María Alonso es sorda: «A la hora de dar un parte por un siniestro de tráfico, ¿cómo llamo yo al seguro?»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Jorge García

La presidenta de la Federación de Asociacións de Persoas Xordas de Galicia (Faxpg) expone algunas barreras con las que se encuentra en su día a día como persona no oyente; esta misma semana se aprobó un Real Decreto por el se establecen los diplomas de lengua de signos española

13 abr 2026 . Actualizado a las 13:56 h.

María Alonso tiene 42 años y no escucha absolutamente nada desde que nació. «Soy una persona sorda profunda», dice en lengua de signos, el único recurso que utiliza para comunicarse. «Puedo expresarme un poco en lengua oral, pero no con toda la perfección porque, al no tener apoyo auditivo, resulta complicado. Solo pronuncio algunas palabras». Esta misma semana se publicaba el Real Decreto por el que se establecen los diplomas de lengua de signos española, situándola en un plano de equivalencia con el resto de lenguas del Estado y reafirmando su estatus de idioma de pleno derecho. María defiende que todos podríamos tener «unas nociones básicas» y así eliminar todas las barreras que las personas sordas como ella viven en su día a día.

Su historia

María tiene dos hijos y tanto ellos como su marido también son personas sordas, pero sus padres son oyentes. «Tuvieron una hija antes que yo, mi hermana. Nos sorprendió mucho que ella fuera la primera sorda en la familia. Pensábamos que yo, como segunda, podría oír, pero no fue así». Desconocían la procedencia hasta que, «pasado un tiempo, descubrimos que teníamos un familiar lejano que tenía discapacidad auditiva». Cuando María decidió casarse y tener hijos, ella y su marido pidieron las pruebas para ver si la sordera era de verdad una cuestión hereditaria. «Nos confirmaron que sí. Entendemos que esto viene de familiares ascendentes y lo vamos transmitiendo de generación a generación».

A María, tener una hermana mayor que también es sorda le ha ayudado a sobrellevar situaciones. «Nos llevamos seis años y es cierto que ella ha sido un gran apoyo desde que era pequeña. Ella me hacía entender el mundo. Incluso a la hora de dirigirme a mi propia madre, que no la entendía, ella hacía un poco ese papel». Hasta que llegó un momento en el que su hermana le empujó a dar el paso. «Ahora tenemos una comunicación fluida toda la familia, pero al principio sí que mi referente era ella, más que mi madre».

Cuando María era pequeña, no había intérpretes de lengua de signos. «Estaba en un centro ordinario en integración y era la única alumna sorda», comenta. «De hecho, cuando estás en el aula, llega un momento en el que tu cabeza hace clic y piensas: no puedo seguir el ritmo de mis compañeros, no puedo tomar apuntes. Empiezo a ver limitaciones y a hacerme preguntas como por qué no puedo hacer lo mismo que el resto y me genera frustración».

Aunque ella veía a sus compañeros como iguales, tenía dificultades para comunicarse con el profesor y seguir el ritmo. Tuvo que hacer un sobreesfuerzo y asistir a clases de apoyo. «Muchas veces, los niños, al terminar su horario escolar, se iban a jugar, pero en mi caso tenía que irme a casa con un profesor particular para seguir ampliando la jornada lectiva. Incluso iba a atención logopédica. Al final me pasaba el día entre cuatro paredes para poder llegar al nivel del resto de mis compañeros», cuenta. Algo que, para una niña pequeña, «siempre es duro».

«No obstante, si vuelvo la mirada atrás, en cierto modo sí que quiero agradecer ese sobreesfuerzo porque ahora me doy cuenta de que sí que hay que luchar por los recursos». María dice verlo en sus propios hijos: «Son también dos niños sordos y es verdad que, en comparación a mi época, disponen de más posibilidades. Me gustaría poner la mirada en el futuro y que, de alguna manera, se cuente con todos los recursos para normalizar esa escolarización de todos los niños sordos: que reciban por igual el acceso a la educación».

Las barreras 

Cuando María necesita ir al médico, pueden darse dos circunstancias distintas. «Si es sorpresivo, que de repente te duele algo, tienes que acudir al centro sin reservar un intérprete». Reconoce que con su médico de atención primaria se suele entender muy bien. «Podemos llegar a utilizar recursos como el intercambio de notas escritas». Si se trata de una cuestión más compleja, empiezan las dificultades. «En mi caso, no ha sucedido y cruzo los dedos para que así siga siendo», dice. Pero añade una anécdota que vivió con sus hijos para poner cierto contexto: «Mis niños tienen implantes cocleares. Un día, en el hospital, me entregaron una documentación para hacer una resonancia magnética para comprobar si eran aptos. El caso es que, a la hora de pedir cita para esa prueba, me dijeron que tenía que llamar yo por teléfono. Le respondí: ‘‘Pero disculpe, ¿cómo voy a llamar yo si soy una persona sorda? Es más que evidente que estoy signando’’». María lamenta que desde la administración se le sugirió que pidiese ayuda a una amiga o un vecino. «Le contesté que en mi casa todos éramos personas sordas y le solicité si podía hacerlo ella. Acabamos en una pequeña discusión». Fue ahí cuando apareció una tercera persona que se dispuso a resolver el problema: «Llamó y no le llevó ni un minuto. Se lo agradecí un montón».

Existen otras situaciones en las que personas como María son derivadas a un servicio telefónico. «Una vez, perdí la tarjeta bancaria y me dijeron que debía solucionarlo vía llamada. ¿Cómo va ser el único sistema que tienen para abordar este tipo de problemas? Al igual que si tienes un accidente de tráfico. ¿Cómo llamo al seguro o le doy parte de un siniestro? Son tantas situaciones...». María hace un llamamiento a la sociedad y defiende su autonomía, sin tener que depender de terceras personas. «En este sentido, desde la federación tenemos un recurso muy bueno que es la vídeo-interpretación. La solución, el recurso, existe, solo hay que darle uso».

Reconoce que, en el ámbito sanitario, tanto en las urgencias como en los PAC disponen de servicio de interpretación para atender urgencias. «También tenemos este sistema de interpretación en la atención a la ciudadanía en ayuntamientos. Lo que queremos es ir extendiendo este recurso de valor para fomentar precisamente esa autonomía del colectivo», amplía.

María signando la palabra «derecho» con su mano.
María signando la palabra «derecho» con su mano. MARCOS MÍGUEZ

Lengua de Signos Española

En los últimos días se aprobó un Real Decreto por el se establecen los diplomas de lengua de signos española, fortaleciendo el reconocimiento institucional y situándola en equivalencia con el resto de lenguas del Estado. La medida responde a una reivindicación histórica del movimiento asociativo.

El ámbito laboral

María ocupó varios puestos laborales, donde tuvo «experiencias buenas y malas». Narra una de las primeras. «Estuve trabajando en una empresa de Madrid hace muchos años, en un entorno de oficinas», empieza relatando. Sus compañeros la invitaron a una cena de empresa. «Todos se comunicaban en lengua oral, entre compañeros oyentes, y yo estaba sola, callada y tampoco quería decir que me prestaran atención; entiendo que la mayoría lo hacían de forma inconsciente, pero me dolió un poco». En consecuencia, declinó ir a una segunda cena. «Ellos me preguntaron por qué no y yo no les quería desvelar el motivo porque no quería ser una molestia para ellos. Al final, les acabé confesando que era porque no los entendía». Fue ahí cuando sus compañeros le pidieron por favor que volviese, y lo hizo. «Fue una atención maravillosa, me sentí muy agradecida por la empatía y el apoyo. Me marcó y me gusta contarlo para que sirva de ejemplo». El mayor reto para las personas como ella, dice, es la accesibilidad plena. «Tener una vida normal es a lo que aspiramos. Eso significaría que yo no tuviera que ser presidenta de la Federación de Asociacións de Persoas Xordas de Galicia», remarca.

Cinthya Martínez Lorenzo
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Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.