Pablo R. Coca, Occimorons, psicólogo: «Conseguir estabilidad es una utopía como una catedral»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

Pablo R. Coca, psicólogo, posando con Occi y Morons.
Pablo R. Coca, psicólogo, posando con Occi y Morons.

El experto en salud mental defiende que hay que validar más los «errores» que se pueden llegar a cometer en la vida y plantea cuestionarse el significado de la frase «tirar la toalla»

13 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Invitar a la reflexión. Esa es la premisa de la que parte Pablo R. Coca, psicólogo sanitario especializado en terapia familiar, adolescencia, duelo y crisis vitales. También es creador de Occimorons, un proyecto de divulgación sobre salud mental a través de viñetas protagonizadas por Occi y Morons. Precisamente ellos dos son los protagonistas de su último libro, Las vidas que construimos cuando todo se derrumba (Lunwerg Editores, 2025), una lectura para quienes buscan reencontrarse consigo mismos y aprender a vivir conforme sus deseos y necesidades. «El objetivo es aportar un poco de luz en el caos en el que muchas veces vivimos: un montón de opciones, no saber hacia dónde ir y con la presión de que todo el mundo opine sobre tu vida», añade. 

—¿Por qué cree que se suelen tener dudas sobre si estamos haciendo lo correcto o no con nuestro proyecto de vida?

—Es un tema universal, siempre se ha hablado mucho sobre esto. De una forma más o menos directa, nos atraviesa. No creo que antes este tema fuese más fácil, pero sí que teniendo en cuenta las circunstancias y el momento actual, es cierto que, de alguna forma, se nos abre un abanico de posibilidades inmenso. Eso tiene sus beneficios, porque probablemente la gente de otras generaciones no se podía plantear las cosas que nos planteamos ahora porque las circunstancias eran las que eran. Pero ahora esa amalgama de oportunidades también nos puede hacer colapsar.

—¿Con esfuerzo se puede conseguir todo? 

—No, con esfuerzo no se puede conseguir todo. Esto no es una crítica a otra gente que parte de una posición diferente, sino que hay que tener en cuenta que no está mejor o peor empezar desde uno u otro punto, pero sí debemos tenerlo en cuenta. Por eso hay justo una viñeta que habla del punto de partida. Ya sea a nivel económico, familiar, contextual, psicológico... Hay tantos, tan diferentes, que nos ponen en escenarios muy dispares también. Es importante pararse a pensar que el esfuerzo es necesario, pero que muchas veces no es suficiente. 

—¿Y cómo podemos saber si el proyecto de vida en el que estamos es el que de verdad queremos?

—Eso es precisamente lo que le sucede a Occi. No sabe muy bien qué hacer con su vida y no lo tiene claro. Pero llega un momento en el que la rapidez, la velocidad y la presión social, toda una serie de factores, se nos vienen encima. Al final, él tiene que aceptar lo que otros dicen por mera supervivencia. Eso nos pasa un montón. Por no saber a dónde nos dirigimos, aceptamos cosas que, pasado un tiempo, nos preguntamos: ¿realmente he aceptado yo tener esta vida, vivir esto o lo que implica llegar a esta meta? Tenemos que cumplir las expectativas que nos pone encima el sistema educativo, social y económico. Es complicado. 

—¿Y qué propone en caso de llegar a esa pregunta, a esa reflexión?

—Vamos tan rápido que no tenemos tiempo ni de pensar en quienes somos. Un poco más de lentitud, calma, de probar cosas. Ser consciente de que, a lo mejor, tomas decisiones condicionadas por ciertas circunstancias que estás viviendo, pero que debes plantearte en algún momento que eso no es lo que tú quieres. Incluso gente que tiene muy claras las cosas, y pongo un ejemplo. Conozco bastantes casos de gente que quería ser médico, han pasado por todo ese proceso que implica serlo, han ejercido y han dejado la profesión porque no es lo que ellos quieren o esperaban. Y es totalmente válido. También hay un miedo muy grande a renunciar a decisiones con las que nos hemos comprometido porque nos ha costado mucho esfuerzo o nuestra familia nos ha apoyado económicamente, y debemos soportar eso. Nos comprometemos para el resto de nuestras vidas. Creo que hay que validar más el error. No sabemos lo que va a implicar vivir esa vida que queremos hasta que no nos ponemos a ello. 

—¿Qué opina de la frase «tirar la toalla»?

—Es una frase que me gusta mucho porque socialmente está muy mal vista. Parece que ya no eres válido como persona o que todo tu esfuerzo no es válido. Es curioso de dónde viene la frase, del mundo del boxeo. Los entrenadores, cuando ven que su púgil no va a poder más y antes de que colapse, tiran la toalla para que el combate se pare. Me parece sano rescatar la reflexión: ¿para qué conseguir eso que quieres si los costes están siendo tan grandes?

Pero es verdad que no siempre se puede tirar la toalla. Puedes tener circunstancias como hijos a cargo o un alquiler que pagar que no lo hacen fácil. Aunque sí es posible hacer las cosas de otra forma o dar pequeños pasos en otra dirección para ir cambiando esa realidad poco a poco. En terapia hay pacientes de 40 o 50 años que te dicen que han vivido una vida que nada tiene que ver con ellos. Por eso en el libro utilizo tanto la metáfora de la casa donde hay una planta baja donde están las necesidades básicas, económicas y afectivas, porque necesitamos sentirnos cuidados y queridos para tirar para adelante, pero también necesitamos una economía que nos lo permita porque si no, nuestro sistema de alerta se activa.

—¿Cuáles son las las señales que puede darnos nuestro cuerpo cuando ese sistema de alerta se activa?

—Cuando estamos en alerta nuestro sistema nervioso está desregulado y se siente en peligro. En peligro solo hay tres opciones: luchar, huir o paralizarnos. Las personas que viven un estrés constante, donde hay muy poca satisfacción y refuerzo, donde siempre se hace y nunca se para para premiarse a sí mismos y valorar eso que han hecho, o desde fuera no se les valora porque solo se tienen en cuenta los fallos, al final nos vamos quemando. Y cuando el cerebro se quema, no puede desarrollar una tarea de forma óptima: la creatividad se fastidia, no piensas con claridad y tardas mucho más en hacer las cosas. Se van alterando un montón de procesos por ese estrés sostenido en el tiempo. ¿Cómo podemos detectar si estamos en alerta? En realidad, sería mejor preguntar: ¿Cuándo estás tranquilo, cómo estás? Cómo duermes o comes, si puedes disfrutar del ocio sin estar con la cabeza disociada en otro sitio, si puedes ver películas o leer con tranquilidad. Cuando estás alerta, tu sistema solo está preocupado de defenderse. 

—Se suele hablar del síndrome de «burnout» en el ámbito laboral, ¿se puede sufrir en otros?

—Efectivamente. El término burnout se ha asociado mucho al trabajo, pero es un término que se ha abierto a otro tipo de ámbitos como puede ser criar a tu hijo, que te puede quemar perfectamente. Incluso los estudiantes se pueden quemar con los estudios. El sistema educativo, tal como está planteado, claro que puede hacer que colapsemos no muy difícilmente. 

Foto del interior de «Las vidas que construimos cuando todo se derrumba» (Lunwerg Editores, 2025).
Foto del interior de «Las vidas que construimos cuando todo se derrumba» (Lunwerg Editores, 2025).

—Volviendo a esa «casa», que es la metáfora que utiliza para hablar del proyecto de vida, ¿qué claves daría para construirla?

—Lo primero, tener claros los valores: qué es importante para ti. Solemos confundir mucho los valores con metas. Los primeros son como el horizonte. Por ejemplo, la honestidad. Tú no llegas a esta nunca, pero esta sí que te permite marcar ciertas metas que sí puedes construir o a las que puedes llegar. Al final, si la honestidad es importante para ti, es probable que la mentira no tenga cabida en tu vida, o por lo menos en la mayoría de las circunstancias. Otro valor puede ser la estabilidad: conseguirla es una utopía como una catedral. Es genial que quieras una vida estable, pero puede ser mejor buscar un sueldo o una pareja estable. Es un construir constante pero la base son los valores. A partir de ahí ponemos ladrillos que, al fin y al cabo, son las acciones que vamos haciendo.

—¿Es normal tener días malos en ese proyecto en el que estamos a gusto?

—Sí, es normal pasar días malos. El propio Occi, en una viñeta en el que está montado en una bici, dice: «Se vienen curvas, pero eso no quiere decir que me vaya a salir de la carretera». Las curvas y ese malestar, los días malos, son parte del proceso. Es normal que existan días en los que cuesta darle sentido a todo, pasar por esos bache. 

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.