España está entre los 15 países del mundo con una industria de música en directo más potente. Con una facturación superior a los 800 millones de euros, la mejora en las infraestructuras, la profesionalización de los promotores y la consolidación de grandes recintos contribuyen a que artistas de primer nivel incluyan en sus giras cada vez más conciertos en España. Los festivales se han convertido en catalizadores del desarrollo local y la proyección internacional de determinadas regiones gracias a su capacidad para generar actividad económica, empleo y dinamismo territorial. Festivales como O Son do Camiño, que se celebra en Santiago y el pasado año recibió a 126.000 asistentes, están consolidados; pero en Galicia hay otros encuentros más pequeños que completan una programación veraniega muy rica.
A pesar del éxito, se observa que esta industria ha alcanzado un cierto grado de saturación. Se espera para este año un crecimiento sostenido, pero cualitativamente distinto en el que se va a priorizar la eficiencia operativa, la rentabilidad y la gestión de riesgos. El sector ha entrado en una fase de presión sobre costes y márgenes que afecta especialmente a los festivales medianos. Además, es imperativo contar con una mayor planificación institucional y marcos regulatorios estables para mantener la reputación del sector, pues en años anteriores se han producido problemas con las licencias o de convivencia urbana que han llevado a cancelar o adaptar algunos carteles.
En este 2026, la tecnología y la sostenibilidad se convierten en requisitos operativos. La generalización de sistemas cashless, el uso de datos para prever la demanda o ajustar precios y la incorporación de herramientas digitales en la producción, así como la necesidad de reducir el uso de plásticos o la electrificación parcial de las infraestructuras han transformado la forma en que se diseñan y gestionan los eventos. Este año, además, crece la entrada de nuevos actores, desde fondos de inversión hasta grandes marcas tecnológicas atraídos por la rentabilidad del directo. Este proceso puede favorecer la profesionalización y el crecimiento, pero también plantea riesgos de concentración y pérdida de diversidad en la oferta.