Los cachalotes vuelven a A Mariña 38 años después de prohibirse su caza

Fernando Fra Rico informó a Cemma del primer avistamiento desde 1980

Fernando Fra Rico fotografió los cachalotes que avistó frente a A Mariña lucense e informó al Cemma
Fernando Fra Rico fotografió los cachalotes que avistó frente a A Mariña lucense e informó al Cemma

REDACCIÓN

Corría el año 1981 cuando la Comisión Ballenera Internacional acordó prohibir la caza de cachalotes a partir del año siguiente. Su apellido científico, Physeter Macrocefalus, describe una de las principales características de este cetáceo, su enorme cabeza, hasta un tercio total de la longitud de cuerpos que en el caso de los machos pueden medir hasta 18 metros, 12 en las hembras. Cinco años antes, en 1976, cerraba la ballenera de Xove, en A Mariña lucense. A 1980 remonta Cemma (Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños) el último avistamiento de cachalotes frente al litoral cantábrico gallego. Hasta ahora, porque Fernando Fra Rico acaba de localizar un grupo de cuatro o cinco al norte de la costa mariñana.

Cuarenta años han pasado desde que Cemma tiene noticias de cachalotes en el litoral noreste de Galicia. Desde esa coordinadora, Alfredo López se felicita porque en este 2020 que para ellos es el «ano do cachalote» se han dejado ver por A Mariña «e, como non podía ser menos, tiñan que achegarse e saudar». Agradecen la colaboración de Fernando Fra Rico porque ha documentado con fotografías «o espectáculo» del regreso de ese cetáceo a aguas mariñanas.

Informaciones publicadas por Cemma y por el Ministerio de Transición Ecológica dicen que los cachalotes son de color gris oscuro y uniforme por todo el cuerpo, con una mancha blanca en el vientre o en los flancos, aunque a la luz de sol pueden parecer marrones. Los machos, un tercio más largos que las hembras y dos veces más pesados, pueden alcanzar hasta 57.000 kilos. Solo en su maxilar inferior cuentan con entre 10 y 16 pares de dientes cónicos. Las aletas pectorales son cortas y anchas, con las puntas redondeadas, pequeñas y cuadrangulares, y las caudales, triangulares, con los bordes posteriores rectos, apunta Transición Ecológica; y Cemma añade que «non presenta unha verdadeira aleta dorsal».

Cemma también explica que se alimentan de cefalópodos, «calamares de tamaño medio y grande; también consumen pulpos y rayas demersales», añade Transición Ecológica. Viven en manadas, las hembras con las crías, gestadas durante doce meses y que miden cuatro metros al nacer, detalla Cemma. «Los machos abandonan al grupo con seis años para unirse a las "bandas de solteros"», según la documentación de Transición Ecológica. Cemma dice que los machos reproductores viven «en haréns, e os máis vellos, solitarios». Presente en todos los océanos del mundo, excepto en aguas polares, Cemma constata que «pasan diante das costas galegas na súa migración». Gracias a Fernando Fra Rico, se sabe que han vuelto a A Mariña. 

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