Volveré a ser la dueña de mi vida


Querida anorexia:

Te me presentaste como la solución a todos mis problemas, me decías que contigo por fin sería feliz, que me arreglarías la vida, que todo el mundo me haría caso. Me vendiste la perfección como la solución a todo, y al final ni contigo encontré la felicidad.

Recuerdo que siempre decía «voy a cerrarle la boca a todos los que me llamaron gorda, incluida a mí misma», pero se me fue da las manos. Creía que lo tenía controlado, pero no era así, era y soy tu marioneta a la que torturas día tras día, y con la que te sacias.

Siempre hice todo lo que quisiste, y para ti nunca era suficiente. Me hacías creer que tú estabas de mi parte, que eran los demás los que querían hacerme daño, y aun hoy, por momentos, me convences, pero no me voy a dejar engañar más por ti, porque contigo lo único que hago, si sigo tu juego, es cavar mi propia tumba.

Todo aquello que me vendías de la vida perfecta siendo delgada, dime, donde está, porque llegué a pesar 40 kilos y según los demás mi índice de masa corporal era muy bajo, y nunca llegué a saber cómo era esa vida perfecta con la que tanto me hacías soñar.

Para ti daba igual lo que pesara, siempre iba a estar gorda, solo me metiste en un pozo del que ahora no doy salido. Pero quizás no sea culpa tuya, sino mía por dejarme engañar y dejarte entrar en mi vida, dejando que te adueñaras de ella. Porque es así, me quitaste mi vida, me provocaste dolores físicos y emocionales, mal humor y me alejaste de todo el mundo; me quitaste la ilusión por todo. Solo existías tú.

Me provocaste discusiones con las personas que más quería, porque solo era capaz de escucharte a ti, me manipulaste de tal forma que para mí solo tú tenías razón, y seguí tu juego hasta que me pararon los pies. Sí, por tu culpa me metieron en ese hospital más de un mes, me encerraron dos días entre cuatro paredes, sola; de nuevo estabas tú con la excusa de siempre, que tú no me dejas sola, que no dejas que engorde, ni que me ponga obesa, que me ayudas...

Pero sinceramente quiero que te vayas. No quiero seguir siendo tu esclava, tu marioneta. Quiero mi vida feliz y voy a luchar por ello, sin ti. Y caeré mil veces pero al final lo conseguiré. Volveré a disfrutar de la comida; ni mi físico, ni mi peso me importarán, me querré y me valorare, y nunca más me dejare pisar por nadie, y mucho menos por ti. Seré feliz de verdad.

Volveré a tener mi vida, volveré a ser la dueña de mi vida. Se acabó, no voy a dejar que me sigas haciendo daño. Y sí, volverás muchas veces a intentar convencerme, pero ten por seguro que no voy a dejar que me ganes, por que por mucho que me digas, valgo más que todo lo que tú me exiges.

Este artículo de opinión está escrito por una chica de 16 años diagnosticada con anorexia. Ella prefiere permanecer en el anonimato, así que quien lo difunde es la asociación Cior Monforte, creada para luchar contra los trastornos alimenticios

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