Enrique Rodríguez, médico: «Si haces estiramientos y te mueves en el trabajo, estás previniendo contracturas y acortamientos musculares»
VIDA SALUDABLE
El presidente de la Sociedad Gallega de Medicina del Trabajo destaca la importancia de que las empresas vean el valor de cuidar la salud
05 ago 2026 . Actualizado a las 17:37 h.Enrique Rodríguez resume en pocas palabras la labor de su especialidad, medicina del trabajo: «Nuestra función fundamental es proteger y promover la salud de los trabajadores en relación con su actividad laboral». Lo consiguen, cuenta el presidente de la Sociedad Gallega de Medicina del Trabajo (Sogametra), con lo que ellos denominan la vigilancia de la salud. El especialista profundiza en cómo el trabajo determina el bienestar, para bien y para mal.
—Son los responsables de realizar el reconocimiento médico, ¿y qué más?
—Muchas cosas. Además de hacer esos reconocimientos, entre nuestras funciones también está analizar los resultados con criterios epidemiológicos, estudiar las enfermedades que se producen en nuestros trabajadores, promover la salud en el lugar de trabajo, evaluar la actitud del trabajador para las tareas concretas o promover la adaptación del puesto de trabajo.
—¿Considera que es una especialidad desconocida?
—Sí, aunque está en crecimiento. Tiene un enfoque para el público menos visible, no formamos parte del circuito asistencial clásico, pero en los últimos años se ha incrementado el número de plazas MIR, por ejemplo, aunque todavía sean muy pocas para la demanda social que existe. Para Galicia, son dos o tres por convocatoria, poquísimas.
—¿A qué riesgos de salud se enfrenta el trabajador realmente?
—Son cuatro grandes bloques. Riesgos que pueden ser de origen físico, ahí entraría el ruido, las vibraciones o las radiaciones. Riesgos de origen químico, como pueden ser los metales, los disolventes o el amianto. Riesgos ergonómicos que tienen que ver con los movimientos repetitivos, las posturas forzadas o el diseño inadecuado del puesto de trabajo. Y los riesgos emergentes que son los psicosociales, el estrés, el burnout, la violencia en el trabajo, la sobrecarga cognitiva o el acoso laboral. Estos son los cuatro grandes bloques de riesgo.
—Han publicado recientemente un protocolo centrado en la salud de la mujer.
—Efectivamente, es un protocolo de promoción de la salud de la mujer en el entorno laboral. Con él pretendemos dar visibilidad a toda una serie de síntomas y de patologías infradiagnosticadas. Nos referimos a la sintomatología relacionada con la menopausia, riesgos y complicaciones de la osteoporosis y salud uterina, y más concretamente miomas y endometriosis. Los exámenes de salud, la vigilancia de la salud, no solo debe contemplar las enfermedades relacionadas con el trabajo, sino que también debe integrar las patologías comunitarias más prevalentes. De ahí el protocolo, que va a tener un impacto muy importante.
—¿Cómo se debería aplicar?
—Sería una herramienta que se incluiría en la anamnesis, es decir, en las preguntas que se realizan para la realización del reconocimiento médico. Hemos hecho un protocolo muy funcional y muy sencillo, y luego con un algoritmo de decisión por parte del médico para saber qué es lo que tiene que hacer en cada caso, si dar consejo, si derivar al médico de cabecera o directamente al ginecólogo.
—¿Cómo se mejora la salud desde el trabajo?
—Existen muchísimas medidas. Hay múltiples formas efectivas y que son de muy alto impacto. Influye el diseño ergonómico del puesto, la rotación de las tareas, las pausas estructuradas, el control de la carga mental, el reconocimiento del trabajo, porque al final, a todos nos gusta que se reconozca nuestro trabajo. El estilo de mando, la participación del trabajador y la progresión profesional. Y luego todo lo derivado de la promoción de la salud en el entorno laboral. La alimentación saludable en los comedores, los programas de actividad física en el trabajo, los programas de deshabituación tabáquica o de prevención de cáncer.
—Mucha gente pensará que su salud mejora no yendo a trabajar.
—El mal trabajo deteriora la salud, como es evidente. Pero el trabajo bien diseñado mejora la salud física, mental y social. Además, hay evidencia científica en salud pública que demuestra que la inactividad laboral prolongada aumenta el riesgo de depresión, de deterioro funcional y de mortalidad en determinados grupos. De media, el desempleo prolongado disminuye la esperanza de vida en torno a un año o año y medio.
—Habla de programas de ejercicio físico o de deshabituación tabáquica en el trabajo, pero aquí hay un actor básico que es la empresa y su compromiso, el cual no siempre existe.
—Sí, pero hay que intentar que el empresario entre más en este tipo de cuestiones, hacerle ver el valor que tiene todo esto. La vida en el mundo del trabajo ha cambiado mucho. Ahora priman cosas que no importaban hace tres décadas. Nuestra escala de valores y de necesidades ha variado mucho en estos años. Y hay que adaptarse a esta nueva realidad. Cuando yo empecé en todo esto, los riesgos que teníamos más en cuenta eran los higiénicos y los de seguridad en el trabajo. Hoy en día priman los riesgos de tipo psicosocial. No es que antes no existieran, sí lo hacían, pero no emergían, no los teníamos en cuenta. Los de seguridad, los de ergonomía y los higiénicos se van controlando cada vez más.
—¿Hasta qué punto es común el síndrome del «burnout»?
—Depende. Las estimaciones son muy variables. Esto depende del cuestionario que se utilice porque no hay medidores objetivos. Y además, el término está sobreutilizado. Hay autores que hablan de un 10 % e incluso otros que hablan de un 30 %. Sobre todo se da en trabajos que tienen un componente emocional importante como los sanitarios, el personal educativo o el personal de servicios sociales.
—En los congresos en los que su sociedad participa tratan temas como el déficit de la vitamina D o de la prevención de la osteoporosis. ¿Se puede prevenir desde el trabajo?
—Sí, cuando hablamos en congresos de medicina del trabajo no solo tratamos la enfermedad laboral estricta, sino que hablamos de salud global del trabajador y determinantes de salud en la población activa. Y esas son las enfermedades comunitarias que tienen más prevalencia, o también hablamos de envejecimiento. El trabajador es un conjunto. Cuando estudiamos al trabajador, estudiamos sus riesgos del trabajo, que pueden ser vibraciones, de ruido, radiaciones o químicos, pero también vemos cómo está la salud global del trabajador, sus factores de riesgo cardiovascular, cómo están sus transaminasas. Por ejemplo, un trabajador de oficina sedentario y con baja exposición solar, tiene más riesgo de déficit de vitamina D.
—Si pienso en Medicina de Trabajo, pienso en las medidas para corregir la iluminación o en las recomendaciones de postura. ¿Siguen teniendo efecto?
—Sí, son útiles sin duda. Es evidente que si tú tienes una buena postura corporal te va a aportar beneficios físicos, te va a reducir las molestias de espalda, los dolores, te va a mejorar la movilidad y va a favorecer tu imagen. La iluminación adecuada va a prevenir deslumbramientos y fatiga visual. Si haces estiramientos y te mueves, estás previniendo contracturas y acortamientos musculares. La clave siempre es adaptar el trabajo al trabajador. Para eso tiene que existir un buen diseño de trabajo, una carga de trabajo adecuada y hay que tener en cuenta el entorno y cómo está organizado ese trabajo. Eso es una organización saludable.
—Hay enfermedades como la migraña que dificultan trabajar en ciertos espacios, como aquellos con mucha luz. ¿La empresa debe adaptar el puesto de trabajo?
—Se requiere una valoración individualizada. Hay que tener en cuenta todos los factores que rodean al trabajo y sopesarlos juntamente con las características clínicas de esa persona trabajadora. No se adapta por la enfermedad, sino por la limitación funcional frente a esas exigencias del trabajo cuando el puesto actúa como desencadenante o agravante. En Medicina del Trabajo manejamos un concepto que es el de especial sensibilidad y nos referimos con esto a aquellos trabajadores que por sus características personales, estado biológico o por su discapacidad física, psíquica o sensorial, tienen una susceptibilidad superior al resto de los trabajadores frente a un determinado riesgo. Tras el estudio, tras la entrevista personal, la historia clínica laboral, la exploración médica y la valoración si procede de informes médicos y otros especialistas, realizamos el informe médico y determinamos si la persona trabajadora tiene limitaciones para realizar su actividad profesional y la adaptación razonable correspondiente que hay que hacer en función de cada caso. Esa adaptación puede ser de carácter temporal o puede ser de carácter definitivo, depende de los casos.