Así se repara una cúpula de granito de 400 años a cerca de 40 metros de altura
MONFORTE DE LEMOS
Canteros y restauradores trabajan en las obras de sellado de los Escolapios
17 sep 2025 . Actualizado a las 19:34 h.No es fácil alcanzar a verlo o apreciarlo con los andamios que la rodean, pero la cúpula de la iglesia de la Compañía, en Monforte, ya tiene otro aspecto. Han pasado cuatro meses desde que empezaron las obras de sellado de grietas y la cúpula luce como rejuvenecida. Es gracias a la limpieza del musgo, los líquenes, el material vegetal y la tierra que con el tiempo se habían ido acumulando en su superficie y en las rendijas entre las piezas de granito de la que está construida. El objetivo es acabar con la entrada de agua en la iglesia, en el cuerpo central del colegio de los Escolapios.
«Hai corenta anos que non se fai un traballo intenso de mantemento da cúpula e este edificio precisa mantemento, como calquera outro», cuenta el director de la obra, el arquitecto Manuel Freire, para explica la razón de estas obras. El proyecto en marcha, que tiene un presupuesto de 572.000 euros y llega después de un diagnóstico de lesiones estructurales y deterioro llevado a cabo en el 2024, trata de acabar con las filtraciones de agua en el interior del edificio.
La cúpula fue terminada en el 1619 y en sus cuatrocientos años de vida ha ido acumulando diferentes reparaciones, más o menos profundas.
Una de las primeras llegó tras el terremoto de Lisboa de 1755, que dejó grietas en la cúpula, pero después vinieron otras.
Las más recientes fueron en los años 50 y 80 del siglo XX, esas últimas después de la caída de un rayo en lo alto del edificio. En alguna de esas dos reparaciones se empleó cemento de mortero, un material muy rígido y proclive a agrietarse. «E ademais ese cemento lévase mal co morteiro de cal, que era o orixinal do edificio», explica Manuel Freire.
El desgaste de ese cemento
Todo apunta a que las filtraciones más recientes, tan intensas que los dos últimos inviernos hubo que tapar con plásticos los bancos de la iglesia, tienen que ver sobre todo con el desgaste de ese cemento aplicado en las juntas de las piezas que forman la cúpula.
Una vez hecho el diagnóstico y comprobado el alcance del problema, lo primero fue levantar un andamiaje que permitiese a los especialistas trabajar con un mínimo de seguridad. «Fácil non foi, non», resume entre risas Martín Figueiras, el encargado de la obra.
La cúpula se levanta cerca de cuarenta metros sobre el suelo y es circular, así que los andamios tenían que ser muy altos y tener una forma peculiar. El acceso está asentado en la parte trasera del edificio, en el patio exterior del colegio. El primer tramo de andamio es una torre recta, pero al llegar al tejado se hace circular y asciende adaptándose a la forma semiesférica de la cúpula. El andamio tiene en total más de veinte pisos.
Después de resuelto el acceso, empezó el trabajo de preparación de la cúpula. De lo que se trataba era de sellar bien las juntas con un material más apropiado que el cemento de mortero, pero antes de eso había que limpiar bien la superficie y eso se hizo con dos pasadas, una con manipulación en seco y otra en la que emplearon agua para humedecer el material a retirar. Lo siguiente que hubo que retirar fue el cemento, aunque en algunas juntas ya no es que estuviese roto, sino que ya se había desprendido, para llegar al mortero original.
Sobre ese material de sellado original están aplicando ahora mortero del denominado antisísmico. «É o que menos humidade absorbe», explica el arquitecto que dirige la obra.
El trabajo manual de limpieza y sellado de la cúpula lo están llevando a cabo canteros y restauradores. Los primeros son los que mejor conocen la piedra de granito con que está construido todo el edificio y los segundos son necesarios sobre todo en la parte de la cúpula que tiene piezas labradas a modo de decoración.
El número de trabajadores sobre el terreno no es siempre el mismo, pero en los momentos de más actividad llegan a estar tres restauradores y tres canteros.
Ventanas hechas en O Incio
Más allá del trabajo estricto de sellado de la estructura, cuando comprobaron el estado de la cúpula los responsables del proyecto se encontraron con que también era necesario cambiar los marcos de madera de las ventanas que están en su base y en la del cupulino (la cúpula pequeña que corona la otra), y que iluminan la iglesia.
Es necesario hacerlo, dice Manuel Freire, porque «os edificios hoxe son máis estancos que antes». Cuando en 1995, la casa de Alba cedió el terreno de la antigua huerta del colegio de los Escolapios, transformada después en el actual Parque dos Condes, el Ayuntamiento de Monforte financió la renovación completa del tejado del colegio, con la instalación de tejas nuevas y un forjado de hormigón.
El aislamiento mejoró mucho y la iglesia tiene ahora calefacción, así que el aire caliente sube y se acumula con toda su humedad en la cúpula, la parte más alta de todo el colegio. A la cúpula va también todo el aire caliente del bajo cubierta del resto del edificio, porque está conectado con ella. Hacen falta unas ventanas que permitan la ventilación, y las que había no estaban pensadas para eso.
De la fabricación de las nuevas ventanas se encargan los carpinteros de Muebles Incio, una empresa de ese municipio. El diseño ya está listo y ahora falta que las hagan todas para su posterior instalación.
También están pendientes otros detalles menores, como la sustitución de algunas piezas de la cruz metálica que está en la parte más alta de la cúpula, que están muy oxidadas y algunas son irrecuperables y hay que sustituirlas.
Cosas de la edad de un edificio que ha visto pasar ya cuatro siglos y en el que no se derrocha en mantenimiento precisamente. «Leva catrocentos anos soportando auga, sol, neve e xeo», explica gráficamente Manuel Freire.
Esta reparación está pensada para durar, pero este arquitecto advierte que no va a ser eterna. «Esta cúpula dilátase no verán coa calor dos veráns de Monforte, e no inverno encolle co xeo», explica. Ese movimiento acaba deteriorando el granito, así que descuidar el mantenimiento no es buena idea. «Co tempo aos edificios sáenlles fendas igual que á xente lle saen engurras, e ante iso a única solución é coidalos», resume Manuel Freire.