Daniel Sanjuán, fisioterapeuta: «La mejor postura es la que menos dura»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

El fisioterapeuta y profesor universitario Daniel Sanjuán.
El fisioterapeuta y profesor universitario Daniel Sanjuán.

El divulgador en redes, conocido como Píldoras Anatómicas, lamenta que la población no conozca bien todos sus tejidos y estructuras

02 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

¿Cómo es posible que a uno le duela la espalda si las pruebas diagnósticas no arrojan ningún resultado? Más de uno se habrá hecho esta pregunta ante una molestia que no se solucionaba. Daniel Sanjuán, fisioterapeuta, profesor universitario y divulgador en redes conocido como Píldoras Anatómicas, publica Tu cuerpo no está roto (Larousse, 2026), en el que cuestiona muchas afirmaciones que forman parte de la creencia popular. 

—¿Conocemos bien las estructuras que componen nuestro cuerpo?

—Creo que conocemos muy poco. Ahora soy profesor de Anatomía y hablando con otros profesores, la sensación que tenemos es que el cuerpo humano es extremadamente complejo. Y no solo por la anatomía, es decir, por las estructuras que podemos identificar, sino también por cómo funciona cada una de ellas y, sobre todo, por cómo interactúan entre sí. Por eso, es normal que para la población general sea todavía más difícil. De hecho, a veces sorprende lo poco que sabemos sobre nuestro propio cuerpo. Una explicación muy sencilla sobre una determinada estructura o sobre cómo funciona puede hacer que una persona entienda por qué le ocurre algo.

—En su libro cuenta que es muy habitual decir, de forma incorrecta, que uno tiene una contractura o que un músculo se ha montado encima de otro. ¿Por qué no es cierta esta creencia?

—Sí. Esto no es culpa de nadie y, a la vez, es culpa de todos. Los profesionales sanitarios, en general, siempre hablamos desde la ciencia y terapia, pero muchas veces, queremos simplificarlo. Por ejemplo, las contracturas, que no son tal cual las describimos. Es decir, tú puedes tener un dolor muscular que te refiere hacia la cabeza, y no significa que tengas una contractura. Nos las imaginamos como si pasamos la mano por el músculo, tuviéramos un botón que al masajearlo se desactiva, por eso se cura. Y no es necesariamente así, es decir, las contracturas existen, pero sobre todo las contracturas existen en patología neurológica, es decir, en personas que ese músculo, esas fibras se contraen de manera permanente y no se pueden relajar. A lo que nosotros nos referimos con contracturas son puntos de rigidez, de hiperexcitabilidad, que están en un músculo y que a ti, debido a un motivo concreto, te generan un problema. Por ejemplo, un albañil que está montando techos. Ahí es normal que, al mirar durante horas al techo, le duela y se maree. Lo que sucede es que esa musculatura está hiperexcitabilizada y más rígida de la cuenta, y la percepción de tu cuerpo es que te duele. Pero no tienes un nudo que yo deshago y se va. Lo que nosotros hacemos con las técnicas de fisioterapia es conseguir que esa percepción de dolor disminuya. Pero no curamos, sino que hacemos que ese sistema nervioso baje un poquito las revoluciones.

—En el libro va desgranando uno a uno los tejidos que componen el organismo. De los huesos dice que no son tan duros como uno se los imagina.

—Sí. Obviamente, los huesos son duros, pero tienen varias capas. Una externa, que es donde está toda la vascularización e inervación. Y luego en el interior, hay una parte que se llama el hueso esponjoso, que es donde está la médula ósea. Por así decirlo, tiene vida. Ahí se generan un montón de procesos a nivel inmunológico. Por eso, pensar que el hueso es duro y que es algo estanco, como una escayola, no es verdad. De hecho, se está remodelando cada día. Evidentemente, no lo hace al completo, sino que sus células van poco a poco hasta que el proceso es total. Es más, el hueso no es el mismo hoy que dentro de diez años, es completamente diferente. 

—¿Se sigue asociado al músculo con el deporte?

—Sí, se piensa mucho que el músculo es para la persona que hace deporte. De todas formas, pienso que cada vez se toma más conciencia, porque se sabe que los músculos no son solo una cosa que mueve el cuerpo, sino que son un órgano endocrino. Es decir, que muchos procesos hormonales se dan gracias a esa actividad muscular. Y mucha gente piensa que hay que estar muy fuerte para estar saludabale, y no. En realidad, hay que activar esta musculatura, hay que moverla para que se produzcan esos procesos. Parece una obviedad, pero si tú eres una persona que tiene noventa años y eres capaz de hacer una sentadilla con veinte kilos, cuando te quieras levantar del baño, te resultará mucho más fácil que a una persona que no está acostumbrada a hacer ese gesto.

—De los tendones explica que son la conexión de los huesos y los músculos.

—Sí, el tendón conecta músculo con hueso. Lo que hacen, sobre todo, es transmitir la fuerza. Es decir, cuando quieres hacer fuerza, el músculo se contrae, las fibras se acortan y el tendón absorbe esa fuerza para poder hacer el movimiento. Sin tendones no podríamos movernos. De hecho, muchas veces, cuando alguien se rompe un tendón, más allá del dolor, la persona no se puede mover. Creo que es importante entender cómo se tratan los tendones. En el caso de una tendinopatía, por ejemplo, se suele recomendar reposo y antiinflamatorios. El problema es que el tendón necesita carga para poder curarse, necesita estímulo, por eso a mucha gente le vuelve a doler. Sus células, los tenocitos, necesitan —hablando de una manera muy burda— una carga para que puedan comunicar la información entre sí. Por eso, a veces tenemos que hacer ejercicio, para que vaya comunicando esa información y vaya estando mejor. A veces hay que bajar la carga de entrenamiento, pero eso no significa hacer reposo.

—Lamenta que la fascia se haya puesto de moda en los últimos años, con más márketing que rigor. ¿Por qué?

—Es cierto que al estudiar el cuerpo, siempre se divide en bloques, pero cuando haces una disección anatómica, ves que todo está conectado. Hay una capita que envuelve todo, que es la fascia. Es un tejido conectivo, que empaqueta y conecta estructuras. Ahora bien, de ella sabemos bastante poco. Es decir, sabemos que, por ejemplo, comparte características y es parte de la familia de todos estos tejidos, del tendón o del ligamento, porque están formados por colágeno, por fibroblastos. En definitiva, tiene características similares. Ahora, es posible que hayas escuchado que la fascia almacena recuerdos, traumas, sin embargo, esto no es biológicamente plausible. El problema es que se ha convertido en una palabra mágica y como suena científico y misterioso, la gente se lo cree. También sabemos que no se libera con masajes. Decirle a alguien que «estoy liberando la fascia» es muy pretencioso. Un masaje no libera nada, simplemente, tiene un efecto de modulación del dolor. Generas un cambio temporal en el sistema nervioso; alivia, pero no liberamos nada.

—¿Por qué sostiene que, aunque haya un dolor, no tiene por qué haber un daño?

—Imagínate que te levantas por la mañana, te agachas y, de repente, te duele la espalda. Vas al médico, te hacen una prueba diagnóstica y te dicen que todo está bien, que no hay nada roto. Y claro, tú no lo entiendes, porque te duele. Precisamente, el problema del dolor es que no siempre tiene que haber algo mal para que duela. O sea, una cosa es lo que se llama la nocicepción, es decir, el proceso que hace tu cuerpo para avisarte de que algo es potencialmente dañino, que es una sensación del sistema nervioso. Y luego está el dolor, que es la respuesta a esa sensación. Dos personas van a tener dolores diferentes, a pesar de que la lesión sea la misma. Y esto es así porque el dolor es una respuesta que está condicionada por muchos factores; viene de cómo cada uno percibe lo que se ha hecho. Es una experiencia, no es algo objetivo.

—¿Qué factores condicionan el dolor?

—En el libro hablo de los condicionantes como algo que amplifica el dolor y que lo reduce, como si subiésemos y bajásemos el volumen. Al final es verdad que es una experiencia del sistema nervioso. El miedo, dormir mal o el estrés crónico lo amplifican. 

—También destierras varios mitos. ¿Hay que sentarse recto para mantener una buena postura?

—No, lo que hay que pensar es que la mejor postura es la que menos tiempo dura. Parece una cosa rara, pero tienes que pensar que cuando estás sentado, caminando, haciendo una tarea concreta, tu cuerpo necesita movimiento. Durante mucho tiempo, se ha pensado que la mejor manera de sentarse, la forma más óptima, era estando recto, porque eso haría que me duela menos porque los tejidos, que sufrirían menos. Pero no es así. Al final, se ha visto que a pesar de que tú puedas estar en una posición encorvada o en una posición recta, el hecho de que estés muchas horas estática ya va a condicionar que te pueda doler. Por eso, lo que se recomienda es todo lo contrario: moverse y cambiar de postura cada cierto tiempo.

—¿Cada cuánto?

—Cuantas más pausas activas puedas hacer, mejor estarás en tu día a día.

—Dice que los esguinces no se abordan bien.

—Sí. Muchas veces, aún sigue ocurriendo que una persona va aun servicio de urgencias y le ponen una escayola. Algo que en la mayoría de los esguinces debería no hacerse, porque no hace falta una inmovilización precoz de tantos días al principio. De hecho, movilizarlo desde los primeros días es positivo. Después, también se trata mal porque no se le explica a la persona lo que le ocurre, y hay ocasiones en las que si lo haces, si le dices a la persona que el esguince es un daño en un ligamento, que no pasa nada porque apoyes el pie, que tienes que tener precaución con estos gestos, pero caminar y hacer algo de ejercicio, será positivo, va a hacer que tengas menos miedo, te muevas cada vez más y hagas caso a esos ejercicios que te deberían mandar para que poco a poco seas más capaz de volver a tu actividad habitual.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.