menores, corren más riesgo.

—Es imposible entender una medicina sin antibióticos.

—Totalmente. Han salvado millones de vidas. Son fundamentales tanto para la aplicación como para el desarrollo de la medicina moderna. Sin los antibióticos podemos retroceder a la época pre-antibiótica, cuando partos, pequeñas lesiones, traumatismos, pues podrían conllevar la pérdida de vidas humanas. Lejos de ser un mensaje apocalíptico, si no tenemos medidas urgentes, avanzaremos hasta ese peligroso escenario.

—¿Se está investigando?

—La respuesta es no, porque no son medicamentos interesantes desde el punto de vista comercial. Las grandes empresas farmacéuticas tienen otras prioridades por razones económicas.

—¿Solo economía?

—Sí que es verdad que además de un tema económico, hay un tema de riesgo técnico. Por razones comerciales queremos productos de amplio espectro, que tengan actividad sobre muchas bacterias, porque de alguna manera eso nos permite incrementar nuestro campo comercial. Pero yo pienso que ese paradigma se ha agotado. En la diversidad química que tenemos actualmente disponible no hay más antibióticos de amplio espectro. Por lo tanto, tenemos que asumir un cambio de paradigma, olvidarnos de los productos de amplio espectro, que van vinculados al tratamiento empírico y que es verdad que tienen un mercado mucho más amplio y por lo tanto económicamente pueden ser más interesantes, pero no hay más.

—Hoy en día contamos con muchos medicamentos personalizados. ¿Pasará lo mismo con los antibióticos?

—Sin ninguna duda. En el tratamiento de las infecciones, la implantación de la medicina de precisión requiere un cambio de paradigma que debe ir acompañado de la sustitución de los antibióticos actuales —los de amplio espectro—, por antibióticos con actividad específica y selectiva frente a determinados patógenos en combinación con técnicas de diagnóstico apropiadas. Es un poco lo que ha ocurrido en el mundo de la oncología. Es decir, hace treinta años, la idea era crear un producto que lo curase todo, porque eso nos iba a dar beneficio económico y muchos pacientes que tratar, pero eran citotóxicos, productos con una eficacia terapéutica dudable, con muchos efectos secundarios. Cuando hemos sido capaces de asumir que los distintos problemas oncológicos, que los tumores son muy específicos, y hemos ido a diseñar y a descubrir productos específicos, hemos conseguido efectos terapéuticos mucho mayores con menos secundarios. Eso es lo que, de alguna manera, tendremos que hacer en el mundo de la microbiología o de las infecciones. Productos más específicos que además serán más respetuosos con la microbiota, que es un tema muy importante. Esto también limitará la aparición de cepas resistentes. Es más, mi equipo es pionero en esta aproximación innovadora del cambio de paradigma de productos de amplio espectro a productos de actividad específica, siguiendo la línea evolutiva que ha sufrido el mundo de la oncología.

—¿Hay interés en crear nuevos antibióticos?

—Los antibióticos, a pesar de ser una de las grandes necesidades médicas, imprescindibles para afrontar uno de los mayores retos de Salud Global del siglo XXI, no son compuestos interesantes desde el punto de vista comercial, y por lo tanto no suponen una prioridad para las compañías farmacéuticas, que han abandonado la investigación en este campo hace décadas. La solución a este complejo dilema pasa por impulsar colaboraciones público-privadas, lideradas por instituciones sin ánimo de lucro capaces de compatibilizar objetivos comerciales con un claro compromiso social. En este sentido, creo que la Fundación Funditec, a través de su División Funditec Salud, en colaboración con diversas instituciones internacionales, incluyendo en India y Sudáfrica, es un ejemplo de compromiso y trabajo para el descubrimiento y desarrollo de nuevos antibióticos.

—Existen diferentes tipos de bacterias. ¿Se sabe si algunas son más resistentes que otras?

—No, el grado de resistencia y, por lo tanto, de riesgo para la salud humana depende de la bacteria en sí. Son muy distintas entre ellas, cada una tiene sus características fisiológicas, genéticas y demás. Hay algunas que tienen la capacidad de mutar de una manera más eficiente y generar más resistencias. Entre esas bacterias que pueden producir diferentes tipos de infecciones, tenemos Acinetobacter, Pseudomonas, Klebsiella o la Escherichia Coli (E. Coli). Son las causantes de la mayor parte de las muertes en humanos.

Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.