El camino para eliminar la hepatitis C llega a su meta: «Antaño, los pacientes representaban el 50 % de la lista de trasplantados, hemos pasado al 0 %»
ENFERMEDADES
España está a punto de alcanzar el objetivo que la Organización Mundial de la Salud propuso para el año 2030
08 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.«El cierre de la unidad de Hepáticas Víricas del hospital Clínic, en el 2022, fue una buena noticia». Quien habla es el doctor Xavier Forns, hepatólogo de la institución catalana y vicepresidente de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH). Pocas veces puede decirse que la clausura de un espacio destinado a tratar una enfermedad es bueno, salvo, como sucede en este caso, una excepción: que muera de éxito. «Las unidades son estructuras que se utilizan para coordinar una asistencia compleja. Antaño, el 50 % de la lista de trasplantados en España eran pacientes de hepatitis C. Hemos pasado del 50 % al 0 %. Teníamos mucho trabajo, pero después de curar a todos los afectados, el volumen empezó a no ser suficiente como para tener abierta la unidad», explica el doctor Forns.
El experto define la hepatitis C como uno de los mejores ejemplos de lo que puede conseguir un sistema sanitario cuando alinea evidencia científica, decisión política y trabajo clínico coordinado. Y habla con conocimiento de causa. España está a punto de eliminar la hepatitis C, un hito que sitúa al país en la vanguardia internacional de la lucha contra esta infección, cuya prevalencia activa fue del 0,14 % en el 2025. En otras palabras, en la actualidad, hay unas 54.500 personas con la infección activa. Cifras que casi alcanzan lo propuesto por la OMS para el 2030.
«La palabra eliminación se refiere a una reducción de los casos que hace que los niveles de la enfermedad sean poco relevantes desde el punto de vista sanitario», precisa el hepatólogo catalán, quien insiste en que no es lo mismo que erradicar, aunque tenga igual importancia. «Es una enfermedad que tenía un impacto muy grande tanto en la población mundial, como en España, con una prevalencia del 2 al 2,5 %», cuenta. Esto significa que, en una sala de hospitalización de patología de hígado digestivo, «la gran mayoría de pacientes ingresados tenían una cirrosis por hepatitis C». Ahora, la situación es distinta. Si bien puede quedar algún paciente que desarrolle cáncer de hígado a pesar de haber curado la infección, «porque el hígado ya tenía lesiones», es difícil encontrarse con uno en listas de espera de trasplante.
Todo comenzó en el 2015, con la puesta en marcha del Plan Estratégico para el Abordaje de la Hepatitis C (Peach). Desde entonces, y hasta finales del 2024 (los últimos datos disponibles) se han administrado tratamientos con antivirales de acción directa a 172.414 personas, con una tasa de curación que supera el 94 %. Estos tratamientos han cambiado, para siempre, el abordaje clínico de la enfermedad, su pronóstico y la circulación del virus. «En el plan de eliminación hubo un trabajo conjunto muy importante de Estado y de autonomía, de los profesionales sanitarios y de las asociaciones de pacientes, y eso hizo que nos pusiéramos las pilas», recuerda el especialista. Y ya se consiguiese a pilas o a batería, una amplia mayoría de los afectados por esta infección se curó.
Las hepatitis son inflamaciones del hígado causadas por distintos tipos de virus. Así, se da el nombre a la A, B, C, D y E. «Las podemos dividir en dos grupos: las que se transmiten por alimentos o por vía fecal oral, que serían la A, la D y la E. Y las de transmisión percutánea, por sangre, o por transmisión sexual, que serían las hepatitis B y C». Para la tipo A existe, además, vacuna, aunque no se administra en todas las comunidades autónomas.
La B y la C tienen una particularidad importante, que se pueden cronificar. «Esto era algo de peso en la hepatitis C, porque de cien pacientes que la cogían, ya fuese por relaciones sexuales promiscuas, por inyección de drogas o por transfusión de sangre en los años noventa —cuando se hacían mucho más que ahora y el virus era desconocido, por lo que no se podría cribar— tres cuartas partes evolucionaban a cronicidad», precisa el experto. El agente permanecía en el cuerpo y al cabo de los años, la persona sufría una inflamación persistente que acababa en cirrosis o, en el peor de los casos, un cáncer de hígado.
La llegada de los antivirales de acción directa llegaron para darle la vuelta a la tortilla. La duración del tratamiento oscila entre las 12 y las 24 semanas, incluso, en ciertos pacientes, se puede reducir a ocho. Tienen una efectividad del 94 % y suponen la curación total. «Solo que, en pacientes que llevan muchos años con la infección y tienen lesiones hepáticas como la cirrosis, en ocasiones puede desaparecer y en otras no. Pero la infección está curada», cuenta. Sin embargo, a todos aquellos con lesiones hepáticas, se les siguen realizando controles mediante ecografías cada seis meses, «ya que siguen teniendo riesgo de cáncer hepático y lo mejor es diagnosticarlo en fases tempranas, cuando es tratable y curable», precisa.
El fin de la batalla contra la hepatitis C
Los retos, ahora, se articulan en torno a un objetivo: dar con los pacientes que no están diagnosticados. «La enfermedad es asintomática muchas veces». En ocasiones, el paciente está cansado, su médico de cabecera le pide un análisis de sangre, y en los resultados se ve que las transaminasas están elevadas. Al hacer el cribado, es positivo. En las consultas de Hepatología, los profesionales van viendo un goteo de pacientes.
Desde la AEEH, precisan que hay más posibilidades de tener hepatitis C en caso de consumir drogas por vía intravenosa o inhalada, tener entre 40 y 70 años de edad, mantener relaciones sexuales sin protección con una persona infectada, haberse hecho un tatuaje o un piercing con material sin esterilizar, haber recibido transfusiones de sangre o intervenciones quirúrgicas anteriores a 1992, o en caso de compartir material de higiene personal que pueda tener restos de sangre, como una cuchilla e afeitar o un cepillo de dientes.
«En centros de reducción de daños de España hay muchísimas iniciativas que están diagnosticando y haciendo campañas de concienciación sobre las hepatitis», destaca el experto. Esto no solo es relevante para dar con los pacientes que falta por detectar, sino también, porque enseñan que la infección por tipo C no da inmunidad protectiva, es decir, que una persona se puede volver a contagiar aunque se haya curado.