Borja Quiroga, nefrólogo: «Tuve pacientes a los que la cola de caballo les bajaba tanto la tensión que cuando se ponían de pie, se caían»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

Borja Quiroga, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Nefrología.
Borja Quiroga, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Nefrología. Néstor Muñoz.

El especialista logró ser «bestseller» con un libro en el que abordaba la salud de los riñones y cómo cuidarlos

31 ene 2026 . Actualizado a las 10:06 h.

Borja Quiroga (Madrid, 1985) es autor de un bestseller que se centra en la salud de los riñones. El nefrólogo y divulgador profundiza en la importancia de estos dos órganos en el envejecimiento en su nuevo libro, El reto es envejecer (Roca Editorial, 2026). En él detalla de qué manera se relaciona la proteína Klotho, con los músculos y la salud.

—El año pasado publicó un libro sobre la salud de los riñones. ¿Le dijeron alguna vez que ese tema no interesaría a los lectores?

—[Se ríe]. Era yo el primero que pensaba que no iba a interesar a mucha gente, a nadie, porque como los riñones siempre han estado dejados un poco de lado para la sociedad, para los políticos, incluso para los propios profesionales, cuando el editor me compró el libro de Por mis riñones que hoy como bien, le dije que genial, pero que no sabía qué tirón iba a tener. Así que de ahí a dónde hemos llegado ahora, que vamos por la décima edición, fue una sorpresa.

—¿Por qué nos deben importar nuestros riñones?

—Nos tienen que importar porque son un órgano vital. Aparte de la función de depurar los desechos, tienen funciones muy importantes de las que yo siempre hablo. Regulan la hipertensión, regulan la anemia, porque tienen la famosa eritropoyetina, regulan el calcio y el fósforo. Y, sobre todo, ahora han tomado muchísima importancia, y creo que por eso a la gente le empieza a interesar tanto el tema del riñón, porque tienen gran parte de la culpa de por qué envejecemos. Se debe a la proteína klotho, que está en el riñón y se encarga de eliminar el fósforo. Cuanto más fósforo elimina, más se va gastando, por decirlo de alguna manera. Cuando tenemos que eliminar un exceso de fósforo, por ejemplo, como cuando comemos muchos ultraprocesados que son ricos en fósforo y este klotho baja, envejecemos precozmente. Nuestros vasos sanguíneos, nuestro cerebro, nuestro corazón, nuestra piel y nuestros riñones se vuelven viejecitos, hasta el punto de que ya sabemos que una persona que está en diálisis, puede perder hasta 30 años de vida.

—¿Qué supone el envejecimiento para un nefrólogo?

—En realidad, es un proceso natural y fisiológico, es una etapa de la vida de todos. El problema es que tenemos dos tipos de envejecimiento. El saludable, en el que la función de nuestros órganos se va deteriorando poco a poco por el uso. Por así decirlo, como puede pasar como un electrodoméstico, aunque suene un poco raro. Y, después, hay un envejecimiento que es no saludable, y este es precisamente el que nosotros tenemos que intentar limitar. La lesión principal relacionada con el envejecimiento no saludable es un concepto del que ya se empieza a oír bastante, que se llama senescencia. Nuestras células, lejos de dividirse, —lo que hacen habitualmente cuando tenemos una lesión en un órgano y este se regenera por división, que se llama mitosis—  van perdiendo su función, no se mueren y permanecen ahí senescentes, pero no son capaces ni de eliminarse ni de dividirse. Esto nos genera el gran problema del envejecimiento: unas reacciones inflamatorias muy acusadas en el organismo, que intenta eliminar estas células, pero no puede. 

—¿El klotho llega a relacionarse con la senescencia?

—No está tan relacionado con la senescencia. Hay algunos artículos que sí que han demostrado que cuanto más células senescentes tenemos, más bajo tenemos el klotho. Esa asociación existe. Pero, probablemente, se debe a que tenemos que entender el envejecimiento como algo multifactorial. No solo depende del klotho, no solo depende de que haya células senescentes ni de las sirtuinas, no, depende de todo a la vez. En nuestra cabeza, cuando tenemos hábitos normales y corrientes de una alimentación, deporte y demás, siempre intentamos decir ¿por qué esto sube klotho?, ¿por qué esto mejora las sirtuinas?, ¿por qué esto mejora la función mitocondrial? En realidad es que los hábitos saludables mejoran todas las vías de señalización del envejecimiento. No sabemos si el klotho bajo genera senescencia, pero probablemente en un envejecimiento no saludable, lo que nos pasa es que tenemos bajo el klotho y tenemos células senescentes.

—¿Cómo se puede cuidar el klotho?

—Desde luego cuidando nuestros riñones porque la primera causa de tener el klotho bajo es tener enfermedad renal. Para eso lo primero que tenemos que detectar es si uno tiene enfermedad renal o no, con una muestra de sangre en la que se mide la creatinina que sale del músculo, llega al riñón y se filtra; en cambio, cuando el riñón no funciona sube en plasma. Esto vale diez céntimos. Y luego, en orina con una iluminuria, una pérdida de proteínas por la orina. El riñón elimina los tóxicos pero no debe dejar escapar algunas sustancias de la sangre como por ejemplo proteínas o células. Eso se puede medir en orina y cuesta un euro. Para preservar el klotho tenemos tres medidas muy importantes que esto sí que está demostrado científicamente con artículos robustos. El primero es la alimentación, que debe ser baja en fósforo inorgánico, es decir baja en ultraprocesados. Estos productos están llenos de fósforo porque es un excelente conservante y lo que busca la industria del ultraprocesado es que, precisamente, duren más a costa de envejecernos. Lo segundo es hacer ejercicio físico. Esto ha demostrado por diferentes vías que nos envejece menos. No solo es capaz de mantener los niveles de klotho, sino de regenerarlo si lo hubiéramos perdido.Todo el mundo tiene contacto con ultraprocesados en algún momento, pero si tenemos una vida saludable que incluya ejercicio físico, podemos regenerar el klotho. Y una novedad es la relación que existe entre el estrés crónico y los niveles de cloto. Sabemos que el estrés crónico por vías endocrinas relacionadas con el cortisol, principalmente, son capaces de disminuir los niveles de klotho, o sea que podemos decir que el estrés crónico nos envejece también.

—¿De qué forma se relaciona la enfermedad renal crónica con otras enfermedades principales causas de muerte, como el infarto, ictus o epoc?

—El ejemplo más importante que tenemos hoy en día es la conexión que existe entre el corazón y el riñón. El corazón bombea la sangre, llega al riñón que filtra el exceso de líquido y elimina las toxinas. El riñón de una persona cuyo corazón no funciona va a tener una sobrecarga y le va a generar, probablemente, patologías como la insuficiencia cardíaca. Y al revés pasa lo mismo. Si tenemos un corazón que no está bombeando bien la sangre, el riñón no está recibiendo flujo ni presión suficiente para poder eliminar las sustancias que están por la sangre. La conexión entre el corazón y el riñón es permanente. A nosotros nos gusta decir que cuando uno tiene una enfermedad del riñón, virtualmente también la tiene de corazón. Por eso, hay que hacerle un despistaje de enfermedad cardíaca. De hecho, el porcentaje de población que tiene enfermedad cardíaca teniendo enfermedad renal es tres, cuatro y hasta cinco veces más, dependiendo del grado de enfermedad renal, que la población que no tiene enfermedad renal. Es una asociación directa. Por ejemplo, ahora está muy de moda la conexión entre el riñón y el intestino y la microbiota, entre el riñón y el cerebro. Hay estudios muy interesantes en los que se ve cómo los pacientes que tienen enfermedad renal desarrollan precozmente demencia antes que los pacientes que no la tienen. No nos olvidemos de que una de sus funciones principales del riñón es deshacerse de esas toxinas, que a veces pueden ser neurotóxicas. Así que tenemos que entenderlo a todos los niveles. Un paciente que tiene enfermedad renal avanzada tiene problemas en la piel, problemas hepáticos, problemas digestivos. O sea, que hay que entender la medicina de manera integral. Y de hecho, por eso aparecen ahora este tipo de consultas que están muy bien organizadas, muy acreditadas también por las sociedades científicas, que son las unidades cardio-renales. En ellas, un cardiólogo y un nefrólogo se sientan en la misma consulta para un solo paciente y para evaluarlo desde todos los puntos de vista.

—¿Hasta qué punto se puede evitar la enfermedad renal crónica?

—Hay dos tipos de enfermedades renales a grandes rasgos. Las que son primarias del riñón, que son poco conocidas y por suerte, la minoría, porque son más difíciles de detectar y, a veces, de tratar. Y luego, las secundarias, que son muy evitables. A la cabeza de ellas, la diabetes, que es la primera causa de enfermedad renal, la primera causa de necesitar diálisis tanto en el mundo como en países como España. No me atrevería a decir que es evitable que los pacientes diabéticos desarrollen enfermedad renal, pero desde luego se puede atenuar muchísimo la cantidad de personas que con diabetes llegan a enfermedad renal si les hacemos un correcto despistaje y un correcto tratamiento. Además, ahora la diabetes cuenta con fármacos muy revolucionarios, que no solo consiguen mejorar el grado de azúcar que tienes en sangre, sino prevenir complicaciones renales y cardiológicas. Por eso digo que no se puede evitar toda enfermedad renal diabética, pero se puede reducir. Y. fíjate, la segunda causa de enfermedad renal crónica es la hipertensión. Una hipertensión controlada jamás genera enfermedad renal. El problema es cuando está descontrolada porque no la detectamos, porque no nos tomamos las pastillas o porque comemos un exceso de sal.

—Habla de alimentación, de estrés, ¿y el ejercicio? En su libro cuenta que, ahora, los nefrólogos están muy interesados por los músculos.

—Los músculos ahora se tienen que interpretar ya como un órgano. Igual que tenemos dos riñones, tenemos músculos y con funciones paracrinas. Generan sustancias que son capaces de llegar a otros órganos para beneficiarlos o perjudicarlos. Sabemos que los músculos sanos generan unas hormonas, son proteínas que pasan al torrente sanguíneo que se llaman mioquinas, que pueden ser buenas o malas. Hay unas malas, por ejemplo, que se llaman miostatinas, que es la más conocida. Y luego, las hay buenas como, por ejemplo, la irisina. Cuando nosotros perdemos músculo, estamos en un escenario de muchísima fragilidad porque se nos está secretando mucha mioquina mala, que le está dando señales al corazón, al riñón, al cerebro para que generen un remodelado adverso, es decir, para que funcionen peor. Es como decirle al corazón, al riñón y al cerebro que te estás dejando llevar, que te estás quedando sin músculo porque ya estás sin vitalidad. Estos órganos funcionan peor. Todo lo contrario que pasa cuando ejercitamos la fuerza, que generamos irisina y genera reacciones de remodelado correcto, beneficioso, incluso en casos de enfermedad, al riñón, al corazón, al cerebro y a otros órganos. Así que el poder del músculo, el eje músculo-corazón-riñón, que ahora está muy de moda, es importantísimo porque genera beneficio en salud. La población sana que no tiene ninguna enfermedad, si tiene sarcopenia, va a enfermar. En cambio, si tú realizas un ejercicio de fuerza de manera habitual, sabemos que se te va a alargar la vida.

—Explica que el ejercicio alarga los telómeros.

—Los telómeros son la parte final de los cromosomas, que impiden que este se degrade. En realidad, es una forma de limitar el envejecimiento. Sabemos que cuantos más telómeros perdamos, más envejecimiento generamos. Se pueden perder telómeros a lo largo de la vida, debido al puro envejecimiento y también por diferentes situaciones. Por ejemplo, por tabaquismo; o en algunos cánceres también. Pero la gracia de preservar los telómeros sobre todo viene relacionada con el ejercicio físico. Y de hecho, se publicó hace un par de años un artículo muy importante, que cogió una base de datos muy grande de pacientes sanos, les midió los telómeros y observó que los pacientes que realizaban ejercicio de fuerza 13 minutos al día, 90 minutos a la semana, eran capaces de mantener sus telómeros mucho más, hasta el punto de cesar su envejecimiento hasta en cuatro años. Eso es una brutalidad. Por supuesto, para preservarlo también está la dieta. Por ejemplo, cuando cocinamos carne y se nos quema, estas sustancias tóxicas que salen de los alimentos pueden impactar en los telómeros. Y luego, incluso, hay algún artículo que asocia la pérdida de telómeros con la falta de interacción social. Pero si yo tuviera que hablar algo de los telómeros para protegerlos, diría, sin duda, el ejercicio físico de fuerza.

—¿Le entiende el paciente cuando en consulta da el mensaje de que trece minutos al día pueden ser suficientes?

—No lo entienden. El ejercicio de fuerza siempre se ha asociado mucho a culturistas, a gente que hace halterofilia; incluso al aspecto físico antes que a la salud. Cuando yo le cuento a los pacientes que tienen que hacer deporte, entienden perfectamente que tienen que caminar ocho mil pasos al día, pero que es muy positivo que cojan una botella de un litro y medio de agua, los que son mayores, y mientras están viendo la tele, hagan bíceps hasta que contraigan el músculo. No entienden que ahora en las consultas utilicemos una máquina que se llama bioimpedancia para analizar la composición corporal y que se la medimos secuencialmente, y que si incrementan la masa muscular, van a vivir más. Aquí está el concepto: vas a vivir más. No es que te encuentres mejor, que duermas mejor, no. Es que vives más. Con eso les convenzo.

—Es fácil encontrar infusiones en el supermercado, como la cola de caballo, que tienen efecto diurético.

—Totalmente, y no somos nada conscientes. He tenido pacientes que me los han derivado otros especialistas porque porque tenían hinchados los pies, por ejemplo, y venían tomando cola de caballo porque se deshacen de los líquidos. El problema es que cuando tú a una persona que no está reteniendo líquidos, la sometes a un tratamiento diurético, aunque sea de mediana potencia —porque la cola de caballo no es que sea un diurético potente como los que usamos en la clínica— la estás deshidratando. Y esto eleva el riesgo de que su riñón funcione peor. Por ejemplo, he visto a pacientes a los que les llegaba menos riego sanguíneo a la cabeza y tenían síncopes de repetición, sin saber por qué. Luego, resultaba que se estaban tomando infusiones de cola de caballo, y les bajaba tanto la tensión que en cuanto se ponían de pie se caían. Por eso, al final, estos productos, que están en el límite de la regulación, generan efectos. Y, como siempre digo, el veneno está en la cantidad.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.