Las argollas para atar caballos aún resisten en el paisaje urbano

Solo en algunas casas se conservan estas piezas de hierro tras las obras de rehabilitación

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lugo / la voz

El tiempo y la renovación inmobiliaria se han llevado del paisaje de Lugo elementos que singularizaban algunos ámbitos urbanos. Así, solo queda alguna de la viejas chimeneas que reprodujo el chantadino Ánxel, que se sostiene a duras penas en equilibrio precario. Otras muchas piezas han desaparecido o están a punto de desaparecer. Entre ellas están las argollas de hierro que permitían atar caballos, burros y vacas en las fachadas de las casas. La rehabilitación de edificios no ha respetado estas piezas que tanto uso tuvieron en otros días.

En el casco histórico quedan aún algunas de estas argollas. Pero muy pocas y prácticamente ninguna en casas rehabilitadas. En edificios aún pendientes de remozar queda alguna, como en un viejo inmueble de la Rúa Nova, prácticamente en la confluencia con Montevideo.

Bares

Hay una calle en la que se conservan aún algunas piezas de este tipo. Es la carretera vieja de Santiago. Es más, en alguna casa hay un par de ellas; ocurre tanto en una acera como en la otra. Uno de los edificios tiene un bar en su planta baja; a falta de mayores comprobaciones, por el tipo de construcción, está dedicado a bar desde hace largo tiempo, quizá por eso lo de las dos argollas.

El desgaste de algunas de estos aros, y de su entorno en la pared, informa del amplio uso que se les dio.

En la calle Adolfo Suárez (antes Carlos Azcárraga) hubo, hasta no hace mucho, casas que tenían en las sus fachadas piezas de este tipo. En la actualidad prácticamente no se encuentran.

Haciendo bueno el conocido dicho de «los tiempos adelantan que es una barbaridad», en la actualidad hay en algunas fachadas o similares (soportales) puntos para amarrar animales; pero no son caballos ni asnos, son perros. Los hay a la entrada de alguna cafetería y también de algún establecimiento comercial.

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