Música de sartenes para combatir el alzhéimer

Tino Monjardín, famoso anticuario lucense, usa la imaginación para crear inventos que luchan contra el paso del tiempo

Música de sartenes para combatir el alzhéimer Tino Monjardín, de A Fonsagrada es Inventor y anticuario
manuel
a fonsagrada / la voz

El actor y presentador de la TVG Roberto Vilar popularizó esta frase: «A cabeza non para». Esta afirmación, sin lugar a equivocación, se le puede aplicar a Tino Monjardín, uno de esos personajes de la montaña de Lugo hechos a sí mismos y, porque no decirlo, irrepetibles. Pertenece a una generación que nació entre el final de la República y el primer franquismo y que tuvo que salir hacia adelante a base de esfuerzo e imaginación.

La vida de Monjardín está trufada de aventuras, penurias y éxitos profesionales, pero ahora, con 74 años, afronta una nueva forma de disfrutar de la vida, intentando trasladar sus amplios conocimientos en inventos que surgen de su cabeza y de su oficio. Por el momento, su última obra, y nunca mejor dicho más sonada, lleva por nombre «A troula» o también «Percusión contraelalzhéimer.com». Se trata de una especial batería de sartenes, pero batería musical. «Tiña unhas tixolas antigas e había que darlles unha saída, por iso argallei este invento que chega a conseguir máis de vinte notas musicais», explica feliz como un niño, Tino Monjardín.

Pero esta peculiar mezcla entre escultura e instrumento musical tiene otra función, mucho más realista que artística: «Cheguei a unha conclusión ‘cojonuda’ para a miña idade, na que o alzhéimer xa se está achegando, porque noto que esquezo cousas que antes lembraba, e con este trebello descubrín que podo combinar máis de seis notas, repetindo e sen equivocarme», relata Monjardín con la claridad de ideas del que sabe perfectamente que afronta una nueva etapa en su vida. «Con isto, cando o toco, trato de poñer a andar o cerebro, a poñelo todo en orde. Teño amigos que loitan contra o alzhéimer facendo encrucillados ou outras parvadas nos bares, pero a min iso non me gusta», se ríe Tino.

El origen de «A troula» -que Monjardín hace sonar entre pregunta y pregunta del periodista y del fotógrafo- es un carballo de su finca A Candorca. Una raíz que provocaba ramas torcidas acabó siendo la base del instrumento contra el alzhéimer. Sobre esta raíz fue acoplando, además de las viejas sartenes, otros elementos, como xestas o una pieza de hierro que acaba de traer de Os Ancares. Se trata, pues, de una pieza en constante elaboración, desmontable y manejable, aunque entera pesa unos 80 kilos. Monjardín la toca todos los días, incluso en el medio de un estanque que tiene en su finca. «Como é unha cousa natural, de madeira, pedra e ferro antigo, qué mellor lugar que tocar metido na auga, no medio da natureza». Reconoce que ha conseguido varios tipos de melodías, cada vez con más notas. Incluso, señala, cuando «A troula» se traslada de un lugar a otro, solo con el movimiento ya suena música. «Meu fillo (Brais Monjardín, profesor de música y afamado gaiteiro) só a viu ao principio, pero é unha sorpresa que lle teño preparada e seguro que se anima a tocala», señala Tino.

Mientras, entre notas de tixolas y mangos, la cabeza de Monjardín ni mucho menos está quieta. «Quero facer un monumento dedicado ao tempo, con materiais de reciclaxe de ferro e pedra. Terá máis de seis metros de altura». Preguntado el motivo y cómo se puede plasmar el tiempo en una escultura tan grande, este hombre de mente clara y limpia lo define con simpleza: «Pasamos a vida falando do tempo, de se chove ou vai calor, e ninguén se atreve a facer algo. E por suposto, que a miña obra terá no pico unha ‘veleta’ grande para saber de onde vén o vento».

Esta faceta inventiva de Monjardín es producto de la experiencia y de una cabeza privilegiada. «Non debuxo nada, non sei, non teño nin Primaria, fun labrador e ata o 18 años pastor de ovellas. Choraba porque non podía ir á escola e tiven que defenderme nun medio hostil. Por iso, cando hai dificultades, e tes inquietudes e ganas de traballar, todo serve de acicate para pensar e buscarte a vida». Ni siquiera tiene conocimientos musicales, a pesar de conseguir notas de su peculiar percusión. «É todo de oído, un día púxenme a tocar a harmónica de golpe, e o meu fillo quedou asombrado».

Y Tino Monjardín, ya con 74 años, inventor, anticuario, autodidacta y hombre de la vida, deja una frase: «Invito aos colegas xubilados a que teñan proxectos na cabeza, faiche pensar como facelos e como afrontar os retos».

El DNI

Nacimiento. Nace en 1942 en San Martín de Suarna (A Fonsagrada).

Formación. Durante la mili en A Coruña se forma en pintura industrial, llegando a trabajar 17 años en A Fonsagrada

Anticuario. Desde 1984 se metió en el mundo del arte y el coleccionismo de piezas. Luego, en el sector inmobiliario.

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