La ermita de Nuestra Señora de los Campos y la peste que asoló Monforte

Un coleccionista monfortino conserva la única foto que se conserva de la vieja capilla del monte de San Vicente


monforte

Siguiendo la documentación del monasterio de San Vicente do Pino, la desaparecida ermita de Nuestra Señora de los Campos, fue levantada en el año 1579. Existe la extendida y errónea afirmación de que los condes de Lemos decidieron edificarla, coincidiendo con el origen del voto de bendición de los campos de Lemos, para realizar en ese lugar la citada ceremonia motivada por la peste que azotaba esta tierra. Habían elegido ese escenario para la ofrenda que instauraron a San Roque, que tendría la condición de perpetua y sería renovada todos los años el día 16 de agosto. En este voto está la raíz de la actual celebración del martes de Pascua. Pero en realidad, la ermita había sido construida casi veinte años antes, como certifican varios documentos históricos, entre ellos, el libro registro de escrituras de fray Mancio de Torres, realizado en 1613.

La única fotografía conocida que se conserva en la que aparece este histórico lugar pertenece a José Luis Martínez Montero, propietario de una valiosa colección de libros, publicaciones y fotografías antiguas de Monforte. En una de las muchas imágenes históricas que ha conseguido reunir, captada posiblemente a finales del siglo XIX, se aprecian las ruinas de la ermita de Nuestra Señora de los Campos junto con la tau utilizada por los condes de Lemos en sus construcciones. Era un símbolo que empleaban, entre otros móviles, a modo de amuleto y con la esperanza de prevenir de la peste.

Al cuidado de una mujer

En la foto figura grabada en la piedra la fecha de 1679. Recordemos que la construcción de la ermita es anterior en un siglo. Tal vez en el año indicado se realizaran obras de mejora, o hubo algún tipo de hecho que aconsejó cincelar esa fecha en sus piedra. Tenemos noticia de la ermitaña que cuidaba del singular templo religioso en 1628, cincuenta años antes del año que figura en la fotografía. Isabel de Casanova fue la primera mujer en la nómina de personas que se hicieron cargo del cuidado de esta sencilla y, a la vez, histórica ermita.

En décadas pasadas, por otro lado, se celebraba en este bello paraje la romería en honor a Santa Uxía, siendo muy concurrida. Era típico subir al monte con carros, burros o simplemente a pie. Las empanadas de páxaras o papuxas y el buen vino de la zona no faltaban en los manteles en aquella fiesta, que posiblemente fuese para los monfortinos lo que hoy significa la romería que se celebra en A Parte en honor a San Mateo. En algunas bodegas seculares, que son cuevas labradas en la propia roca del monte de San Vicente, y que hoy perduran, se expedía el vino para la romería de Santa Uxía.

El abandono al que, por diversas causas, fue sometida la ermita de Nuestra Señora de los Campos motivó su ruina y posterior desaparición. La principal razón fue la marcha obligada de los monjes de San Vicente do Pino como consecuencia de las exclaustraciones derivadas de las desamortizaciones de la primera parte del siglo XIX.

Efectos de un huracán

En libros y publicaciones de finales del siglo XIX -El Cabe, año 1883, o Monforte sus monumentos, leyendas y tradiciones, de Ricardo Rodríguez Vilariño de Barbeito, año 1896, se pueden leer noticias de la época, muy ilustradoras. En El Cabe se publica en esas fechas esta crónica local: «El jueves último, con motivo de visitar los monumentos tuvimos ocasión de ver el lamentable estado en que se encuentra la carretera que conduce a la capilla del Campo de la Virgen y a la iglesia de S. Vicente; así como también el destrozo causado en dicha capilla por un árbol que derribado por el huracán que se dejó sentir una de las noches del pasado Febrero, cayó sobre ella. A todo esto nuestro benemérito Ayuntamiento no se dispone a reponer ninguno de estos desperfectos».

De las bodegas que perduran en este histórico paraje monfortino, existen referencias documentales sobre su existencia desde el siglo XV. En el inventario de los títulos de pertenencias del Monasterio de San Vicente do Pino del año 1821 se lee: «Escritura de permuta otorgada en el día nueve del mes de mayo año de 1637, ante Francisco López de Sobrado, escribano de S.M. y vecino de la Villa de Monforte por la que este monasterio adquirió dos bodegas en el Campo de la Virgen dadas en virtud de dicha permuta por la madre Sor Catalina de la Concepción del convento de Descalzas de la dicha villa».

En ese inventario se alude a un aforamiento relacionado con las bodegas del monte de San Vicente: «Una escritura de foro otorgada por Tomas Antonio de Arzua Contador Mayor de los Estados de Lemos, como apoderado del Excmo Sr. D. Ginés Fernando Ruíz de Castro Conde de Lemos en 22 de agosto año de 1691, ante Andrés Pascual Vázquez de Piñeiro, escribano de esta villa, a favor de Pedro Rodríguez Mosquera, vecino de ella, de un sitio junto la hermita de Nuestra Señora con el fin de fabricar una bodega en renta de un real de vellón para el aforante».

La causa principal de su abandono fue la marcha de los monjes tras la desamortización

Un voto que aún se mantiene y que tuvo su origen en una epidemia

El origen de este histórico voto de renovación de los campos, en el que hunde sus raíces la actual celebración del martes de Pascua, tiene su origen en una calamitosa peste que azotó de una manera muy severa a las tierra de Lemos, en los últimos años del siglo XVI. Un documento que se custodia en el archivo municipal, sin duda alguna, uno de los de mayos valor histórico de cuántos se conservan en este lugar, se hace eco de aquel episodio; «En la villa de Monforte de lemos a catorce dias del mes de julio del nobenta y ocho años, el licenciado Ruy gomez corregidor desta villa dixo que por quanto las puertas de esta villa y los postillos de la cerca en las partes que estan caidas y la puerta de nuevo se hiço en la puente y otras que estan en Santo antonio estan mal echas y todo tiene nescesidad de repararse de nuevo y de cerrarse del todo algunos caminos para guardedela peste y que no entren en estadha villa y suarrabaldo persona ninguna de los pueblos inpcionados».

El documento es del año 1598 y permanecía inédito hasta que pude recopilarlo para una investigación. El texto que se conserva en el archivo municipal alude a las medidas que adoptaba entonces el Ayuntamiento para evitar que se propagase la peste y especialmente para evitar que accediesen a la villa personas portadoras de la enfermedad.

Tapias altas de madera

«Se deben çerrar con sus tapias altas de madera que no pueda entrar por ellas persona ninguna y las dhas puertas que estan en al puente y hacia sant antonio las ponga con sus llabes y cerraduras de manera que sin horden de la guarda no puedan entrar de dia ni de noche persona ninguna y aga que se aga una puerta en el camino que ba para el colegio de la compañía y ayuda a lo mas que le pareciere  neçesario para la guarda desta villa y arrabal y en caso que los susodichos reusen de prestarla dha quantia de maravedis dabaldio comision de alguacil mayor para que les compela a ello y ansi lo probe(...) Firmo el licenciado Ruy gomez ante mi antonio felpeto escribano», recoge textualmente este documento.

El Ayuntamiento pedía tapiar las entradas para que evitar la entrada de enfermos

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