¿En qué se diferencia el gazpacho del salmorejo? «Ambas son recetas saludables, especialmente, si las elaboramos en casa»
VIDA SALUDABLE
Para escoger la mejor opción del supermercado, los expertos recomiendan comprobar que el producto tiene buenos ingredientes
15 jul 2026 . Actualizado a las 18:00 h.Son las dos recetas estrella del verano. No hace mucho, se limitaban al sur, de donde son oriundas. Ahora, también han conquistado el norte. La mayoría no puede resistirse al sabor y a la frescura del gazpacho y el salmorejo; parecidos en ingredientes con diferencias nutricionales. El primero es una sopa fría de hortalizas. El segundo está a medio camino entre una emulsión y un puré, también frío.
Comparten el tomate, el ajo, el aceite de oliva virgen extra y el pan. Sin embargo, el gazpacho incorpora además pepino, pimiento y vinagre. Las proporciones de ingredientes también cambian. Basta con saborearlos. El salmorejo, por ejemplo, lleva una mayor cantidad de pan y de ajo. De hecho, hoy en día, muchos prefieren eliminar el pan del gazpacho para conseguir una versión más ligera y menos densa.
Ambos son opciones saludables, ya que tienen materias primas de calidad. «Los ingredientes principales de ambos vienen de alimentos propios de la dieta mediterránea. Por ello, son opciones saludables, sobre todo, si los hacemos en casa porque controlamos, por completo, los ingredientes», responde Ana Longueira, miembro del Colegio Oficial de Dietistas y Nutricionistas de Galicia (Codinugal), quien además, recuerda que son platos refrescantes e hidratantes. «Las verduras y hortalizas tienen mucha cantidad de agua, vitaminas y minerales». Algo esencial en verano, especialmente, durante las olas de calor.
Si se analizan desde un punto de vista calórico, el salmorejo es más elevado que el gazpacho. Al tener más cantidad de pan y de aceite de oliva, es más alto en hidratos de carbono y en grasas saludables. Esto no es algo negativo, simplemente un aspecto a tener en cuenta. «En su diferencia nutricional, el gazpacho tiene una menor densidad calórica porque contiene más variedad vegetal, más agua y más fibra», detalla la dietista-nutricionista. Por ello, la experta precisa que, en general, el salmorejo puede ser un plato principal, mientras que el gazpacho es un entrante: «El primero contiene la parte de verduras, el hidrato que es el pan, las grasas y solo faltaría una porción de proteína, que se la podemos poner en forma de huevo picado o jamón. Es un plato más saciante», apunta.
Aunque su elaboración no reviste demasiada complejidad, basta con trocear y triturar los ingredientes, a veces las prisas se imponen. También la comodidad, pues ambas preparaciones son recomendables para llevar a la playa y, precisamente, resulta más fácil transportar un gazpacho o salmorejo comprado en el supermercado. La buena noticia es que, en casi todos los lineales, existen buenas opciones. Para encontrarlas, Longueira aconseja consultar la lista de ingredientes y comprobar que incluya únicamente aquellos que uno utilizaría en casa.
La duda principal, llegados a este punto, es el tipo de aceite que emplean las grandes superficies. La mejor opción es aquella que contenga aceite de oliva: «A nivel de salud, hay muchos estudios que nos dicen que utilizar el paciente de oliva o aceite de oliva virgen extra en la cocina es mucho más saludable cardiometabólicamente», indica.
Tomate y aceite, dos grandes protagonistas
En realidad, antes de ser triturados, los ingredientes de estas preparaciones se asemejan a los de una ensalada. Esto los convierte en una cóctel de vitaminas y minerales. El tomate, protagonista en ambos, es considerado un alimento funcional. Es decir, que aporta beneficios para la salud más allá de su valor nutricional básico. Según una publicación de las investigadoras Inmaculada Navarro-González y María Jesús Periago, el tomate es mucho más que una hortaliza de bajo contenido calórico. Presenta un elevado contenido en agua, cercano al 95 %. Además, aporta fibra y vitaminas, especialmente vitamina C, E, ácido fólico y provitamina A, minerales como el potasio y una gran variedad de compuestos fitoquímicos con capacidad antioxidante.
De estos últimos, el más relevante es el licopeno, el carotenoide responsable del color rojo de la fruta y el compuesto más estudiado. Posee una gran capacidad antioxidante y ayuda a neutralizar los radicales libres, responsables del daño oxidativo celular. Ahora bien, las autoras destacan que, el potencial de este alimento no reside en un único nutriente, sino en el efecto conjunto de todos ellos.
La revisión también analiza las enfermedades en las que este alimento podría ejercer un efecto protector. Destacan las cardiovasculares y algunos tipos de cáncer. En el primer caso, el tomate se ha relacionado con una menor oxidación del colesterol LDL, una mejora de la función del endotelio vascular, una reducción de la agregación plaquetaria, un mejor control de la presión arterial y una disminución de los procesos inflamatorios asociados a la aterosclerosis. Respecto al cáncer, un mayor consumo de tomate se ha asociado con un menor riesgo de tumores de próstata, pulmón, estómago y colon.
Eso sí, los estudios en los que se basa la publicación son de carácter observacional, por lo que permiten establecer asociaciones, pero no una relación de causa y efecto. En otras palabras, el tomate no es un alimento milagroso, sino que sus beneficios deben entenderse dentro del contexto de una alimentación saludable.
El aceite de oliva virgen extra (AOVE) es la principal fuente de grasa de la dieta mediterránea y destaca por su elevado contenido en ácidos grasos monoinsaturados, considerados beneficiosos para la salud cardiovascular. Esta composición lo diferencia de otros aceites, como los de coco o palma, ricos en grasas saturadas, o los de maíz, girasol y soja, más ricos en grasas poliinsaturadas.
Una de las claves de sus propiedades reside en su proceso de elaboración. El AOVE se obtiene exclusivamente mediante procedimientos mecánicos, como el prensado en frío de la aceituna, sin recurrir a tratamientos químicos ni a altas temperaturas. Este método permite conservar los compuestos fenólicos, sustancias con acción antioxidante y antiinflamatoria que contribuyen a proteger el sistema cardiovascular y que, en gran medida, se pierden durante el refinado de otros aceites de oliva.
Por ello, siempre se recomienda como la opción preferente para el consumo diario. Además de sus beneficios nutricionales, soporta mejor las altas temperaturas del cocinado. Aunque parte de sus compuestos fenólicos disminuyen con el calor, mantiene una cantidad suficiente para seguir aportando efectos beneficiosos. «Los estudios epidemiológicos y los ensayos clínicos de intervención nutricional han demostrado que el aceite de oliva virgen extra es eficaz para prevenir eventos cardiovasculares», recogen desde el grupo de nutrición de la Sociedad Española de Arteriosclerosis (SEA).