La Kawasaki Ninja ZX-12R nació para romper el récord de velocidad sobre dos ruedas, pero un «pacto de caballeros» entre las marcas japonesas impidió que destronase a la mítica Hayabusa.
03 mar 2026 . Actualizado a las 13:23 h.L a historia es conocida, pero merece la pena volver a contarla, ahora que se ha cumplido un cuarto de siglo. A finales de los años 90, los fabricantes japoneses de motocicletas estaban inmersos en una carrera por el récord de velocidad sobre dos ruedas. Kawasaki había ostentado este título en varias ocasiones, primero con la Z1 de 1972 (212 kilómetros por hora); en los años 80 con la GPZ900R Ninja (254 km/h), la moto que pilotaba Tom Cruise en Top Gun; y más tarde con la Ninja ZX-11 (283 km/h). Pero en 1996 Honda subió la apuesta al lanzar la CBR1100XX Super Blackbird, denominada así en honor al avión más rápido de la historia, el Lockheed SR-71 o Blackbird, capaz de superar Mach 3 (tres veces la velocidad del sonido). Corría a 290 km/h y se acercaba peligrosamente a la barrera de los 300 km/h, que alcanzó tres años más tarde Suzuki con la GSX-1300R Hayabusa (halcón peregrino en japonés), convertida instantáneamente en una motocicleta mítica.
Kawasaki, herida en su orgullo, se propuso recuperar el trono de la moto más rápida del mundo, pero en lugar de hacer una evolución de un modelo existente, con más caballos y cilindrada, empezó un proyecto nuevo desde cero. Así nació la Ninja ZX-12R, con algunas soluciones tecnológicas que la convertían en una rara avis entre las de su especie. En vez del clásico chasis de doble viga montaba un monocasco de aluminio, lo que la hacía más estrecha y aportaba estabilidad a alta velocidad. Abrazaba un motor de cuatro cilindros en línea (el canon de las motos japonesas) de 1.999 cc y 178 caballos. Eran solo cinco CV más que la Hayabusa, pero esta tenía cien centímetros cúbicos más y por lo tanto más par, así que los ingenieros de Kawasaki le añadieron un RAM Air en el frontal, debajo de los faros. Se trata de un conducto que canaliza el aire directamente a los cilindros y proporciona 12 caballos adicionales, para un total de 190 CV. Lo que parece el depósito de combustible es solo una cubierta, el auténtico está en su mayor parte debajo del asiento. Especialistas en aerodinámica —Kawasaki también fabrica aviones—, el carenado fue diseñado en túnel de viento y cuenta con unas aletas para derivar el aire. Las suspensiones firmadas por el especialista sueco Ohlins, unas pinzas de freno delanteras de seis pistones y un neumático trasero descomunal de 200 mm completaban una máquina que lucía un velocímetro graduado hasta 350 km/h.
Kawasaki tenía previsto presentarla como la respuesta a la Hayabusa, pero el evento fue cancelado después de que las marcas japonesas, junto a BMW, llegaran a un acuerdo, un «pacto entre caballeros», para limitar la velocidad de sus motos a 300 km/h, debido a la presión de los gobiernos europeos. No obstante, la producción comenzó en el 2000 y las unidades de ese año salieron al mercado sin limitar. En pruebas no oficiales ha superado los 312 km/h, y los 320 km/h con un escape no de serie. Hay vídeos en YouTube donde se la ve dejando atrás a su rival de Suzuki, que no obstante mantuvo el marchamo de reina de la velocidad. A partir del 2001, la ZX-12R ya estaba capada electrónicamente, al igual que las demás, pero con los años el pacto decayó, se rompió la barrera e los 200 CV y hubo varias motos que superaron a la Hayabusa (MV Agusta F4 R 312, BMW S 1000 RR, Ducati Panigale V4R). Hasta que Kawasaki se hartó y en el 2016 presentó la H2R, un alien de 326 CV que alcanzó en una prueba en pista los 400 kilómetros por hora. Game Over.