«Me duelen los huesos»: estas son las patologías que pueden esconderse detrás de la popular frase

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Dos mujeres disfrutando del sol en un banco de Santiago.
Dos mujeres disfrutando del sol en un banco de Santiago. SANDRA ALONSO

Este síntoma puede estar detrás de varias enfermedades reumáticas, que padecen una de cada cuatro personas en nuestro país

14 mar 2026 . Actualizado a las 10:23 h.

Se calcula que una de cada cuatro personas sufre dolor crónico en España. Para conocer qué le duele a la población, La Voz salió a la calle. La pregunta era sencilla: «¿A usted, qué le duele?». Y la mayoría de las respuestas tenían que ver con el sistema musculoesquelético. El «me duelen los huesos» es una respuesta bastante inespecífica, casi folclórica, que trasladamos a los profesionales. A Genaro Graña, reumatólogo en el Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac), no le cogió por sorpresa. «Sales a la calle en Galicia, en invierno, ¿qué te van a decir?». Tal vez solo era un empujón para este reportaje. Pero ¿qué se esconde detrás del dolor de huesos? «En sí, no es una enfermedad, es un síntoma. Y entender de dónde viene es el primer paso para tratarlo bien y evitar un sufrimiento innecesario», avanza Marcos Paulino, presidente de la Sociedad Española de Reumatología (SER). ¿Es posible prevenirlo?

«Se deben diferenciar dos situaciones», avanza Xoán Miguéns, coordinador del Grupo de Trabajo de Locomotor de la Sociedad Española del Dolor (SED). Una englobaría lo que se conoce como dolor crónico intermitente. «Aquel que aparece y desaparece en función de factores ambientales o externos, o incluso en función de la propia evolución del proceso que lo genera». A este se le suman otros de origen musculoesquelético que «son persistentes o permanentes» y que se mantienen constantes en el tiempo. «Pueden tener oscilaciones, épocas de mayor intensidad, pero son personas que se levantan y se acuestan con dolor». Uno común es el lumbar. Aunque el 70 % de la población lo padece en algún momento de su vida, en palabras de Miguéns, «entre un 15 y un 20 %, que es una auténtica barbaridad en medicina, porque la cifra es alta, es crónico»

Dolor inflamatorio, diferente del degenerativo

El dolor degenerativo es diferente del inflamatorio, pero ambos pueden englobarse en la popular frase «me duelen los huesos». El primero es aquel que tiene que ver con el desgaste, es mecánico. «Se caracteriza porque duele más si yo peso mucho, si hago una actividad muy vigorosa, y suele mejorar con el reposo», comenta Miguéns. Y ahí está la trampa, «porque está demostrado que es importante mantener cierto grado de ejercicio para ganar salud articular y musculoesquelética», amplía.

En cambio, el dolor inflamatorio presenta una rigidez matutina y mejora con el movimiento. El miembro de la SED, añade: «Curiosamente, se hace más intenso de noche. Aquellos que hayan sufrido un dolor de hombro, que suele darse por una inflamación en uno de los tendones de esa articulación, sabrá que es imposible dormir si uno no está sentado porque el tendón, en el momento en el que reposa, pierde sus cualidades elásticas y, si se enfría, ahí es cuando duele más».

El dolor como síntoma principal de las enfermedades reumáticas

«Cualquier patología reumática puede producir ‘’dolor de huesos’’, que puede ser también de músculos, ligamentos y tendones, aunque la persona lo siente como de su esqueleto», indica Paulino. Si bien, matiza que «una de cada cuatro personas sufre una enfermedad reumática en España; existen más de 200 distintas, habría que ver cuál de ellas es la que está produciendo dolor a ese individuo».

La más frecuente es la artrosis, sobre todo, en personas mayores. «Con respecto a esta patología suelen haber muchas estadísticas, más del 40 % de los mayores de 65 años tiene algún signo artrósico en su esqueleto que le va a dar dolores más o menos intermitentes, de características mecánicas», sostiene Graña. Por lo tanto, el dolor que produce es mécanico y empeora con el movimiento y el esfuerzo.

Esta enfermedad reumática debe diferenciarse de la artritis, porque no son lo mismo. «La artrosis es un proceso más de desaste, de degeneración producida por el paso de los años. Aunque también la hay que puede tener un componente hereditario, por ejemplo, en las manos: gente que tiene los dedos deformados y torcidos, pero al igual que sus padres, que también la padecían», explica el presidente de la SER. En cambio, la artritis tiene una base inmunológica: «Nuestro sistema de defensivo se altera, por un motivo que se desconoce, y empieza a atacar a nuestras articulaciones porque piensa que son un agente extraño; provocando inflamación». Limita la calidad de vida del paciente y requiere un tratamiento que «regule ese sistema inmunológico». 

Así, «el 99 % de las personas que acuden a nuestras consultas lo hacen con dolor», confirma Paulino. Con una excepción: la osteporosis. «En este caso, los síntomas son pequeñas fisuras o fracturas por sobrecarga. Es una enfermedad que afecta a tres millones de personas en España, pero es silenciosa, no duele. A no ser que cojas una garrafa de cinco litros y se dañe una vertebra, por ejemplo», amplía. 

El lupus y la fibromialgia 

El dolor que provocan enfermedades autoinmunes sistémicas como el lupus o la fibromialgia no tienen nada que ver con los mencionados anteriormente. No se engloban en la frase «me duelen los huesos», pero sí podrían llegar a hacerlo en otra como «me duele el cuerpo». 

«El lupus es el paradigma de la enfermedad autoinmune sistémica, que se produce por una alteración del sistema inmunológico tan potente que produce lesiones a nivel articular, pero también a nivel de la piel, de los riñones, la pleura, el pulmón o incluso el cerebro. Es decir, es una enfermedad potencialmente muy agresiva que está producida, generalmente, por unos anticuerpos, unas proteínas que generan nuestro sistema inmunológico y que nos atacan», explica Paulino. 

Mientras que la fibromialgia —cuya incidencia es mayor en mujeres, al igual que el lupus—, «no existe ese perfil tan claro de tipo autoinmune»: «Se produce por una alteración de las vías de percepción del dolor, lo que se conoce como desensibilización, de manera que el paciente lo sufre desde la punta del pelo a las uñas de los pies; y los tratamientos, los analgésicos tradicionales, no suelen ser eficaces», añade el presidente de la SER.

Los jóvenes no están exentos del dolor de huesos

El dolor no tiene edad, si bien cuantos más años, más papeletas hay de padecerlo. «Los jóvenes también padecen patologías reumáticas. Afortunadamente son poco frecuentes y la mayoría cumple criterios de enfermedades raras, pero las hay. Debutan en la edad pediátrica e incluso en niños pequeños», asegura Graña.

En franjas de edad jovénes, existe una enfermedad reumática que resulta más prevalente en ellos: la artritis idiopática juvenil —también conocida como crónica juvenil—. «Uno de cada mil niños la tiene», remarca Paulino. Afecta a menores de 16 años, causando dolor, rigidez, hinchazón y pérdida de movimiento en articulaciones. Además, el lupus y la esclerodermia —enfermedad autoinmune crónica poco frecuente que causa inflamación, engrosamiento y endurecimiento de la piel y, a menudo, de órganos internos— también afectan a adultos jóvenes. 

La prevención

Prevenir o mejorar el dolor crónico es posible. La primera medida tiene que ver con el peso corporal. «Si yo tengo sobrepeso, mis rodillas y espalda van a estar sobrecargadas; eso tiene un impacto directo sobre mis articulaciones. Además, genera un estado inflamatorio de bajo grado: el tejido adiposo es metabólicamente activo y genera esa situación», indica Miguéns.

Asimismo, existe un mito frecuente que conviene desmontar: si me duele, no debo moverme. «Grave error, porque además durante muchos años se aconsejó el reposo. Ahora mismo, las recomendaciones no van por ahí, sino todo lo contario. El movimiento tiene que ser parte del tratamiento. Todo el mundo tiene que hacer ejercicio físico, mejor supervisado y multicomponente, que tiene que incluir de fuerza y resistencia, con carga moderada, aeróbico y de equilibrio, para evitar caídas», asegura Graña.

«Y si tenemos episodios de dolor agudo, realizar un tratamiento adecuado. Vivimos en una cultura social en la que parece que sufrir forma parte de la vida, pero eso debemos olvidarlo. Esto empeora el pronóstico, retarda la recuperación, perdemos calidad de vida y repercute en otros aspectos de nuestra salud: aumenta la frecuencia cardíaca, la presión arterial y dificulta el sueño», concluye el miembro de la SED.

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.