Randa El-Akouri, pionera del trasplante de útero: «Esta operación es como si la receptora tomase el órgano prestado»

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Randa El-Akouri, pionera del trasplante de útero.
Randa El-Akouri, pionera del trasplante de útero.

La ginecóloga y obstetra sueca analiza las líneas de futuro de este tipo de intervención, que se revierte pasados unos años, y vaticina que ayudará cada vez a más mujeres

04 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El número veinte es sinónimo de éxito para la profesora Randa El-Akouri, la ginecóloga y obstetra responsable de lo que algunos describen como un milagro médico: el trasplante de útero. Veinte son los niños que han nacido gracias a este procedimiento en Suecia, que cada vez se vuelve más preciso. La profesora e investigadora de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) y facultativa del Hospital Universitario Sahlgrenska tenía muy claro el objetivo cuando comenzó el proyecto en 1999: conseguir que mujeres sin útero tuviesen un hijo. La última semana de abril visitó Barcelona, en el marco del congreso internacional Ebart 2026, organizado por Eugin Group. 

—Su equipo logró el primer nacimiento tras un trasplante de útero. ¿Cómo recuerda ese momento en el que se dan cuenta de que lo consiguieron con final feliz?

—Fue en el 2014, cuando el primer bebé nació. Fue, por supuesto, un momento de felicidad, aunque al mismo tiempo teníamos un poco de miedo, hasta que el bebé salió y estábamos seguros de que todo había ido bien. Todo el equipo se acuerda de ese momento. Desde entonces, en Suecia, ha habido veinte nacimientos gracias al trasplante.

—¿Cuál es la parte más difícil?

—La cirugía del donante. Es un proceso muy delicado, porque necesitamos tocar vasos sanguíneos muy delicados y muy largos, además. Son vasos uterinos. Nosotros sacamos más vasos que no solamente están en el útero hasta llegar a la ilíaca interna. Y ahí tenemos los uréteres. Así que tenemos que hacer una cirugía muy delicada para no dañar nada. Esta disección alrededor de las arterias uterinas y los uréteres tarda mucho tiempo, y claro, también tenemos que tener en cuenta todo el sistema vascular que tocamos.

—¿Cuánto tiempo estuvieron en el quirófano el día de ese primer trasplante?

—Para el donante estuvimos alrededor de doce horas. Y para el receptor, entre seis y ocho horas. La primera cirugía duró alrededor entre doce y catorce horas, seguidas de seis a ocho para la receptora. Con el paso del tiempo y la formación adecuada, este tiempo se ha reducido un poquito. Ahora, nos puede llevar de diez a doce para sacar el útero y de cuatro a seis horas para trasplantarlo.

—¿Sigue siendo necesario que el útero venga de una donante viva?

—No, no es necesario. Ha habido algunas donantes fallecidas y el trasplante se ha podido hacer bien. Así que la donante puede estar tanto viva como muerta, solo que hay algunas cosas que pueden ser postivas si la donante está viva. Por ejemplo, se puede seguir su evolución para tomar más muestras, para hacer futuras investigaciones, algo imposible cuando la donante ha fallecido. Además, que tenemos otra opción: el útero donado debería haber vivido un embarazo para mostrar que funciona, que es un útero funcional, y también nos permite hacer ciertos estudios antes de sacarlo. Esto, de nuevo, con donantes fallecidos no se puede hacer.

—¿El útero, después del nacimiento del bebé, se queda dentro de la persona que lo recibe o se extrae pasados los años?

—No. Lo sacamos después del parto, cuando ha tenido un hijo o dos hijos no hace falta mantener ese útero. Al final, durante el período del trasplante, recibe inmunosupresores. Pero cuando ya no lo necesita, lo retiramos y detenemos la medicación. De hecho, por eso lo hacemos. Es como si la receptora lo tomase prestado, como una incubadora durante un período de su vida.

—Le voy a poner varios ejemplos de trasplante. Tenemos el cardíaco, el de pulmones o el de riñón. ¿Usted diría que el de útero es más difícil que todos estos?

—Sí, creo que sí. Tarda más tiempo. Incluye muchos pasos que hay que tener en cuenta. Es más, en nuestro equipo tenemos cirujanos que hacen corazón, hígado, riñón, y siempre nos dicen que nunca habían estado tan profundamente en la pelvis como a lo que llegamos nosotros, durante este proceso de obtención del útero.

—¿A qué mujeres ayuda este trasplante?

—Tenemos diferentes pacientes. Algunas tienen útero cuando nacen, pero se elimina debido a algunas enfermedades, por ejemplo, cáncer, neumiómica, adherencias, heridas o hemorragias posparto. De hecho, el bebé puede fallecer debido a esta hemorragia. También tenemos casos de malformaciones; y pacientes que nacen sin útero. Aquí está el síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser, un trastorno congénito del aparato reproductor femenino, cuya consecuencia es que las afectadas nacen sin útero ni trompas de Falopio, aunque sí tienen ovarios. Sin embargo, no pueden ser madres biológicamente, por eso han sido las principales pacientes que reciben un trasplante de útero. Representan más del 80 % del total, porque estamos hablando de 4.800 bebés nacidos de madres que tienen este síndrome.

—¿Cree que en el futuro tendrán un abanico más amplio de pacientes?

—Sí, creo que sí. Hemos hecho investigaciones y hemos elegido cuidadosamente a nuestras pacientes. Se ha trabajado mucho con las afectadas por el síndrome de Rokitansky, pero se empieza a ayudar a otros.

—¿Cuá cree que puede ser el camino que seguirá este trasplante en el futuro?

—El profesor Mats Brännström habló, durante el congreso, de un útero creado con bioingeniería. Esto puede ser una realidad que ayude a que las mujeres mantengan su útero durante toda su vida, porque no necesitarán inmunosupresores. Podrán tener más de uno o dos niños. Nosotros lo extraemos después de cinco años, ya que sabemos que pasado este tipo pueden surgir efectos secundarios de la medicación. En segundo lugar, es ver si podemos reutilizar el útero en otro paciente, porque una de las dificultades que tenemos y que hemos visto es que es un poco difícil encontrar a una donante adecuada. Hay muchos pasos a seguir antes de ser aceptadas. Y el tercer camino será la cirugía robótica. Hemos realizado pruebas robóticas para sacar el útero, para reducir el tiempo de cirugía. Y creo que también tendremos disponible la laparoscopia como procedimiento quirúrgico. Tal vez podríamos ver otros vasos que se pudieran trasplantar, para hacer las conexiones adecuadas y conseguir que el procedimiento fuera más fácil tanto en la extracción como en el trasplante. Estamos hablando de un desarrollo de la técnica.

—¿Le escriben muchas mujeres para pedirle ayuda?

—Sí. De todo el mundo.

—¿Es complicado decir que no?

—Lo es. Nosotros nos interesamos por su situación, si tiene un donante y qué posibilidades tiene. Pero sí que me pone triste cuando ni siquiera le puedo dar el contacto de otro médico. Antes de hacer toda nuestra investigación en Suecia, los procedimientos eran privados. Pero hoy en día es una operación pública. Esto ha abierto las puertas para que otras mujeres, fuera de Suecia y de Escandinavia, puedan acceder y realizar esta cirugía. Y esto es una gran esperanza, porque en otros países principalmente hacen investigación y es difícil remitir a estas pacientes, a estas personas que te escriben y diciendo, por favor, ayúdeme.

—Cuando empezó su carrera, ¿pensaba en algún momento que llegaría a trasplantar un útero.

—No. Para nada. Cuando empecé mi carrera, me gustó la idea de hacer esta investigación y de poder ayudar a otras mujeres a ser madres. Yo creía en esto desde el primer día. Y estoy encantada de ver dónde nos encontramos hoy en día. Empezamos con cirugía de útero con ratones en 1998. Cuando tuvimos éxito con los roedores, las puertas se nos abrieron y comenzamos a trabajar con módulos animales mayores, hasta el 2002, que nos iniciamos con los seres humanos. Es fantástico estar en este equipo desde el principio hasta la fecha actual, viendo cómo esto ha aumentado, cómo ha crecido. Hay equipos que vienen a vernos a Suecia, nuestro equipo también va al extranjero. Hemos intentado crear distintos centros en el mundo para que puedan hacer este tipo de operaciones y dar opciones a estas pacientes.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.