Muthiah Vaduganathan, cardiólogo: «Las mujeres presentan síntomas que a menudo se pasan por alto en enfermedades cardiovasculares»
ENFERMEDADES
El experto explica por qué la enfermedad renal y la insuficiencia cardíaca se benefician de los mismos tratamientos
06 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Los riñones y el corazón se han entendido tradicionalmente como entidades separadas, con especialidades correspondientes para cada una de ellas en el ámbito de la atención médica. Pero cada vez hay más señales que evidencian la relación estrecha entre ambos órganos, ya prácticamente imposible de ignorar. Tanto es así, que patologías como la insuficiencia cardíaca y la enfermedad renal crónica comparten una proporción significativa de factores de riesgo e incluso suelen presentarse de manera conjunta en el mismo paciente. Esto ha llevado a expertos como el cardiólogo Muthiah Vaduganathan a concluir que un tratamiento adecuado para una de ambas enfermedades podría ser beneficioso también para la otra. Es el caso de terapias como la finerenona. En el marco del Bayer Pharma Media Day, que se celebró en Berlín, La Voz de la Salud conversó con el experto, codirector del Center for Cardiometabolic Implementation Science en el Brigham and Women’s Hospital y profesor en la Harvard Medical School. Él, junto con el doctor en Ingeniería Biomédica y Líder de Asuntos Médicos Globales en Insuficiencia Cardíaca de Bayer, Lucas Hofmeister, analiza la estrecha relación entre el corazón y los riñones, los retos en el diagnóstico y el futuro del tratamiento conjunto de ambas enfermedades.
—¿Cuál es la relación entre la enfermedad cardíaca y los riñones? ¿Cómo influye la función renal en la progresión de la enfermedad cardíaca?
—Muthiah Vaduganathan: La insuficiencia cardíaca, especialmente cuando el corazón no se llena o no bombea adecuadamente, reduce el flujo de sangre que llega a los riñones. Cuando los riñones detectan esa disminución, liberan sustancias al torrente sanguíneo que actúan como señales de alerta para el corazón, que indican que algo no va bien. En esta situación, pierden la capacidad de eliminar correctamente líquidos, agua y sal, lo que provoca una retención. Esto genera un círculo vicioso en el que corazón y riñones comienzan a fallar de manera conjunta, empeorando uno el funcionamiento del otro. Se genera una acumulación de líquido y una congestión, lo que a menudo lleva a hospitalizaciones, de hecho, es una de las complicaciones más importantes de la insuficiencia cardíaca y la principal causa de ingreso hospitalario en personas mayores en todo el mundo.
—Lucas Hofmeister: También vemos esta conexión a nivel epidemiológico, ya que más del 40 % de los pacientes con insuficiencia cardíaca tienen enfermedad renal crónica, y viceversa. Ambas comparten factores de riesgo como lo son la obesidad, el tabaquismo, una mala alimentación o el consumo de alcohol, e incluso los tratamientos para ambas son cada vez más similares.
—Existe un gran volumen de pacientes con necesidades no cubiertas y síntomas que a veces se pasan por alto. ¿Dónde está fallando el enfoque actual?
—M. V.: Muchos pacientes son mayores y tienen también otras enfermedades, por lo que síntomas como la falta de aire, la hinchazón en las piernas o la fatiga muchas veces a nivel clínico se atribuyen simplemente al envejecimiento. Es fundamental que los médicos reconozcan estos signos y utilicen herramientas diagnósticas tempranas, como los biomarcadores, es decir, los péptidos natriuréticos, o pruebas de imagen como la ecocardiografía, que permiten evaluar la estructura y función del corazón y estimar la presión interna causada por el exceso de líquido.
—¿Hay poblaciones especialmente vulnerables a sufrir esta dupla de enfermedades?
—M. V.: Sí. Las personas con acceso limitado a la atención sanitaria, por ejemplo en zonas rurales, tienen más riesgo de quedar fuera del circuito diagnóstico, lo que agrava su cuadro. También existen desigualdades raciales, socioeconómicas y étnicas en muchos países. Y, en general, las mujeres presentan síntomas que a menudo se pasan por alto en enfermedades cardiovasculares.
—¿Eso se debe a que los síntomas son diferentes en mujeres o a una falta de atención a estas pacientes por parte del sistema sanitario?
—M. V.: Es una combinación de ambas. Las manifestaciones pueden variar ligeramente y las mujeres describen los síntomas de forma distinta a los hombres, incluso con la misma gravedad. Pero también existe un sesgo clínico y a menudo se infradiagnostica o se trata menos eficazmente la enfermedad cardíaca en mujeres.
—¿Cómo suelen describir sus síntomas unas y otros?
—M. V.: Las mujeres suelen presentar más dificultad respiratoria que los hombres, pero a menudo esto se interpreta erróneamente como ansiedad o ataques de pánico, lo que retrasa el diagnóstico correcto.
—¿Cómo ha cambiado la investigación el panorama de estas enfermedades?
—M. V.: En estos momentos estamos en una especie de renacimiento a nivel terapéutico. En la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada, una de las formas más frecuentes de la patología, antes había muy pocas opciones, y ahora contamos con varios tratamientos eficaces. Lo interesante es que muchas de las terapias que funcionan para el corazón también funcionan para el riñón, lo que sugiere que ambas enfermedades comparten una base biológica común.
—L. H.: Durante años, el tratamiento principal eran los diuréticos para aliviar la congestión en el miocardio, pero estos tratamientos no actuaban sobre la causa, por lo que en definitiva no modificaban el pronóstico. Hoy estamos avanzando hacia terapias que actúan sobre las causas, no solo sobre los síntomas.
—¿Estos nuevos fármacos están mejorando la supervivencia?
—M. V.: En ensayos clínicos han demostrado mejorar la supervivencia libre de eventos, lo que supone vivir más tiempo sin hospitalizaciones. El reto ahora es implementar estos tratamientos de forma precoz y generalizada en la práctica clínica para lograr esos mismos beneficios a nivel poblacional.
—¿Qué papel juega el diagnóstico precoz?
—M. V.: Aún existen grandes lagunas. Hemos avanzado mucho en la última década, pero a medida que aumenta la concienciación, detectamos más casos. Debemos no solo diagnosticar a quienes aún no han sido identificados, sino hacerlo en fases más tempranas de la enfermedad.
—Muchos pacientes toman múltiples medicamentos por otras patologías. ¿Esto afecta a la eficacia de los tratamientos?
—M. V.: Es cierto que estos pacientes suelen tener polimedicación, muchas veces nos encontramos con individuos que están tomando diez a quince fármacos, la mayoría no relacionados con el corazón o el riñón. Pero se ha visto que añadir tratamientos basados en la evidencia sigue siendo seguro y eficaz. No solo eso, sino que además, algunos de estos nuevos fármacos permiten reducir la dosis o incluso retirar otros medicamentos al mejorar parámetros como la presión arterial, la glucosa o el peso corporal.
—¿Cómo actúan estos nuevos tratamientos?
—M. V.: Algunos influyen directamente en el equilibrio del sodio y el agua en el organismo, lo que a su vez permite reducir el peso corporal. Otros actúan sobre receptores hormonales implicados en la regulación de la presión arterial, lo que también ayuda a controlarla.
—¿Hacia dónde va el futuro en el tratamiento conjunto del corazón y el riñón?
—M. V.: Idealmente, estos campos seguirán convergiendo. Creo que siempre será necesario que existan ambas especialidades, la cardiología y la nefrología, para abordar enfermedades específicas, pero la mayoría de las patologías frecuentes del corazón y el riñón se solapan y requieren un enfoque conjunto.
—L. H.: También debemos tener en cuenta la escasez de especialistas en muchas regiones. Por eso será clave formar en estos temas a médicos de atención primaria y medicina interna, que son quienes ven a estos pacientes antes y con más frecuencia que nosotros. La intervención precoz es fundamental para prevenir complicaciones que requieren hospitalizaciones.