Albariño, sin mercado que se le resista

Rías Baixas logra que sus exportaciones sigan creciendo en cantidad y en valor. Cada vez son más las pequeñas bodegas de esta denominación de origen que venden en el exterior


Vilagarcía / La Voz

Lo dice el refrán. La unión hace la fuerza. Y en Rías Baixas son muy conscientes de que, cuando uno tiene determinado tamaño, es necesaria la colaboración de todos. Así que hace unos años el consello regulador decidió animar a las pequeñas bodegas a lanzarse a la conquista de los mercados exteriores, a seguir el camino recorrido antes por las más grandes. Había miedo, reconoce ahora el director gerente de la entidad, Ramón Huidobro. «Viajar es caro, mandar muestras a las ferias es caro, pero no significa que sea imposible», explica. Eso mismo debieron comprobar los empresarios del albariño porque, en cuestión de unos años, la lista de bodegas exportadoras de Rías Baixas pasó de una veintena a 103, lo que significa que más del 56 % de las firmas realizan transacciones en el exterior. Y ahí está la explicación de por qué, un año más, la denominación ha cerrado la campaña de exportaciones con un nuevo incremento. Entre septiembre del 2017 y agosto del 2018, vendió más de siete millones de litros en los mercados exteriores, lo que supone un millón más que durante el mismo período del año anterior.

«No podemos decir que crecemos en exportaciones porque un año lo hemos hecho bien. El crecimiento sostenido viene avalado porque las bodegas llevan tiempo trabajando muy bien, porque saben que hay que salir a vender y apostar por los mercados. Exportar es muy caro, pero ahora empezamos a recoger los frutos», señala Huidobro. Hasta el 2002, la lista de bodegas que vendían sus vinos fuera de las fronteras españolas estaba formada por 21 empresas, hoy son ya más de cien. No es de extrañar, así, que la denominación haya cerrado la campaña con un nuevo récord de ventas. No solo ha conseguido vender un millón de litros de vino más en el exterior, sino que también ha logrado que el valor de estas transacciones crezca en cinco millones de euros, hasta rozar los 39 millones. «Ese dato es importante porque significa que hemos crecido sin bajar la facturación», concluye.

¿Resulta caro exportar?

La pregunta se la hacemos a Ricardo Abal, de Lagar da Cachada. La suya es una pequeña empresa familiar que, actualmente, elabora 70.000 litros de vino al año. «Empezamos hace cinco años a aproximarnos a las exportaciones. Pero, como bodega pequeña que somos, viajar a ferias es muy costoso», sostiene. Sí que mandan el vino a algunos de los certámenes internacionales en los que participa el consello regulador, pero hasta ahora no han tenido ocasión de estar presentes en ninguno. ¿Cómo han conseguido entonces colocar sus albariños en el exterior? «A través de los importadores que nos visitaron en la bodega o de otros con los que coincidimos en la Festa do Albariño», asegura. Fue así como hicieron sus primeros clientes en Noruega y Francia. «Probaron el vino y les gustó. Venían buscando un vino de calidad», explica Ricardo. En su opinión, hay mercado de sobra para productos como el suyo fuera de las fronteras españolas. Pero también sabe que ese es un proceso largo. «Nosotros ahora estamos muy centrados en el mercado nacional, porque todavía tenemos que darnos a conocer», sostiene. Y las exportaciones van poco a poco. «Son cosas que llevan mucho tiempo. Los importadores vienen aquí, catan el vino y, si les gusta, de ahí a un año se acuerdan de ti. Es un proceso muy lento», afirma. Aún así, ya han conseguido que el 5 % de su producción se destine a la exportación y siguen trabajando en ello: «Ahora estamos tratando con una gente de Italia», sostiene.

Huidobro asegura que «nuestros vinos tienen la calidad necesaria para saber que van a triunfar fuera, porque gustan. Y las bodegas pequeñas saben que hay demanda en los mercados internacionales». Por eso el consello regulador lleva unos años aportando su granito de arena para ayudar a las más pequeñas. «Cada vez destinamos más recursos a los mercados internacionales. El año pasado trajimos a un grupo de compradores asiáticos porque sabíamos de las dificultades económicas de las bodegas para desplazarse allí. Y en el 2019 nos centraremos en Centroamérica y Sudamérica, porque así nos lo han pedido las bodegas·», relata.

Precisamente en Singapur se encuentra Xurxo Alba, de Albamar. El suyo es un viaje de placer, «pero sempre miras as cartas e aproveitas a ver se podes facer algún cliente», dice. Su bodega produce 80.000 litros de vino, entre los que se encuentran varios albariños, pero también algún tinto. Y, desde hace algunos años, el 60 % de su producción ya se vende en los mercados exteriores. Asegura que llegó a la exportación por casualidad, por el boca a boca. «As adegas pequenas non temos un espazo para a exportación, onde se destine para iso unha parte dos nosos recursos», argumenta. Pero, por suerte, en Galicia «contamos con xente que é unha fantástica transmisora dos nosos viños e que defende a morte o que facemos». Se refiere a los restauradores. «Hai estranxeiros que van aos restaurantes e proban os nosos viños e lles gustan. Teño moitos clientes que chegaron así á miña adega», cuenta. El sistema funciona porque sus vinos están hoy presentes en Estados Unidos, en Suecia, en Inglaterra, en Japón y en Rusia, entre otros países. «Estados Unidos é o noso mellor cliente», destaca. Y asegura que, hasta hace solo cuatro años, la mayor parte de sus ventas estaban centradas en el mercado nacional. «De catro anos para acá tivemos unha evolución brutal», concluye.

Mercados pendientes

Otro dato bueno relativo a las exportaciones es que estas están muy lejos de tocar techo. Estados Unidos sigue siendo un buen cliente, donde se venden cerca de 2,5 millones de botellas, pero hay muchas otras regiones en las que Rías Baixas puede abrir mercado. «En Asia hemos puesto un pie, asomado la patita. Hasta hace poco China consumía sobre todo vinos tintos, pero ahora el vino blanco empieza a tener un prestigio y ahí tenemos mucho que decir nosotros. Corea es un mercado sin explotar en el que su gente empieza a viajar y conocer España», sostiene Huidobro. Hay más, «Rusia es un gran desconocido, junto con Polonia, Checoslovaquia y Rumanía. En Rusia la venta de vino estaba muy relacionada con las mafias, pero hoy ya empezamos a ser más conocidos y la gente lo lleva desde países fronterizos. Y en Canadá han mejorado mucho nuestras cifras de exportación», insiste. Por eso apuesta por seguir trabajando. Por llevar a la denominación a las más importantes ferias que se celebran por el mundo adelante. «Hasta ahora hemos hecho un trabajo de pico y pala, dándonos a conocer. Y ahora que tenemos el terreno preparado tenemos que plantar», concluye. Y en esta nueva fase tendrán mucho que decir las más pequeñas, empresas familiares que ya le han perdido el miedo a traspasar fronteras.

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