El liderazgo silencioso de Galicia en salud verde: «Somos campeones climáticos en el mundo»

VIDA SALUDABLE

Romero, Piñeiro e Insua, durante las jornadas de intercambio de conocimiento de CEMTex en Aarhus.
Romero, Piñeiro e Insua, durante las jornadas de intercambio de conocimiento de CEMTex en Aarhus. Sergas

El servicio de salud gallego se ha convertido en referente en economía circular, acumulando reconocimientos internacionales

08 feb 2026 . Actualizado a las 19:11 h.

En 1868, John Wesley Hyatt presentó en sociedad una esfera de algo menos de sesenta milímetros de diámetro que cambiaría el mundo. Era una bola de billar, tan especial que ha acabado formando parte de los muchos tesoros que guarda en su colección la Institución Smithsonian. Su peculiaridad era que, por primera vez, estaba fabricada de celuloide y, por tanto, de plástico. Hasta entonces, este instrumento esencial del juego se confeccionaba a partir del marfil de colmillos de elefante, por lo que era necesario dar muerte a un animal de varias toneladas para obtener dieciséis esferas de menos de 180 gramos de peso que permitiesen pasar el rato a la alta sociedad occidental.

La primera bola plástica de billar de 1868 forma hoy parte del Museo Nacional de Historia Americana.
La primera bola plástica de billar de 1868 forma hoy parte del Museo Nacional de Historia Americana. Smithsonian Institution

«De ahí, a donde estamos. Ahora respiramos microplásticos. Nuestra orina contiene microplásticos», suspira, siglo y pico después, Beatriz Piñeiro, consciente del efecto que los disruptores endocrinos tienen en la aparición de todo tipo de problemas de salud humana: desde patologías hormonales a oncológicas. Es la responsable de la Estratexia de Economía Circular del Servizo Galego de Saúde (Sergas) y también médico, especialista en medicina preventiva y salud pública, aunque lleve desde el 2019 enfocada en la estrategia gallega para la sostenibilidad en salud.

Recientemente, estuvo en Aarhus, localidad con mucha menos fama que la disputada Groenlandia, pese a ser la segunda ciudad más grande de Dinamarca. Un viaje en el que estuvo acompañada de Juan Francisco Insua, director de Asuntos Económicos del área sanitaria de Lugo, A Mariña e Monforte de Lemos, y de José María Romero, director del área de Desenvolvemento e Innovación Sanitaria da Axencia Galega de Coñecemento en Saúde (ACIS). De su expedición circuló una nota de prensa. En ella, se daba a conocer la existencia de un proyecto europeo apodado CEMTex en el que Galicia juega un papel protagonista. A priori, una suerte de reunión de expertos, ocupados en lograr una «reducción de la presencia de plástico en los textiles de uso médico», como explica el propio José María Romero: «Trátase de compartir boas prácticas e coñecementos entre as distintas rexións socias». Pero excarvando en el porqué de ese viaje y de esa meta, acaba por desenterrarse un trabajo que se remonta a más de dos décadas atrás y que sitúa a Galicia en un liderazgo mundial del que poco se sabe. Obsesionados con los ránkings, ¿cómo es posible que haya pasado de puntillas que el Sergas ejerza como uno de los principales faros internacionales en la sostenibilidad en salud?

Tan solo un dato: es el único servicio sanitario que forma parte de la Race to Zero de Naciones Unidas (ONU). «Es la carrera para lograr alcanzar las cero emisiones perjudiciales por parte del sistema de salud. Llevamos desde el año 2020 en esta carrera hacia una Galicia climáticamente neutra. Nos comprometimos a lograr una reducción del 60 % de las emisiones en el año 2030 y alcanzar el 0 en el 2040», aclara Piñeiro. Pero los resultados obtenidos ya han superado cualquier expectativa: «En el 2024 conseguimos alcanzar el 59 % y en el 2025 llegamos al 69 % de reducción de emisiones».

De la línea al círculo

La palabra «economía» que precede a «circular» suele despistar. Parecen dos ramas —la salud y la economía— con no demasiadas cosas en común. ¿Por qué Galicia envía a médicos a debatir sobre esto? Incluso aquellos más familiarizados con el término pueden no acabar de enfocar el tiro. «Cuando hablamos de sostenibilidad en salud o de economía circular, se piensa mucho en residuos y demás. Es un error, es algo global. Somos naturaleza y, en la naturaleza, el ciclo de la vida es circular. Tratamos de hacer entender a la gente esto», comenta Beatriz, poniendo un ejemplo muy evidente de lo sencillo que es confundir las buenas intenciones con las malas decisiones. «A veces te compras una prenda de ropa para hacer deporte y te dicen que ‘‘está hecha de viejas botellas’’. Piensas que estás haciéndolo fenomenal, pero el ecodiseño no solo implica el impacto en la salud del planeta, también en el de las personas».

Frente a ese círculo, que apuesta por alargar la vida útil de los productos, reducir la generación de residuos y minimizar el consumo de recursos y energía, está la línea. Esa fórmula que han seguido tradicionalmente las sociedades industriales —de economías lineales—: extraer, fabricar, usar y tirar. A cualquiera se le puede ocurrir un ejemplo de esta práctica dentro de un hospital. Patucos para entrar en quirófano con un par de horas de vida útil, batas de un solo uso o mascarillas que se pierden de vista al acabar una consulta, pero que no desaparecen. Una práctica con la que Galicia quiere acabar porque, según Beatriz Piñeiro, esta tierra lo lleva en su cultura. «A veces, cuando doy charlas por ahí, siempre me preguntan por un ejemplo de economía circular. Siempre digo que, en Galicia, un buen ejemplo es el caldo. No hay ningún desecho, todo se utiliza. Esta comunidad siempre ha tenido esa visión circular».

El plástico que viste las sanidades

¿Qué hacen tres gallegos visitando, según cita la nota de prensa, una lavandería de un país nórdico junto a colegas de toda Europa? «La lavandería no es lo importante», señala insistentemente Beatriz Piñeiro, preocupada porque veintipico años de trabajo se queden en anécdota sin contexto.

La delegación gallega durante su visita a la lavandería verde de Aarhus.
La delegación gallega durante su visita a la lavandería verde de Aarhus. Sergas

Con razón. Pese a que se aprovechó la visita a Dinamarca para conocer tanto este servicio —la lavandería para textiles sanitarios danesa aspira a, en el 2027, ser la más verde del mundo— como el hospital de la ciudad, el tour es solo uno de los puntos del día en la agenda del proyecto CEMTex, financiado con fondos europeos y orientado a decabalgar las prendas desechables de los hospitales de la Unión. Un grupo al que Galicia se ha sumado. O al que, más bien, les han pedido sumarse. «Fueron ellos los que nos buscaron a nosotros porque tenemos ese liderazgo. Somos campeones climáticos en el mundo», dice Beatriz.

Acostumbrados a titulares que tienden a la hipérbole, podría parecer una exageración, pero no lo es. El Sergas se ha acostumbrado a recibir distinciones internacionales por su labor en sostenibilidad y su presencia en las cumbres del clima mundial es ya una tónica habitual. «Este último año volvimos a lograr el oro en mitigación, resilencia climática y liderazgo climático —es la segunda distinción consecutiva en los premios Health Care Climate Challenge (HCCC), una iniciativa impulsada por la fundación Health Care Without Harm (HCWH)—. Y no es fácil seguir manteniendo este nivel de premios internacionales. Son premios serios y somos, con diferencia, el servicio de salud de España líder», detalla la responsable del Sergas.

En el año 2019, Galicia se incorporó a un grupo de trabajo internacional —Plastic Free Healthcare in Europe— dedicado a evaluar qué tipo de residuos plásticos estaban presentes en los hospitales europeos. Se estudió la situación concreta del hospital Álvaro Cunqueiro y sus conclusiones llevaron la voz de Galicia al escenario internacional, persiguiendo el objetivo de eliminar el bisfenol de la atención sanitaria. El bisfenol es un disruptor endocrino presente en tejidos, pero también en botellas, recipientes o resinas epoxi que recubren el interior de latas de alimentos y bebidas. «En todo lo que utilizamos», denuncia Piñeiro. Desde el 20 de enero del año 2025, en la Unión Europea no está permitido ni su uso ni el comercio con él. «Se sabe, se sabe que hay muchísimos problemas con estos disruptores endocrinos y sin embargo se siguen utilizando», explica, evidenciando su indignación por la prórroga concedida para su eliminación total.

Esta lucha contra el plástico es solo uno de los frentes en los que está alistada la comunidad, un apéndice del buque nodriza que hizo zarpar Galicia en el 2019 en su apuesta por la economía circular. Primero con una legislación autonómica; más tarde, mirando específicamente a su sistema sanitario. «El sistema de salud es diferente. Necesitábamos una estrategia propia». No se trata de greenwashing —lavar la imagen a base de políticas verdes—. La apuesta es meditada y decidida, por mucho que echase a andar de forma casual. La digitalización de las historias clínicas en el 2004 acabó llevando aquí. «Puede que en aquel momento no se buscase la sostenibilidad como la entendemos hoy, pero fue lo que nos hizo posicionarnos donde estamos», asegura Piñeiro.

El cambio climático mata y la salud debe actuar

El plástico está ahora en el centro de la diana. Por normativa europea, a partir del mes de agosto del 2026 deberán desaparecer los sobres plásticos de monodosis de bares y restaurantes —pese a que hace escasamente una década España legisló en un sentido completamente opuesto—. En los hospitales no hay kétchup ni mayonesa, pero sí otros plásticos, contra los que se dirige el proyecto CEMTex, ¿pero por qué?

Todo gira sobre tres ejes, el primero es que, según recuerda Piñeiro, «sabemos que un montón de muertes en el mundo están causadas directamente por el impacto del cambio climático». El segundo, el hecho de que, como recuerda el responsable de desarrollo e innovación de ACIS José María Romero, «os servizos de saúde, o noso e todos, son grandes emisores». Y tercero, la obligación de preservar la salud de trabajadores y pacientes evitando la exposición directa a disruptores endocrinos. ¿Pero por qué un cambio de rumbo de semejante viraje? «Durante años se pensó que este único uso era lo mejor para pacientes y sistema». La llegada del covid y el pánico a posibles contagios fortaleció el usar y tirar, pese a que la convicción de su conveniencia ya flaqueaba. Así, el plástico se volvió omnipresente en la atención sanitaria, erigiéndose como material esencial para la asistencia tal y como la entendemos hoy. Está presente en guantes, equipos de protección o jeringuillas; también en artículos no específicamente clínicos, como todos aquellos en contacto con alimentos y bolsas. Pese a que la gran mayoría de de estos desperdicios son considerados «no peligrosos» por la Organización Mundial de Salud (OMS), solo el 14 % de los plásticos presentes en los países europeos de la OCDE se recicla.

Entre los objetivos, desarrollar una bata libre de plásticos

La pata gallega del proyecto CEMTex cuenta con más socios fuera del servicio de salud. Porque, ¿de qué vale concienciar a los sanitarios de los riesgos del plástico en sus prendas si los encargados de confeccionarlas y distribuirlas viven ajenos a esta problemática? «Muchas veces, por mucho que quieras comprar determinado producto, si a las mesas de contratación no van las personas adecuadas o la propia legislación no te permite apostar por la parte más verde es inútil. Tenemos que trabajar a todos los niveles, también en esos cambios legislativos que nos permitan implementar estos cambios», incide la arquitecta de la economía circular de la sanidad gallega. Por eso, la industria debe estar dentro; se necesita trabajar en la conciencia a todos los niveles.

Galicia cuenta con costureras en sus hospitales que prolongan la vida útil de las prendas realizando arreglos a la ropa.
Galicia cuenta con costureras en sus hospitales que prolongan la vida útil de las prendas realizando arreglos a la ropa. Senén Rouco

El Sergas cuenta con varios stakeholders (partes interesadas) en esta misión, representantes se sectores económicos, sociales o laborales que aportan su visión. El Clúster de Saúde de Galicia, el Clúster Textil Moda de Galicia (Cointega), el departamento textil de la Universidad Politécnica de Valencia, el grupo de biomasa y desarrollo sostenible del campus de Ourense (Universidade de Vigo), así como la escuela de diseño y moda de Pontevedra, además de otros actores que permanecen por voluntad propia en el anonimato. «Nos interesa que desde la industria de la moda se conozca todo lo que estas sustancias suponen para las personas y desarrollar esos cambios. Pero el cambio es a nivel global. Si vamos transformando la forma de verlo, acabarás por demandar cosas que sean más adecuadas para tu salud».

La coordinación de CEMTex, un proyecto enmarcado en el plan Interreg Europe —una parte del Objetivo de Cooperación Territorial Europea— corre a cargo de una provincia neerlandesa (Güeldres), pero la integran —además de la Axencia Galega de Coñecemento en Saúde— socios de Dinamarca, Italia, Rumanía, Luxemburgo o Chequia. «A causa do conflito con Rusia, como invitado, Interreg Europe permitiu incluir en calidade de asociados a socios estratéxicos de Ucraína, da rexión de Lugansk. Búscase aproveitar estos tres primeiros anos para compartir boas prácticas, pero non teñen a obriga de implementar nada porque a situación é difícil aló», comenta el director da Área de Desenvolvemento e Innovación sanitaria de ACIS José María Romero. La duración total de esta infraestructura será de cuatro años y Galicia también ejercerá de huésped de esta delegación internacional. A la comunidad también le tocará asumir el liderazgo de la iniciativa en el primer semestre del 2027.

Será en el cuarto año cuando se busque implementar mejoras en la sanidad en base a los conocimientos adquiridos.

La bata del futuro

Entre los proyectos que se llevaron a cabo en Dinamarca, Galicia destacó en la elaboración de una bata libre de disruptores endocrinos durante uno de los workshops celebrados en el país nórdico. No obstante, Piñeiro se resiste a dar demasiados detalles sobre cuál el la novedad de una prenda que no aparenta ser el lienzo en blanco óptimo sobre el que dejar volar la imaginación.

«Nuestro equipo, con José María Romero, Kiko Insua y yo, desarrolló líneas importantes en ese diseño. Nuestra bata del futuro gustó mucho porque estaba muy pensada. Vamos a trabajar en base a ella con los stakeholders para ver cómo se puede trasladar su desarrollo a nivel empresarial. Queremos que tenga PFA, sin productos químicos, esto es algo fundamental. Tiene que ser cómoda, porque si tiene diseño pero no es cómoda... Se trata de optimizar, no de rediseñar la rueda. Dentro de lo que ya hay, encontrar nuevas soluciones que nos permitan mejorar», dice sin soltar, valga la redundancia, prenda.

Piñeiro, que fue una de las 300 personas seleccionadas —la única médico— para formarse como líder verde en la Cumbre de Innovación Tecnológica y Economía Circular delebrada en Madrid en el 2018 e impulsada por Barack Obama, lleva años regando la semilla del cambio en el sistema de salud gallego, que ya echa brotes.

Lois Balado Tomé
Lois Balado Tomé
Lois Balado Tomé

A Coruña (1988). Redactor multimedia que lleva más de una década haciendo periodismo. Un viaje que empezó en televisión, continuó en la redacción de un periódico y que ahora navega en las aguas abiertas de Internet. Creo en las nuevas narrativas, en que cambian las formas de informarse pero que la necesidad por saber sigue ahí. Conté historias políticas, conté historias deportivas y ahora cuento historias de salud.

A Coruña (1988). Redactor multimedia que lleva más de una década haciendo periodismo. Un viaje que empezó en televisión, continuó en la redacción de un periódico y que ahora navega en las aguas abiertas de Internet. Creo en las nuevas narrativas, en que cambian las formas de informarse pero que la necesidad por saber sigue ahí. Conté historias políticas, conté historias deportivas y ahora cuento historias de salud.