Cuando una nueva pareja amenaza la unión de todo un grupo de amigos: «Muchos terminan pidiendo perdón»

Yaiza Garea / L. B. LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

Las relaciones de pareja de los miembros de un mismo grupo, pueden generar fracturas.
Las relaciones de pareja de los miembros de un mismo grupo, pueden generar fracturas. iStock

Repartir el tiempo entre la pareja y las amistades no siempre es una tarea sencilla, puede llegar a afectar a la relación con el grupo y en cómo este percibe a la pareja

15 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En prácticamente todos los grupos de amigos llega un momento que acaba transformando al grupo: uno de los miembros comienza una relación sentimental. Al principio este acontecimiento se suele vivir con ilusión y curiosidad. Los amigos quieren conocer a esa nueva persona, descubrir cómo es y compartir con ella algunos de los planes que hasta ese momento eran exclusivos del grupo.

Sin embargo, con el paso del tiempo, empiezan a aparecer pequeñas grietas. El amigo que antes nunca faltaba a un plan, ahora los cancela de forma habitual; las conversaciones giran constantemente en torno a la pareja; los planes ya no se organizan como antes y el resto de los miembros del grupo empiezan a sentir que algo ha cambiado.

Lo cierto es que la llegada de una pareja nunca es un acontecimiento que pase desapercibido. Lejos de ser únicamente una persona más en una quedada de amigos, supone una incorporación de alguien nuevo a un sistema que llevaba años funcionando con unas normas, unos códigos y unas características muy concretas.

Un grupo de amigos funciona como un organismo vivo. Al igual que ocurre en una familia, en una amistad existen roles, dinámicas y formas de relacionarse que se han ido construyendo con el paso del tiempo. Está el organizador, el mediador de conflictos o el que hace reír al resto. La entrada de una persona nueva obliga a que ese sistema se tenga que reorganizar.

Adaptarse es tarea de todos 

Cuando un miembro del grupo comienza una relación nueva, toda la atención suele dirigirse hacia la pareja. Se suele pensar que es ella la que debe de hacer un esfuerzo por integrarse o adaptarse a las costumbres del grupo. Sin embargo, esa adaptación no es un proceso que recaiga exclusivamente en la persona que acaba de llegar. 

«Al principio todos estamos en una fase muy observadora. La persona que entra observa el grupo para ver cómo funciona y dónde puede encajar, pero el grupo también la observa continuamente para conocer quién es y analizar cómo puede afectar a la dinámica colectiva» explica la psicóloga experta en intervención social, Sara Roldán

Mientras que la nueva pareja intenta entender las anécdotas del grupo o las bromas internas, el resto de los amigos también realizan su propio análisis de la persona recién llegada. De esta forma, todos se crean una primera impresión y el grupo analiza si la pareja encajaría bien dentro de él.

La psicóloga Oceanía Martín explica que es normal que todos se imaginen cómo les gustaría que fuera la pareja de su amigo.«Si el grupo entiende que son solo expectativas, no tiene porque existir ningún problema. En cambio, si estas expectativas se viven como que la pareja debe cumplir para poder formar parte del grupo, es cuando comienzan los conflictos», señala.

No todas las pandillas viven este proceso de la misma manera. Existen grupos especialmente abiertos que integran con gran facilidad a cualquier persona nueva y otros mucho más cerrados, donde cada incorporación requiere de prácticamente un examen para poder entrar. También influyen las experiencias anteriores. Una anterior ruptura complicada dentro del grupo, conflictos vividos con parejas anteriores del mismo o de otros miembros del grupo u otro tipo de diferencias que puedan hacer que la adaptación sea más lenta.

El enamoramiento cambia las prioridades

Muchas veces los primeros cambios aparecen incluso antes de que los miembros del grupo conozcan a la nueva pareja de su amigo. De repente, este empieza a estar menos presente, deja de contestar a los mensajes o rechaza la mayoría de los planes. Aunque pueda interpretarse como un distanciamiento, ambas psicólogas explican que se trata de una consecuencia natural de la conocida como fase de enamoramiento.

En esta fase, el cerebro experimenta una intensa revolución neuroquímica, que produce una fuerte atracción física, euforia e idealización de la relación. Por lo que resulta completamente normal querer pasar más tiempo con la persona que nos provoca estas sensaciones. 

Dedicarle más tiempo a la pareja durante los primeros meses no significa necesariamente abandonar a los amigos. El problema aparece cuando esa fase inicial deja de ser algo temporal y se convierte en una dinámica permanente. Es en ese momento cuando los amigos pasan a estar relegados a un segundo plano y únicamente reciben atención cuando la pareja no está disponible o cuando la relación está atravesando un bache y necesita consuelo.

«Hay personas que son emocionalmente dependientes y que necesitan estar siempre en pareja. Estas personas habitualmente suelen acudir a las amistades cuando la pareja les falla, son su red de seguridad, pero no las cuidan. Dan por hecho que no hay que alimentar esa relación, no le dan el mismo valor a la amistad que a la pareja», explica Sara Roldán

Con el paso del tiempo este comportamiento acaba cambiando las relaciones con los demás miembros del grupo. Las relaciones de amigos, de la misma forma que las de pareja, necesitan tiempo y atención. Si una persona únicamente aparece cuando necesita apoyo porque se ha enfadado con su pareja, es probable que los amigos terminen sintiéndose utilizados y, por lo tanto, dejen de estar presentes cuando el amigo enamorado los necesite.

¿El problema es la pareja o el propio grupo?

Cuando empiezan los conflictos generados por el comportamiento del amigo, las culpas suelen ir directamente a la nueva persona que ha entrado y que por tanto, de forma consciente o inconsciente, ha revolucionado las relaciones que llevaban años funcionando. 

Oceanía Martín explica que este sentimiento de culpabilizar a la pareja es habitual ya que los demás integrantes del grupo sienten que disponen de menos tiempo con su amigo porque las prioridades de este han cambiado, «lo que muchas personas viven es una sensación de pérdida de espacio con su amigo o con su amiga», explica.

Sin embargo, lejos de explicarle a su amigo la situación, y admitir que le echan de menos, suelen aparecer reproches del tipo «es que ya no vienes nunca», «solo haces planes con tu pareja» o «has cambiado mucho desde que empezaste tu relación». Detrás de estas frases de reproche, en realidad, se esconde un sentimiento de tristeza y la necesidad de recuperar una relación que se va desestructurando lentamente.

Todas las relaciones necesitan de espacios propios

Las dos expertas rechazan la idea de que, cuando aparece una pareja, las amistades deban pasar automáticamente a un segundo plano.

La clave está en mantener espacios separados tanto para la relación de pareja, como para las relaciones con los amigos. «Es necesario tener tiempo en pareja, tiempo con tus propios amigos, tiempo con los amigos de tu pareja, momentos en los que ambos grupos puedan compartir planes y también es muy importante tener tiempo para uno mismo», afirma Sara Roldán.

Oceanía Martín coincide, y añade que uno de los errores más habituales consiste en intentar integrar aceleradamente a la pareja, en lugar de respetar los procesos de adaptación. El amigo normalmente desea que su pareja conecte cuanto antes con sus amigos. Quiere que todos se lleven bien desde el primer día y que la amistad entre sus amigos y su pareja avance al mismo tiempo que lo hace la relación sentimental. 

Sin embargo, las amistades también necesitan un tiempo para construirse. Intentar forzar una relación de amistad puede provocar el efecto contrario. Lo mejor es dejar que la amistad surja de forma natural.

Una nueva persona también puede enriquecer al grupo

Normalmente se habla de los problemas que se crean en el grupo cuando entra la pareja de un miembro. Sin embargo, ambas psicólogas aseguran que también pueden convertirse en una oportunidad para que el grupo avance y crezca.

Una nueva persona puede aportar experiencias distintas, nuevas formas de entender las cosas y dinámicas diferentes que enriquezcan al grupo.

Porque las amistades, al igual que las personas, cambian constantemente. Los grupos evolucionan, incorporan nuevos miembros, se marchan otros y atraviesan muchas etapas a lo largo del tiempo.

Cuando la relación termina, el grupo también debe recolocarse

Las rupturas no solo afectan a los integrantes de la pareja. También obliga al grupo a cambiar de nuevo sus relaciones. Si la integración de la pareja había sido positiva, puede que algunos miembros quieran seguir manteniendo el contacto con ella, ya que la consideraban miembro del grupo.

Por el contrario, si la relación había generado conflictos o el grupo llevaba tiempo preocupado por determinados comportamientos, es posible que la ruptura se reciba con cierta alegría. En este caso, las psicólogas aseguran que no es momento para reprochar nada. Las frases de «ya te lo dije» o «era evidente que no ibais a durar», no ayudan a quien acaba de atravesar una ruptura.

Durante los primeros momentos tras la ruptura, el papel de las amistades debe ser el de acompañar, escuchar y sostener emocionalmente a su amigo. Más adelante, podrá ser el momento para analizar lo sucedido si realmente se considera necesario.

La psicóloga Roldán asegura que «muchas personas, cuando pasa un tiempo, son capaces de reflexionar por sí mismas y darse cuenta de los errores que cometieron. Incluso muchas terminan pidiendo perdón sin necesidad de que nadie les recuerde constantemente lo que han hecho mal durante la relación».