La compañía Hijos de Rivera lanza una campaña especial a pie de calle para asentarse en el país más cervecero del mundo
12 nov 2025 . Actualizado a las 22:10 h.Beber cerveza en Alemania no es solo una costumbre. Más bien es parte de su identidad nacional. Cada ciudad defiende la suya como si no existiera ninguna otra. En Colonia, la Kölsch; en Düsseldorf, la Altbier. La primera se sirve en vasos finos y altos; la segunda, en pequeños cilindros de cristal ámbar. En la fachada de algún edificio de estos templos cerveceros —y también en los de Düsseldorf, Münster y Osnabrück— lucen desde hace unas semanas lonas gigantes promocionando una cerveza fabricada a 2.000 kilómetros de allí: Estrella Galicia. La marca gallega ha decidido irrumpir en el corazón de la cultura cervecera alemana con una campaña especial. Pese a que pueda parecer una intrusa, la firma de Hijos de Rivera lleva una década abriéndose hueco en el mercado germano, con presencia en cadenas como Edeka o Rewe y acuerdos con productores locales como Warsteiner. La misión no es sencilla. Alemania es, con diferencia, uno de los países más cerveceros del mundo: produce más de 80 millones de hectolitros al año, alberga más de 1.500 fábricas y cada ciudadano consume de media unos 90 litros anualmente. Allí, la cerveza no se bebe: se venera.
Parte de ese respeto nace de una norma con más de cinco siglos de historia: la Reinheitsgebot, la llamada Ley de Pureza de 1516. Considerada la primera legislación alimentaria del mundo, establecía que la cerveza solo podía elaborarse con tres ingredientes —agua, malta y lúpulo—, excluyendo cualquier sustituto. Su objetivo original era evitar fraudes, pero con el tiempo se convirtió en un símbolo de identidad. A día de hoy, muchas marcas alemanas la siguen reivindicando como garantía de autenticidad. En este contexto, el plan de internacionalización de la marca de Hijos de Rivera pasa por presentarse como «una alternativa auténtica y diferencial frente a las tradicionales cervezas bávaras».
Una estrategia que explica Aitor de Artaza, director internacional de la firma: «Nuestra forma de crecer en el exterior no responde a una lógica de volumen, sino a un modelo coherente que respeta el contexto y las particularidades de cada mercado, priorizando las zonas en las que existe una cultura de cerveza y se da valor a la calidad del producto y del proceso de elaboración».
Una marca que viaja por el mundo
Si usted se pasea algún día por las calles de Nueva Caledonia, un archipiélago del suroeste del Pacífico a medio camino entre Australia y Nueva Zelanda, es probable que pueda beberse una Estrella Galicia. Lo mismo sucederá en Ghana, Singapur o en Filipinas. La compañía —que fabrica su cerveza en A Coruña— opera ya en 76 países de todo el mundo. A comienzos del 2025 constituyó su filial en Reino Unido, bajo el nombre de Estrella Galicia UK Limited. Un paso lógico tras su rápida expansión en territorio británico y que le permite ahora distribuir de forma autónoma sus productos y consolidar su presencia en el mercado. La misma fórmula la aplica con sus otras nueve filiales internacionales. Hoy, las ventas en el exterior suponen el 10 % del total, aunque el objetivo de la firma es que alcancen un tercio. «Queremos multiplicar por tres nuestras ventas fuera de España», adelantó el presidente ejecutivo, Ignacio Rivera, el pasado verano, durante la presentación de resultados de la compañía.
Un producto en crisis
La firma gallega cerró el 2024 con un dato positivo en un contexto adverso: la cerveza atraviesa una crisis global. En España, el consumo per cápita cayó a 52,8 litros, un 4,9 % menos que el año anterior. Según la consultora IWSR, la misma tendencia se repite en los veinte principales mercados del mundo que vieron caer el consumo un 2 % de media. Los jóvenes beben menos alcohol y los mercados tradicionales muestran señales de saturación. Solo las cervezas premium, o especializadas, y las sin alcohol esquivan la caída, marcando el camino de un sector que se reinventa a contracorriente.