
Si hay algo en lo que la mayor parte de los economistas estamos de acuerdo es la gran relevancia que en el crecimiento económico está teniendo el comportamiento del mercado laboral en España. Quizá podamos debatir si algunos de los factores de esta fortaleza son causa o consecuencia de dicho crecimiento, pero lo que es indudable es que el mercado laboral y su resiliencia está siendo fundamental para la buena marcha de la economía; eso sí, existen todavía sombras alargadas que constituyen los retos para estos años venideros.
La figura de los ERTE en plena pandemia supuso, indiscutiblemente, una salvaguarda tanto para las familias como para las empresas, que permitió que en 15 meses se recuperara la economía. En el primer trimestre de este año 2023, teníamos una tasa de actividad del 79,5 %, que se encontraba en la media de la eurozona y que suponía además un techo en la serie histórica. Además, casi 23.600.000 personas ocupadas entre 20 y 64 años y unas excelentes cifras también en la afiliación a la Seguridad Social.
Las sombras o debilidades del mercado laboral en nuestro país son fundamentalmente tres: 1) la elevada tasa de temporalidad en los contratos; 2) la baja productividad, y 3) una tasa de paro por encima de la media europea, con especial incidencia en los jóvenes y parados de larga duración. Aún sin los datos definitivos, todo apunta a que la última reforma laboral ha conseguido paliar parte de la temporalidad con la supresión del contrato por obra y con el perfeccionamiento del contrato indefinido fijo discontinuo, que ha supuesto una dignificación de los trabajadores acogidos a dicha modalidad.
En cuanto a la otra debilidad del mercado laboral, conocimos hace unos días que los niveles de productividad en algunos sectores estaban ya alcanzando los valores prepandemia, si bien no nos debemos conformar con una leve recuperación. Habrá que trabajar en una mejora en todos los sectores, tanto públicos como privados. Disminuir la tasa de paro tiene que ser también una prioridad, porque no hay mayor desigualdad que no tener un empleo digno. En este aspecto, se observa, y no es contradictorio, que en España un aumento en la tasa de ocupación o un aumento en el empleo no lleva consigo una disminución del desempleo. Además, es fundamental que el SEPE sea un organismo efectivo de contratación y no un mero tramitador de prestaciones.
El problema demográfico y la falta de mano de obra son una realidad y las políticas inmigratorias de carácter laboral deben formar parte de los programas electorales, tal y como están haciendo otros países europeos. Se trata de aplicar medidas que permitan la contratación en origen de trabajadores para cubrir las vacantes del mercado y para hacer de nuestro país un lugar atractivo para recibir fuerza de trabajo. La reducción de la tasa de desempleo tiene que ser el principal reto, pero con un aumento en la productividad que permita incrementar el salario por trabajador con medidas efectivas y de discriminación positiva que eleven todavía más el salario por trabajadora. Supimos hace días que continúa la brecha salarial de género: en el 2021, las mujeres percibieron un salario bruto medio 5.213 euros inferior al de los hombres, y aunque en Galicia esa diferencia fue algo inferior (4.890 euros), no es un buen dato, porque hay sectores, como el agrario, en el que la brecha de género es bastante superior a la media, por lo que habría que redirigir recursos para terminar con una desigualdad que perpetúa una distancia en las pensiones del mañana.