Jaime Lozano, pediatra alergólogo: «Muchas veces el problema de las picaduras no es la picadura, sino el rascado»
ENFERMEDADES
El coordinador del grupo de trabajo de Alergia Respiratoria y Asma de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica explica qué precauciones tomar si el menor acude a un campamento en verano
05 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Con el verano llegan los campamentos y a muchas familias con niños con alergia o asma les surgen dudas sobre las precauciones qué tomar a la hora de apuntar al menor en estas actividades. Jaime Lozano, coordinador del grupo de trabajo de Alergia Respiratoria y Asma de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (Seicap), recuerda que es importante solicitar un informe de plan de acción para entregárselo a sus monitores.
—¿Cuáles son las alergias más habituales en edades pediátricas?
—Las más habituales son la alergia alimentaria y las ambientales, que provocan clínica respiratoria que sería asma y rinitis alérgica. Normalmente en niños más pequeños suele predominar la alergia alimentaria por debajo de los cinco años y, a partir de esa edad, va apareciendo la de tipo ambiental, que es más frecuente en el adolescente y, en la población en general.
—¿Por qué aparece primero la alimentaria y más tarde la ambiental?
— No hay una explicación clara. Lo que sí se ha observado es que, dentro del grupo de enfermedades relacionadas con la atopia o con la inflamación de tipo 2 (T2), existe lo que llamamos la "marcha atópica". Se trata de la aparición, a lo largo de la vida, de distintas manifestaciones que incluyen las enfermedades alérgicas. Lo habitual es que esta evolución comience con problemas como la dermatitis atópica, después aparezca la alergia alimentaria y, más adelante, el asma y la rinitis. Finalmente, en algunos pacientes, puede desarrollarse una esofagitis eosinofílica. Los estudios poblacionales muestran que esa suele ser la secuencia más frecuente. Sin embargo, eso no significa que ocurra siempre así. En una persona concreta puede aparecer primero el asma y que la alergia alimentaria se desarrolle después, ya sea a los 15, a los 40 años o en cualquier otro momento de la vida.
—¿El asma es una manifestación de la alergia o es una comorbilidad?
— Se podría considerar que el asma es una de las consecuencias de la alergia ambiental, aunque también constituye una enfermedad en sí misma. De hecho, cuando hablamos de asma, en realidad nos referimos a un conjunto de enfermedades con características comunes que hoy en día se entienden como un paraguas de distintas patologías. Uno de los tipos más frecuentes, especialmente en la edad pediátrica, es el asma alérgica, que está provocada por una alergia ambiental. Se produce cuando el sistema inmunitario reacciona de forma exagerada frente a sustancias presentes en el ambiente que, aunque son inofensivas, el organismo identifica como una amenaza. Esa respuesta desencadena un proceso inflamatorio. Si la inflamación afecta a las vías respiratorias bajas, es decir, a los bronquios y los pulmones, hablamos de asma. En cambio, cuando se localiza principalmente en las vías respiratorias superiores, da lugar a una rinoconjuntivitis alérgica.
—¿La alergia que aparece a edades tempranas puede llegar a desaparecer?
—Sí, especialmente las alergias alimentarias que aparecen en los primeros años de vida; muchas tienen muy buen pronóstico y se resuelven de forma espontánea. Otras son más persistentes, por ejemplo, a los frutos secos. Los estudios hablan de un 20 % de resolución frente a leche y huevo, que varía entre el 80 y el 90 %. Muchos pacientes desarrollan una tolerancia de forma natural, y podemos decir que se curan y que superan la alergia. En cambio, si aparece en la adolescencia o edad adulta no se va a resolver, la vas a tener ya para siempre. Por otra parte, las manifestaciones clínicas de la alergia respiratoria varían de intensidad a lo largo de la vida y no siempre se mantienen estables. Una persona puede tener una clínica con una gravedad, una intensidad o una frecuencia determinada durante unos años y tender hacia la remisión y que, de forma espontánea, unos años después, apenas tenga síntomas o ni los tenga. Por definición, se considera que el asma es una enfermedad crónica, pero se puede entrar en remisión. Es más, podemos favorecer este aumento de probabilidades de que el pronóstico sea bueno utilizando estrategias como la inmunoterapia específica con alérgenos, que son las vacunas de la alergia, aunque de forma natural también puede ocurrir. Sin embargo, en un paciente con un asma grave, las probabilidades que de forma natural esto remita a largo plazo es poco probable.
—Si la madre o el padre del niño tiene una alergia, ¿su hijo también?
—Sí y no. Hay una predisposición genética a estos problemas atópicos, pero no se hereda el hecho de que vayamos a tener una alergia alimentaria, de forma que si el padre es alérgico al marisco, el hijo también lo vaya a ser. No es así. Cuando hay mucha carga alérgica en la familia, un niño tiene muchos puntos de acabar teniendo algún problema de este tipo, pero no tiene por qué ser el mismo que el de los padres. Es más, ahora se está viendo que un factor que influye a la hora de hacernos alérgicos a un alimento es el momento de introducción de ese alimento. Esto ha cambiado si lo comparamos a hace dos décadas. Muchas veces, se recomendaba introducir los alimentos más alergénicos a partir de los tres, cuatro o cinco años. Ahora, en pacientes de riesgo especialmente, interesa introducirlos entre los cuatro meses y dos años de vida. Por eso, es posible que un paciente de riesgo hace 20 años desarrollase un tipo de alergia que a día de hoy no sucedería.
—En verano, muchas familias recurren a campamentos para conciliar. ¿Es un momento de muchas dudas por parte de las familias?
—Siempre hay dudas, pero sí que es cierto que hay más peticiones de informes con planes de acción actualizados. Ahora es un momento de mucho volumen, y el otro es justo antes de empezar el cole.
—¿Qué precauciones se pueden tomar para evitar un incidente?
—En niños con alergia alimentaria, hay que tener muy claro qué alimentos tolera el paciente y qué alimentos no puede tomar, así como informar por escrito a los cuidadores, a los monitores, a las personas que van a estar a cargo del paciente teniendo en cuenta también que en nuestra sociedad la exposición a alimentos es frecuente y continua. A veces pensamos que, como no se va a quedar al comedor, no hay que informar. Pero hay que tener en cuenta que puede celebrarse un cumpleaños, por ejemplo. Yo creo que siempre hay que informar de los alimentos que no puede comer. También de las medicaciones que tiene que tomar en caso de reacción, y tenerlas disponibles y que los monitores, profesores o cuidadores que van a estar a cargo del niño sepan cómo utilizar estos medicamentos. A veces es un jarabe o comprimidos, lo que es más sencillo, pero otras veces son autoinyectores de adrenalina, que si bien están diseñados para el público general, hay que saber usarlos. Y si nunca te ha tocado y te encuentras con esta situación, no va a ser sencillo.
—¿Una alergia ambiental puede limitar la capacidad de hacer ejercicio, por ejemplo?
—Si un paciente tiene una alergia conocida a un polen concreto y estamos en épocas de polinización, habrá que evitar salidas al exterior, especialmente en determinados horarios que aumentan los pólenes, como a primera y a última hora, y, si hace falta, que lleve mascarilla. Esto es algo que sabe la familia porque depende del perfil del paciente. Si son alérgenos de interior, más tipo ácaros, también hay que informar a los cuidadores, pero aquí es más difícil, porque la ventilación o la limpieza no es equivalente a una casa. Y luego en relación a la actividad física, esta puede ser un desencadenante de síntomas, y hay que tener unas pautas mínimas. Hay pacientes que el deporte o la actividad física es un desencadenante conocido. Nunca se recomienda evitar el deporte. Todos los niños con asma pueden hacer ejercicio siempre y cuando esté controlado, que es lo lógico si se van de campamentos. Lo único que se recomienda es que haga ejercicios de calentamiento previos, que pare si tiene síntomas y si son muy intensos, que se ponga la medicación de rescate. Pero eso que se solía decir, de que un niño con asma no puede hacer deporte está muy superado. Tenemos claro y recomendamos que realicen deporte, pero con unas condiciones concretas y siempre en los períodos de estabilidad de la enfermedad.
—Si hay una picadura de avispa o abeja, ¿cómo se debe actuar?
—Retirar el aguijón, si es el bicho que te ha picado te lo ha dejado dentro, y continuar con limpieza y desinfección. Luego se pueden utilizar cremas con corticoides tópicos, que son como antiinflamatorios suaves, o frío local. Y evitar el rascado, porque muchas veces el problema de las picaduras no es la picadura, sino que el rascado hace que se sobreinfecte y se convierta en un problema. Respecto a los pacientes alérgicos a su veneno, se supone que están identificados. Esto es mucho menos frecuente, pero igual que los otros, tienen que tener su plan de acción. En este caso, autoinyectores de adrenalina como tratamiento.