Chantada, una feria demasiado precoz

Solo cuatro de las dieciséis bodegas participantes en la última edición vendieron vinos de la cosecha del 2016


CHANTADA / LA VOZ

Todas las ferias vinícolas de la Ribeira Sacra surgieron con un mismo propósito. En un territorio volcado tradicionalmente en la elaboración de tintos y blancos del año, lo propio era poner a la venta entre la clientela la última cosecha. Vinos que sin duda estarían mejor con unos meses más de afinado, pero a los que nadie parece poner grandes reparos en su juventud. Los tiempos cambian y Chantada se aleja de la ortodoxia. Tanto es así que en la última feria solo cuatro de los dieciséis participantes llevaron vinos del 2016.

Al público no pareció importarle. Todos los vinos premiados en la cata popular eran de añadas previas al 2016, más hechas y con menos aristas a estas alturas. El jurado oficial, por el contrario, se inclinó por la juventud de la última cosecha a la hora de elegir a los mejores. Más allá de los criterios técnicos, parece una decisión coherente con la filosofía de la feria. ¿Daría buena imagen que ganase un vino de una añada anterior? «Particularmente, lo mejor me parecería crear una categoría para esos vinos», dice Luis Buitrón, presidente de la Asociación Gallega de Enólogos.

Fue su asociación la encargada de organizar este año la cata oficial de la feria, en la que concursaron en una misma categoría vinos del 2016 y de cosechas anteriores. En una feria tan temprana, los vinos del año compiten en principio en inferioridad de condiciones. Pero no quedaba otra salida. De lo contrario los tres primeros premios se dilucidarían entre las cuatro bodegas que llevaron a la feria vinos de la vendimia más reciente.

A lo largo de la feria, los bodegueros ya abordaron la posibilidad de retocar el reglamento con vistas a la próxima edición. De ese modo, habría premios para tintos y bancos de la última cosecha, elaboraciones en barrica y vinos de añadas anteriores. Los responsables municipales también están por la labor si los protagonistas de la muestra vitícola abogan por esa solución. Este año ya hubo algunos cambios. Por ejemplo, se dieron a conocer los vinos ganadores tras la comida oficial del domingo. En las últimas ediciones, no se sabían como mínimo hasta una semana después de la feria.

El mismo calendario

Las fechas de celebración no constituyen un problema solo para la feria de Chantada, que junto con las de Amandi y Pantón solo pone a la venta vinos con la contraetiqueta de Ribeira Sacra. También en Sober es un tema recurrente la escasez de tiempo para que los vinos exhiban todo lo que pueden dar de sí. Pese a ello, nadie está dispuesto a plantear siquiera cambios en un calendario que impone la tradición.

«A feira debe ser un escaparate do viño novo», opina un bodeguero chantadino. Otro de los participantes en la feria defiende, muy al contrario, que los vinos del 2016 «non están feitos». Hechos o no, todo indica que la gran cita para las bodegas de Chantada seguirá siendo dos semanas antes del Domingo de Ramos, cuando los cosecheros de Sober recogen tradicionalmente el testigo. Y el mejor vino será una vez más el que esté vendido, y a poder ser pagado.

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