La ciencia que estudia por qué te levantas cansado: «Se pensaba que el ronquido significaba dormir bien»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Una persona consulta el móvil en cama.
Una persona consulta el móvil en cama. iStock

Varios expertos detallan las dos patologías que, con mayor frecuencia, dificultan el descanso y valoran el momento de la medicina del sueño

02 mar 2026 . Actualizado a las 17:35 h.

Llega el mediodía y uno no puede más. Le falta energía. Aparecen los problemas de irritabilidad, de concentración, los conflictos en la pareja o en el trabajo, y se incrementa la sensación de estrés. El cuerpo está agotado y, en medio de una reunión o en el coche, llega el sueño. De golpe, como una necesidad inmediata de echarse una cabezadita, pero la vida no lo permite. Más de cuatro millones de españoles padecen algún tipo de trastorno del sueño crónico y grave. Uno de cada tres adultos se despierta con la sensación de no haber tenido un sueño reparador y algo más de cinco de cada diez no duermen las horas adecuadas. Los datos, recogidos por la Sociedad Española de Neurología (SEN), lo confirman: dormir no es una prioridad. Para más inri, «el porcentaje de personas que cada vez duermen menos va aumentando. No es que estemos estancados, sino que cada vez va peor», apunta Carlos Egea, neumólogo y coordinador del año que la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) dedica a los trastornos respiratorios del sueño. 

La Organización Mundial de la Salud lo ha descrito como la «pandemia oculta» porque, si el problema no fuese grave de por sí, «casi nadie va al médico, es silencioso», expone el experto. Mientras tanto, la medicina del sueño trata de aportar soluciones a un reto que es estructural, no solo de salud. «En este país, fruto del cambio horario que tenemos, de las costumbres sociales donde dedicamos mucho tiempo a comer, y del horario laboral, somos pobres de tiempo en la noche para dormir», puntualiza Egea, que añade un simple: «No nos da la vida». El especialista considera que, ante la falta de horas, muchos las rascan al sueño, un hecho que contrasta con que España sea el país del mundo con mayor consumo de fármacos para conciliarlo. 

Diagnosticar un trastorno del sueño no es complicado. Al menos, en la mayoría de los pacientes que piden ayuda. A la consulta de Ainhoa Álvarez, presidenta de la Sociedad Española del Sueño (SES), llegan por tres motivos: «El que se duerme en todos los rincones, el que no duerme y el que hace cosas raras mientras duerme», resume la neurofisióloga. La historia clínica es fundamental. A veces, incluso, no solo es necesario hablar con el propio paciente para orientar el diagnóstico, sino también con su cónyuge, la persona con la que comparte cama. A partir de aquí, se pueden realizar distintas pruebas. Una polisomnografía, también conocido como un estudio del sueño, que registra las ondas cerebrales, los niveles de oxígeno en la sangre, la frecuencia cardíaca y la respiración durante el sueño. Además, mide el movimiento de los ojos y las piernas. Este test se puede realizar en casa, «con una versión más sencilla destinada a ver cómo respira el paciente», o en el hospital, «que nos sirve no solo para ver cómo respira, sino también cómo es el sueño, cómo y cuándo duerme, si está fragmentado o si mueve las piernas, entre otras cosas», profundiza la experta. A la par, cuenta, también es necesario hacer un diagnóstico diferencial de otras patologías, por ejemplo, con una analítica, «ya que puede ser que tenga una alteración de la tiroides que le esté provocando un cansancio». 

Los trastornos detrás de la falta de descanso de la mayoría

Los males del sueño con mayor prevalencia son el insomnio y el síndrome de apnea obstructiva del sueño. «No dormir tiene más riesgo, incluso, que no hacer deporte y se asemeja al de la obesidad», señala Carlos Egea, quien sitúa el primero en un 30 % de la población, y el segundo, entre un 15 y un 20 %. Les siguen, a mucha distancia, el síndrome de las piernas inquietas y la narcolepsia. 

El insomnio se caracteriza por la dificultad para iniciar o mantener el sueño, y también, como la sensación de no tener un descanso de calidad. Afecta a la calidad y a la cantidad. Las causas son múltiples: desde alteraciones emocionales de la persona, como la angustia, hasta el consumo de sustancias como el café, o los factores ambientales, como el ruido. También puede ser secundario a otras patologías, como una neuropatía. «Una gran parte de los insomnio son la antesala de los trastornos de salud mental. A veces, no hay una causa justificada sino que son los hábitos que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestra vida», precisa el miembro de la Separ. 

La doctora Álvarez, incluso, sospecha que hay causas que todavía desconocen. «Creo que hay algo más en los cerebros de algunas personas que lo padecen que aún, en la actualidad, los médicos no podemos con las pruebas que tenemos», señala. El tiempo y la ciencia dirán. 

El síndrome de apnea del sueño consiste en una parada total o parcial de aire que entra y sale de los pulmones, lo que se describe como paradas respiratorias. La persona que la sufre deja de respirar durante, al menos, diez segundos varias veces durante la noche. En ocasiones, incluso, se extienden hasta los dos minutos. El paciente, en sí, duerme. Por eso, es su pareja la que, habitualmente, se percata de que tiene un ronquido muy intenso que finaliza en un silencio absoluto del ruido respiratorio. 

La enfermedad suele provocar que la persona se despierte con sensación de ahogo por la noche, que vaya mucho al baño debido, precisamente, a los múltiples despertares. El problema se traduce en cansancio durante el día y en la somnolencia en momentos habituales de la vida diaria en los que no se debería sentir sueño: comiendo, hablando con alguien, en el cine, o, incluso, en situaciones de mayor riesgo, como conduciendo. 

Las apneas ocurren porque se produce una obstrucción de la vía aérea superior, es decir, cuando la zona de la garganta se estrecha o colapsa durante el sueño. Los factores que favorecen su aparición son diversos, aunque en muchos casos el principal desencadenante es el exceso de peso, ya que la acumulación de grasa —especialmente en el cuello— facilita el cierre de la vía respiratoria.

Tener un familiar de primer grado con esta patología también incrementa el riesgo de desarrollarla. Además, el tabaquismo y unos hábitos de sueño inadecuados pueden empeorar el cuadro. Por ejemplo, consumir alcohol a última hora del día, realizar cenas copiosas o adoptar determinadas posturas al dormir influyen negativamente. En general, las pausas respiratorias son más frecuentes cuando se duerme boca arriba. 

Egea las describe como la madre de todas las batallas, «ya que suponen casi el 38 % de las consultas de servicios de neumología del país», destaca el neumólogo con conocimiento de causa. En ocasiones, también hay apneas de origen central, que incluso pueden convivir con el ronquido en sí. «En ellas, el marcapasos de la respiración no funciona bien por problemas neurológicos o cardíacos; o también puede ocurrir por fármacos», añade el especialista en referencia a los distintos perfiles. 

En el caso de las personas que padecen de piernas inquietas, «perciben una sensación desagradable cuando se van a dormir y cuando están descansando, se les mueven las piernas, y eso hace que fragmente su sueño». Por su parte, la narcolepsia, lejos de ser un trastorno que hace que la persona se duerma en cualquier lado y a cualquier hora, «también hace que el paciente no duerma bien por la noche, tiene mucha fragmentación del sueño», señala la doctora Álvarez. La razón es que le falta una sustancia llamada orexina, «que es la que nos dice cuándo tenemos que dormir y cuándo estar despiertos». Así, ante su carencia, el sueño deja de ser tan reparador como debería. 

Cada vez mejores tratamientos

La buena noticia es que todas cuentan con tratamiento, aunque la presidenta de la SES reconoce que le gustaría tener más opciones, «porque, además, son enfermedades que tienden a cronificarse y cuesta más abordarlas». Celia García, coordinadora del grupo de estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología (SEN), detalla que en este grupo de pacientes es fundamental hacer una buena historia clínica y conocer sus hábitos. A veces, es necesario hacer un estudio de sueño. «En función de esto, si necesita un tratamiento médico porque tiene una alteración, se inicia. Si son pacientes que han tomado muchas benzodiazepinas, algo que es bastante frecuente, hay que hace una especie de desintoxicación de fármacos», detalla la experta. 

Con todo, para una inmensa mayoría, el abordaje «que reestructura y cura el problema desde el fondo» es la terapia cognitivo-conductual. «De ella se encargan los psicólogos especializados en sueño. Durante varios meses, no solo se trabaja en la higiene del sueño, sino en volver a normalizar el sueño como una parte normal de la vida», indica. AL final, este proceso fisiológico se acaba autorregulando. «Hay que volverse al punto de dormir normal sin que haya una ansiedad rodeando el sueño, sin que haya un miedo patológico al momento de irse a la cama o de salir de la rutina de casa», añade. En algunos casos concretos, y siempre bajo supervisión médica, pueden utilizarse fármacos durante periodos limitados. 

Por su parte, el tratamiento estándar y más efectivo en caso de apnea obstructiva es el uso de la CPAP, una máquina que impide que la garganta colapse. «Es como un secador de pelo, que insufla aire y este, como si fuera un martillo neumático, impide que la garganta se cierre y, por tanto, la persona deja de roncar», resume Egea. Los dentistas también pueden poner una prótesis exterior, que impide que la mandíbula se caiga mientras el paciente duerme. Además, el neumólogo confía en que los análogos del GLP-1, efectivos en el abordaje de la obesidad, vayan a reducir también la prevalencia de la apnea. Por último, cuenta, «hay un fármaco prometedor que fortalece el tono de los músculos, de modo que evita que la lengua se caiga», así como la terapia miofuncional. «Se descubrió en la gente que tocaba el didgeridoo, que es como una especie de trompeta, la cual fortalecía los músculos de la boca y reducía el número de apneas», apunta el experto. 

Un momento para la medicina del sueño

La experta considera que, en la actualidad, la medicina del sueño vive un buen momento en lo que a herramientas se refiere. Sobre todo, si se tiene en cuenta que es una especialidad moderna, pues el sueño solo se lleva estudiando desde la década de los cincuenta. «Creo que nos falta mucho por aprender, pero también está avanzando mucho en estos últimos años que los tratamientos se han multiplicado por dos en todas las patologías del sueño», indica. 

Egea también considera que ha habido una gran evolución en su especialidad. El especialista cuenta que, antaño, se pensaba que el ronquido era sinónimo de un buen descanso. «Hasta que empezaron a aparecer publicaciones científicas en las que se relacionaban con más hipertensión, problemas cardíacos, más accidentes de tráfico, y una pérdida de calidad y esperanza de vida», expone. Todo ello, fruto de los más de 300.000 artículos que avalan la medicina del sueño con respecto a la apnea o al insomnio. «Hasta entonces, ni siquiera se estudiaba en las facultades de medicina», recuerda. 

Con el médico de familia

Asensio López, médico de familia y comunitaria y coordinador del Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud de la Semfyc, detalla que, en consulta, suele ver tres motivos de insomnio: «Diferenciamos entre aquellas personas que padecen algún problema de salud mental, como ansiedad, depresión o malestar emocional; los que tienen trastornos mentales graves, como psicosis o trastornos de personalidad; y aquellos que mantienen una mala higiene del sueño, es decir que no cumplen con horarios regulares del sueño o rompen los ciclos fisiológicos del sueño», precisa el especialista. 

Esto último puede tener dos justificaciones, o bien que su trabajo le obligue porque sea a turnos, o bien que sea su decisión. El médico de familia, que recibe a pacientes con más de 14 años, reconoce estar muy preocupado por los jóvenes que, a diario, duermen dos o tres horas menos de lo que le corresponde, «por pasar tiempo de madrugada en redes sociales y con su teléfono móvil». 

Además, también se suele encontrar con personas que quieren dormir más, «aunque sus reguladores fisiológicos no coinciden con sus deseos», apunta. Es el caso de gente de edad avanzada, «en las que observamos que pasan en la cama diez o doce horas, que se acuestan muy temprano en la noche, mientras que por la evolución natural no dormirían más allá de cinco o seis horas». Esto les lleva a reclamar fármacos para calmar la inquietud que esta situación les causa. Así, con esta amalgama de situaciones, el médico de familia reconoce que hay un conjunto de pacientes con problemas crónicos de sueño, cuyo abordaje es de gran complejidad. 

Si bien en un principio, la medida que propone, en todas las consultas de pacientes sin problemas de salud mental graves, es la mejora de la higiene del sueño, «en múltiples ocasiones nos encontramos con grandes dificultades para que las personas cambien sus hábitos, y recibimos con mucha insistencia la demanda de fármacos hipnóticos». Además, reconoce el especialista de la Semfyc, cada vez es más frecuente que les pregunten acerca del uso de melatonina o magnesio, «especialmente entre los colectivos más jóvenes y las mujeres que atraviesan la menopausia». 

Lucía Cancela
Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.