Cristina Barbagelata, internista: «Hay gente de 55 años que no sabe que tiene la tensión o el colesterol alto»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Cristina Barbagelata, internista del Chuac.
Cristina Barbagelata, internista del Chuac. MARCOS MÍGUEZ

La especialista del Chuac explica cómo su especialidad también trabaja la prevención en consulta

07 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

A Cristina Barbagelata (Monforte de Lemos, 1973) ser médico le corre por la sangre. Su padre era internista, y su hermano es urólogo. Desde hace dos décadas, ejerce la medicina interna en el Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac), y acaba de pasar el relevo como presidenta de la Sociedade Galega de Medicina Interna. Reconoce que, desde el covid, la gente conoce mejor la labor que ella y sus compañeros hacen en su especialidad. No se le atribuye ningún órgano o enfermedad concreta, y eso, opina ella, despista.

—¿La gente le sigue preguntando qué hace un médico internista?

—Creo que en eso hemos mejorado de hace unos diez años para aquí. Posiblemente el covid, en el que los internistas participamos mucho en el manejo de estos pacientes, nos dio más a conocer. La gente relaciona a cada especialidad con el órgano o patología que lleva, pero el internista tiene un atención global al paciente enfermo, que no tiene una especificidad de órgano, sino que atiende a la persona en su conjunto, y esto descoloca un poco. Nosotros somos los médicos de todos los órganos. Hacemos una integración de todas las enfermedades para ajustar el tratamiento a cada paciente, para que esa decisión le aporte un beneficio real en su salud global. También es verdad que tenemos nuestras áreas específicas, como pueden ser las enfermedades infecciosas, las minoritarias, enfermedades de difícil diagnóstico, también los cuidados paliativos, la atención al paciente crónico, complejo, y ahora también la asistencia a los pacientes quirúrgicos. Esta atención global nos lleva a movernos a donde realmente somos necesarios, y por eso en la pandemia atendimos el covid como una patología infecciosa, que padeció mucha gente.

—Su padre también era internista. Con la perspectiva que él pudo darle, ¿observa que la especialidad haya cambiado mucho en los últimos años?

—Sí, ha cambiado mucho porque el perfil de pacientes cada vez es más complejo. Por suerte vivimos muchos más años, pero con ello también tenemos que pagar el precio de que hay muchas personas que conviven con muchas enfermedades. Ni una ni dos, sino muchas. Esto ha aumentado mucho la complejidad, cuando hace treinta años era menos frecuente. Así que ha habido cambios y, por supuesto, muchos avances. Antes, lo principal era hacer una buena historia clínica, conocer muy bien sus síntomas y realizar una buena exploración física, y aunque sigue siendo lo básico, ahora podemos utilizar otras herramientas como, por ejemplo, la ecografía clínica.

Luego ha habido áreas que han crecido, como las enfermedades minoritarias, porque hace 20 o 25 años era algo desconocido, existían pero se conocían menos. En general, ha habido cambios tanto en la complejidad de los pacientes, en ciertas áreas de conocimiento e incluso en el trabajo habitual de aproximarse a un enfermo.

—Precisamente, una de las principales ocupaciones de la especialidad es el diagnóstico de enfermedades poco frecuentes.

—Sí. Al no ser un médico específico de un órgano, debemos atender al paciente en su globalidad, de forma que síntomas complejos a los que a veces no son de un órgano, son de múltiples y no se les encuentra explicación, se puedan integrar, relacionarlos y unir todos esos signos complejos, buscar conexiones entre los distintos órganos y sistemas y encajar esas piezas que no acaban de encajar en una enfermedad. Eso es parte del diagnóstico de las enfermedades minoritarias que muchas veces no dejan de ser un reto porque son muy infrecuentes, hay que estudiar mucho y conocer muchas enfermedades para pocos enfermos. Es muy difícil por un solo síntoma llegar a un diagnóstico de enfermedad minorita, hay que juntarlos todos. Por eso los internistas llevan en casi todos los hospitales las consultas de enfermedades minoritarias, muchos de estos enfermos también necesitan múltiples especialistas y el internista que lo lleva pues también ayuda a coordinar toda esa asistencia.

—Su labor me recuerda, si me permite la licencia, a la del doctor House.

—Sí, es un ejemplo que la gente entiende muy bien y es así. Las enfermedades minoritarias no dejan de ser, un poco, como el doctor House. Ahora me imagino que habrá generaciones que ya no lo recuerden, pero muchas veces, con todo el tema de las enfermedades minoritarias, los pacientes nos preguntan si somos como él y yo les digo: «Bueno, parecido».

—En uno de los congresos de la Sogami, hablaron de la trilogía del riesgo compuesta por el corazón, el riñón y el metabolismo. ¿De qué forma perjudica al paciente la relación de estos tres?

—Esto es algo que ahora en medicina está muy en boga, que es el tema del riesgo cardiovascular, el metabólico y el renal, que son la consecuencia de un grupo de enfermedades que afectan a muchos pacientes: la hipertensión, la diabetes, la obesidad, la dislipemia o el colesterol alto, el tabaco y el sedentarismo. Todo esto se une y produce un riesgo en todo el organismo que va a lo cardiovascular, a lo renal y a lo metabólico. Aunque muchos especialistas los separan, realmente, es la misma enfermedad la que lleva a estas tres situaciones de riesgo. De ahí el nombre. Nuestro objetivo es adelantarnos a que aparezcan todas estas enfermedades controlando muy bien esos factores de riesgo.

—¿El internista entra en la prevención?

—Sí, de hecho es muy importante. Cuando viene un enfermo por una neumonía y vemos que tiene todo eso mal controlado, aprovechamos que ingresa para ponerle todo en objetivos y evitar que dentro de 20 años no sufra un infarto, un ictus o tenga que entrar en diálisis. Hoy en día hay muchas estrategias.

—¿Cuáles?

—La primera: los hábitos cardiosaludables, aquí entra el ejercicio o la dieta. Ahora también hay herramientas y fármacos que han demostrado que van a producir a largo plazo un gran beneficio en esta situación de riesgo y van a reducir no solo padecer la enfermedad, sino también su mortalidad. Son enfermedades que no duelen. Es más, muchas veces, la gente ingresa por otra cosa, como una neumonía, y con 55 años, no se han enterado de que tienen la tensión alta, el colesterol alto, la glucosa en el límite o que el riñón ya está un poco tocado. Como son problemas que no suelen dar síntomas, la gente no consulta. Yo siempre les digo: «Hay que poner remedio ahora para que dentro de veinte años sigas como hoy».

Cristina Barbagelata, especialista del Chuac.
Cristina Barbagelata, especialista del Chuac. MARCOS MÍGUEZ

—¿En su especialidad llegan a percibir cómo los buenos hábitos pueden favorecer al paciente?

—Sin lugar a duda. Para cualquier proceso médico, estar en forma, hacer ejercicio, de forma regular y estar en tu peso es beneficioso. La obesidad aumenta las complicaciones quirúrgicas y posquirúrgicas. Los pacientes pluripatológicos tienen un transcurso mucho más complicado. También los que conviven con obesidad. Eso es muy importante desde el punto de vista de que si yo tengo una enfermedad y estoy sano, en mi peso, hago una buena dieta y ejercicio, aunque tenga la enfermedad, posiblemente tenga una mejor evolución y menos riesgo de complicaciones en relación a una persona con obesidad, sedentaria o que fuma. En estos últimos casos, existe más riesgo de complicaciones cardíacas, insuficiencia respiratoria y muchos otros problemas, eso desde luego. Si se da una cirugía, la obesidad, el sedentarismo y el tabaco pueden complicar el posoperatorio.

—¿Os toca mucho acompañar como parte de esa consulta de medicina interna?

—Sí, por ejemplo en el paciente crónico complejo, es muy importante. La esfera psicosocial, que estén acompañados. Nos toca acompañar muchas veces y también detectar ese desánimo que a lo mejor ha pasado desapercibido y que no ayuda. Después, a la hora de hacer actividad física, si el paciente está desanimado, le lleva a no hacer actividad física; le hace entrar en una rueda. Esto es fundamental, porque en los pacientes de edad avanzada, el movimiento es muy importante. Así que sí, nos toca acompañar y pedir a las familias que los acompañen. Los pacientes crónicos complejos, muchas veces son pacientes frágiles y pueden requerir más apoyo del que antes les llegaba. Así que nosotros también acabamos dando esa alerta de que hay que ayudarle o estar más encima de él para que haga sus ejercicios o para que coma bien.

—Una de sus líneas de especialidad es la enfermedad tromboembólica.

—Sí, son trombos que se forman en las venas, habitualmente en las piernas y que pueden llegar al pulmón. Es una enfermedad que puede ser muy grave, incluso mortal. Es la tercera causa de mortalidad de origen cardiovascular. No presenta cifras tan elevadas como, por ejemplo, el infarto, y además estas han ido mejorando en las últimas décadas, gracias al avance del diagnóstico y tratamiento. En cualquier caso, es importante destacar que sigue siendo una causa de mortalidad y de muerte súbita en pacientes jóvenes menores de 50 años. Muchas veces requiere anticoagulación a largo plazo para evitar que se repita y, precisamente, este medicación también que hay que controlarla de por vida. Es decir, si tenemos 30 años igual tenemos que empezar a hacernos una analítica por año que de otra forma no sería necesario.

—¿Por qué aparecen los trombos en las piernas?

—Aparecen en la circulación venosa, porque muchas veces, si tienes varices, se produce éxtasis venoso y eso también favorece que aparezcan los trombos, pero el tromboembolismo es una enfermedad que tiene un porcentaje genético, con desencadenantes ambientales. Es multifactorial, no tiene un solo origen y hay varias cosas que van sumando para que se produzca esa trombosis.

—Europa lleva más de un mes bajo un calor extremo. Galicia no se escapa de esta megaola de calor. ¿A quiénes se debe prestar más atención?

—Hay poblaciones más frágiles como los bebés y los ancianos, las embarazas y los pacientes que conviven con la obesidad, así como los que padecen diabetes o enfermedad cardiovascular. Además, el consumo de alcohol también puede facilitar una mayor sensibilidad al golpe de calor. Es muy importante evitar la exposición al sol durante mucho tiempo en la gente mayor o con enfermedades crónicas, así como hacer actividad física intensa en las horas de más calor del día. Los mayores de 80 años tienen que cuidarse mucho del sol y del calor. Igual es mejor que se quede en casa, en un ambiente fresco, y evitar salir en hora punta al mediodía.

En este sentido, es fundamental hidratarse y, si somos cuidadores, vigilar mucho a los enfermos crónicos, por si empiezan a sudar mucho o tienen una diarrea, pues habría que controlar que no baje la tensión. Y si sucede, debemos pedir recomendaciones médicas sobre el ajuste de los medicamentos que se están tomando. Si tenemos un paciente frágil en casa y hace mucho calor, hay que hacerle más controles de la tensión. 

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.