Una nueva investigación de The Lancet halló que la fertilidad femenina está descendiendo a partir de los 35 años en España, un fenómeno que los expertos atribuyen a factores socioeconómicos
07 jul 2026 . Actualizado a las 16:35 h.Entre los años 1990 y 2023, los casos de infertilidad en mujeres de entre 35 y 49 años aumentaron considerablemente en España. En este período, la tasa pasó de unos 975 casos por cada 100.000 mujeres en esta franja de edad a 2.226, unas cifras inferiores a la media en Europa, pero significativa. Así lo confirma un nuevo estudio, que se publica este martes en The Lancet Obstetrics, Gynaeclogy, & Women's Health. En general, la prevalencia de la infertilidad ajustada por edad ascendió en todas las regiones del mundo en este mismo período.
La investigación
El estudio utiliza la base de datos de la Carga Global de Enfermedad (Global Burden of Disease, GBD 2023), que abarca 204 países. Se analizan las cifras entre los años 1990 y 2023 mediante la aplicación de herramientas estadísticas. «Su principal aportación es centrar el foco en las mujeres de 35 a 49 años —la franja en la que el descenso biológico de la fertilidad realmente pesa— y proyectar la tendencia hasta el 2036. Las cifras son llamativas por su magnitud: en torno a 53,6 millones de mujeres de esa edad se veían afectadas en el 2023, con una proyección cercana a los 79,6 millones para el 2036», observa el doctor Guillermo Antiñolo Gil, catedrático de Obstetricia y Ginecología en la Universidad de Sevilla y jefe de Servicio en la Unidad de Medicina Materno-Fetal, Genética y Reproducción del Hospital Universitario Virgen del Rocío (Sevilla), en declaraciones a Science Media Centre (SMC).
El experto destaca que se trata de una investigación «metodológicamente solvente», si bien señala que estos números han de leerse «con cautela, porque el indicador no mide exactamente lo que parece». La prevalencia de infertilidad del GBD es una cifra modelada que depende en buena medida de que la mujer desee tener hijos, busque atención médica y disponga de servicios diagnósticos. «Es decir, mide tanto la búsqueda de atención y la calidad del registro como la biología. La mejor prueba de ello es la disparidad poco verosímil entre países parecidos: Bélgica aparece con 8.499 casos por 100.000 mujeres y Alemania con 2.195; España, con 2.226, queda muy por debajo de la media mundial de 6.907. No creo que una mujer belga sea cuatro veces más infértil que una alemana», detalla.
Rocío Núñez Calonge, directora científica del Grupo UR Internacional y coordinadora del Grupo de Ética de la Sociedad Española de Fertilidad, explica a SMC que «centrar el análisis exclusivamente en mujeres de 35 a 49 años introduce determinados sesgos que deben considerarse. En primer lugar, resulta esperable que este grupo presente las mayores tasas de infertilidad, dado que a partir de los 35 años se produce un descenso progresivo tanto en la reserva ovárica como en la calidad ovocitaria, con una aceleración significativa a partir de los 40 años. Además, la inclusión de mujeres de entre 45 y 49 años, en las que la probabilidad de embarazo espontáneo es extremadamente reducida, puede contribuir a incrementar artificialmente la estimación global de infertilidad asociada a este grupo etario».
Asimismo, la tasa de infertilidad se calcula sobre todas las mujeres en este rango de edad, no solo sobre aquellas que intentan concebir. «Como el denominador es el conjunto de mujeres de esa edad, el mero aumento del número de las que buscan embarazo a edades tardías eleva la tasa, aunque el riesgo por intento no haya cambiado; por eso el incremento no debe leerse como un aumento del riesgo biológico de infertilidad», aclara Antiñolo. Otra circunstancia señalada por el experto es el hecho de que el estudio contempla únicamente la infertilidad femenina «y deja fuera el factor masculino, que explica una proporción relevante de los casos.
El estudio pone de manifiesto que, aunque las diferencias históricas entre regiones de bajos y altos ingresos se han reducido, la carga de infertilidad se está desplazando progresivamente hacia los países de mayores ingresos. «En estos contextos, las mujeres presentan una mayor probabilidad de retrasar la maternidad y de acceder a pruebas diagnósticas y tratamientos de fertilidad. Los autores interpretan este fenómeno como consecuencia de transformaciones sociales y económicas más amplias, entre ellas, el aplazamiento de la planificación familiar hasta edades más avanzadas y una mayor disponibilidad de servicios reproductivos en determinados entornos desarrollados», explica Núñez.
El caso de España
En el país, los principales factores vinculados con la fertilidad se sitúan en el ámbito socioeconómico: cada vez más mujeres aplazan la maternidad por motivos de este tipo. «La edad media para tener el primer hijo ronda los 33 años, la fecundidad está entre las más bajas del mundo, con 1,10 hijos por mujer, y uno de cada diez nacimientos ya es de madres de 40 o más años. Las propias mujeres señalan la falta de recursos económicos, la dificultad de conciliación y el temor al impacto en su carrera como principales barreras», observa el doctor Antiñolo.
Esta demora a la hora de intentar concebir podría estar detrás de los datos que aporta esta investigación. «En España se ha observado un incremento significativo de la infertilidad en mujeres de edad avanzada. Sin embargo, el aumento observado en este grupo de edad no implica necesariamente un incremento intrínseco de la infertilidad, sino que refleja, en gran medida, un retraso progresivo de la edad al primer embarazo motivado por factores sociales, económicos y laborales», sostiene Núñez.
Para Antiñolo, la solución debe incluir necesariamente la toma de «medidas contra las causas estructurales del aplazamiento: vivienda, precariedad, conciliación y corresponsabilidad en los cuidados; así como la evaluación reproductiva precoz en atención primaria; consejo honesto sobre la congelación de ovocitos, sin presentarla como una garantía; y un acceso público a la reproducción asistida más racional y equitativo, sin olvidar el factor masculino». Además, señala que la medicina reproductiva de precisión y la genómica abrirán un horizonte para caracterizar mejor las causas y afinar el pronóstico individual.
Edad y fertilidad
Como señalan los especialistas, a partir de los 35 años las posibilidades de concebir de manera natural comienzan a disminuir y se reducen de manera acentuada a partir de los 40. La doctora Núñez Calonge hace referencia a un trabajo del 2025 que describe un descenso anual de aproximadamente un 4,2 % en la tasa de implantación embrionaria en mujeres mayores de 40 años, «evidenciando el impacto del envejecimiento reproductivo sobre los resultados de los tratamientos de reproducción asistida».
«El incremento de la infertilidad asociado a este grupo de edad no puede abordarse exclusivamente mediante la ampliación de las opciones terapéuticas de reproducción asistida. Aunque estas técnicas constituyen una herramienta fundamental para muchas pacientes, no solucionan la causa estructural del problema. En países como España, resulta necesario abordar también los factores sociales que condicionan el retraso de la maternidad, especialmente aquellos relacionados con la conciliación entre la vida laboral y personal, la estabilidad económica y el apoyo institucional a la maternidad temprana», subraya Núñez.