El entorno del Pazo dos Deportes, un abandonado escaparate de Lugo

Una farola derribada acaba depositada bajo una valla publicitaria, una acera se hunde y hay escaleras destrozadas

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lugo / la voz

Si hay un escaparate de lo que puede ofrecer la capital lucense, ese es el entorno del Pazo dos Deportes, la cancha en la que el Breogán recibe a los equipos con los que compite. Es una entrada a la ciudad, en pleno borde del campus universitario y el pie del Miño. Tan privilegiado ámbito urbano no recibe el trato que merece. Lo que se relata seguidamente, y las fotos que ilustran esta información, lo demuestran.

En la explanada del pabellón, usada como aparcamiento, algún vehículo se llevó por delante una farola. Como dato anecdótico, pegado en el báculo un cartel informaba de una limitación en el uso del estacionamiento. El caso es que báculo y farola acabaron en el suelo. Y allí estuvieron unos cuantos días; eso sí, delimitados por unas vallas y unas cintas plásticas. Y alguien decidió que aquello no podía seguir así y tomó cartas en el asunto. Pero no para trasladar la farola a un almacén, depósito o chatarrería a la que se lleven las farolas derribadas; no: la situaron bajo uno de los grandes paneles publicitarios que hay en los bordes de esta explanada. Allí sigue. Donde antes estuvo la farola, unas vallas tumbadas, con el anagrama de la Diputación, parecen un intento de evitar algún riesgo de tropezón. A unos metros, a un par de pasos desde la farola, de la luminaria hecha trizas, hay un sumidero sin rejilla; seguramente, acabó en alguna chatarrería. Nadie se ocupa de reponerla. El sumidero está lleno de basura y es poco probable que sirva para su fin: drenar las aguas pluviales.

Justo al otro lado de la explanada en la que duerme su sueño metálico la farola, hay otro gran cartelón publicitario. Es una enorme valla publicitaria. Y se está cayendo. Está ya muy inclinada en uno de los extremos, hasta el punto de que el panel está retorcido y prácticamente está arrancado el cemento que afianzaba en el suelo una de las patas. Que el suelo se hunde, se desliza hacia el talud a cuyo pie corre el tramo de pista por el que antes se llegaba a la N-VI, lo demuestra que la acera de la explanada del pabellón está levantada y agrietada. El hundimiento del terreno provocó un badén en la calzada; a la institución responsable, solo se le ocurrió rellenarlo con pavimento, con alquitrán.

Las que quedan reseñadas son solo algunas de las deficiencias apreciables en este entorno urbano; todas fáciles de solucionar, con la única condición de que quien es responsable de la gestión pública demuestre un poco de sensibilidad. Si actúa rápido, solo tendrá que tapar un bache en el acceso; si demora la reparación, pronto será necesario invertir más trabajo y más dinero.

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