¿Por qué la pubalgia afecta a tantos futbolistas? «El que juega más partidos y el que entrena más horas es el que más se lesiona»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

Nico Williams y Lamine Yamal, en mayo.
Nico Williams y Lamine Yamal, en mayo. JUAN CARLOS HIDALGO | EFE

Lamine Yamal, Nico Williams y Franco Mastantuono comunicaron molestias en esta zona esta temporada, cuyo nombre correcto es dolor inguinal

09 nov 2025 . Actualizado a las 17:06 h.

El mismo año que Cristiano Ronaldo aterrizó en el Bernabéu, el brasileño Kaká, que llegaba de ganar el Balón de Oro, también se incorporó a la disciplina blanca. Tenía 27 años, una edad perfecta para formar una nueva era galáctica en Chamartín junto al luso. Pero el exmilanista nunca logró alcanzar un buen nivel en la Liga. Años más tarde trascendería que el centrocampista había llegado al conjunto madridista con una 'pubalgia' que arrastraba ya de su etapa en el Calcio. Nunca volvería a recuperar su mejor fútbol. Todo lo que rodea al Madrid es tan grande, que también popularizó una lesión que nunca hasta entonces había acumulado tantos titulares. 

Kaká era joven, pero más aún los son Lamine Yamal (18 años), Nico Williams (23 años) y Franco Mastatuono (18 años). Su juventud no les ha impedido ser clave en sus equipos. También, los tres, han cursado baja a causa de la llamada pubalgia, conocida a nivel más técnico como un dolor inguinal, que permite ponerle nombre y apellidos con mayor precisión a una lesión que puede lastrar la carrera de los deportistas, sin importar su edad o talento. «La principal estructura responsable de los síntomas suele ser la musculatura aductora, por eso, hablamos de un dolor inguinal relacionado con los aductores en la mayor parte de los casos», precisa Fernando Ramos, presidente de la Asociación Española de Fisioterapeutas (AEF) y secretario de la Junta de Gobierno del Colegio de Fisioterapeutas de Galicia (CoFiGa). 

Este nuevo término introducido recientemente en la conversación —inguinal— hace referencia a un triángulo anatómico formado por el pubis, la musculatura y el ligamento inguinal. En medicina del deporte, dice el presidente de los fisioterapeutas, representa al triángulo de las Bermudas. «Es una zona donde es muy difícil establecer un diagnóstico preciso, donde muchas cosas suceden al mismo tiempo y donde existe, todavía hoy, la necesidad de mayor conocimiento para entender qué está pasando y cómo manejar este tipo de lesiones», reconoce con honestidad Ramos.

Si bien del total, esta afectación representa entre el 5 y el 10 % de las lesiones deportivas, «mantiene al deportista alejado de la práctica deportiva o con molestias durante mucho tiempo», precisa el fisioterapeuta. En otras palabras, tiene una alta repercusión en el tiempo de práctica.

Casos como el de Lamine Yamal o Nico Williams —en el pasado, también también la sufrieron Messi o Busquets— permiten establecer una relación directa entre este problema y una sobrecarga. La relación es directa. Los deportistas que más se lesionan son los que se ven sometidos a más horas de exposición. «El que juega más partidos y el que entrena más horas es el que más se lesiona. Cuanto mayor es tu nivel competitivo, mayor es el riesgo», indica el fisioterapeuta.

Además, el nivel de condición física tiene un enorme peso. «La región inguinal es una zona sometida a muchas fuerzas de control —contracciones excéntricas—. Es decir, grandes grupos musculares con brazos de palanca, como la musculatura aductora, generan mucho estrés en esta región», explica Ramos.

Los fenómenos que determinan un dolor inguinal son los cambios de dirección. Es el caso de «las tareas de recorte, de cambiar de dirección de un lado a otro es lo que acaba generando estrés excéntrico y, con ello, los síntomas», señala el especialista. Esto no significa que Lamine Yamal, por mencionar uno de los ejemplos, haga más cambios de dirección que otro compañero sin lesión, sino que los factores individuales, «como la fuerza explosiva» y la sobreexposición al estrés provocan demasiada carga a estructuras musculares y tendinosas.

En este sentido, aparecen factores como el nivel competitivo, el nivel de horas de entrenamiento y la especialización temprana, «donde los deportistas cada vez se especializan de manera más temprana a edades adolescentes», y todo ello conduce a un estímulo superior al que la estructura puede soportar.

La solución: exponerse a la carga progresivamente

Se trata de una molestia difícil de manejar. Suele ser descrita como la punta del iceberg, porque cuando aparece, «están pasando muchas cosas por debajo»; además, lo más frecuente es que surja en reposo. «Se manifiesta justo después del partido o en las horas posteriores. Y las molestias van acompañadas de pérdida de fuerza de aductores, lo que multiplica por 17 el riesgo de sufrir dolor inguinal», expone Ramos. Se trata de un círculo vicioso. La pescadilla que se muerde la cola.

¿El riesgo? Que llegue a cronificarse. Esta zona puede dar lugar a dos tipos de lesiones. Por un lado, aguda, «como una rotura fibrilar», más sencilla de identificar, tratar y hasta de calcular un tiempo de baja. Por otro, una lesión crónica, «con un mecanismo mucho más traicionero». En esta situación, el futbolista —que es la disciplina con mayor prevalencia de este problema— continúa jugando porque las molestias, en un principio leves, no incapacitan la práctica deportiva, «hasta que llega un día en el que no puede rendir al mismo nivel».

En este caso, las pruebas de imagen dejan de ser tan concluyentes como lo serían en la primera situación, y la lesión se vuelve más compleja de resolver. «La imagen nos puede decir que el jugador va bien, pero en el campo, y sobre todo después, las sensaciones no son nada buenas», resume el presidente de los fisioterapeutas. A su vez, la cronicidad supone un componente de degeneración, de microtraumatismo repetitivo. Cuando aparecen los síntomas, el margen de maniobra se reduce.

Es necesario apartar al deportista de la competición, aunque él o ella —los varones presentan mayor dolor inguinal porque tienen más fuerza explosiva— se nieguen. «La solución pasa por adaptar la carga a la que se somete para recuperar fuerza de aductores, con el fin de recobrar la estabilidad de la zona, pero monitorizando en todo momento los síntomas», apunta Ramos.

El esquema consiste en probar, poco a poco, la respuesta ante la progresión de carga. Si el protocolo que se aplica es correcto, el escenario más común es que el jugador pueda recuperarse. Eso sí, teniendo en cuenta que, «una vez haya tenido dolor inguinal, es probable que le acompañe a lo largo de su vida». Si las alternativas más conservadoras no funcionan, se podría recurrir a una liberación de estructuras con un procedimiento quirúrgico.

Ramos tiene claro que, cuando se habla de deporte de alto rendimiento, en la dosis está el veneno. «En estos jugadores, la línea entre estoy en mi mejor punto de forma a me he pasado de carga es demasiado estrecha». Precisamente, estar al límite, ser muy rápido y tener mucha fuerza explosiva tiene un precio: «Ser susceptible a este tipo de lesiones».

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.