Crónica de un viaje eléctrico

MOTOR ON

Cargando en un punto Ionity en Briviesca: el precio del kilovatio/hora es de 0,65 euros.
Cargando en un punto Ionity en Briviesca: el precio del kilovatio/hora es de 0,65 euros. J. ARMESTO

Recorremos 1.500 kilómetros con un Audi Q6 Sportback e-tron para constatar una realidad: el coche cien por cien eléctrico ya esta listo; ahora falta mejorar la infraestructura de recarga

14 ago 2026 . Actualizado a las 20:13 h.

El coche cien por cien eléctrico ya es una realidad en España. En menos de dos años (diciembre 2024-junio 2026) las ventas mensuales de estos vehículos han pasado del 5 % a más de 9 %. Verlos en las calles de nuestras ciudades y alrededores es habitual, ¿pero qué ocurre cuando queremos hacer un viaje largo? Para comprobarlo nos hemos subido a un Audi Q6 Sportback e-tron, un SUV de 4,77 metros y 326 caballos, con una de las baterías con mayor capacidad del mercado: 100 kWh (94,9 kWh útiles). En teoría, esto le permite recorrer un máximo de 675 kilómetros, pero eso es en condiciones de homologación WLTP, el estándar utilizado en Europa para medir el consumo de energía, emisiones y autonomía de los coches. Nosotros vamos a hacer un viaje de 1.500 kilómetros —A Coruña-Pamplona y vuelta por Bilbao y la costa cantábrica—, en su mayor parte por autopista. Nada más subir al coche nos llama la atención que, a pesar de estar cargado al 98 %, la autonomía que indica es de 349 kilómetros. Los automóviles eléctricos suelen estimar este dato en función de los últimos recorridos, por lo que si han sido hechos a alta velocidad la cosa cambia. En el test WLTP (52 % urbano y 48 % interurbano, a una media de 46 kilómetros por hora), el Q6 obtiene un consumo de 15,5 kWh/100 km. En autopista, a 120 por hora, supera los 22 kWh a los 100, con picos que pueden llegar y sobrepasar los 30 kWh cuando demandamos una fuerte aceleración o subimos un puerto de montaña.

Así que asumimos que tendremos que hacer un par de paradas para recargar, lo cual por otra parte no es nada extraño en un viaje de 700 kilómetros, incluso con un vehículo con motor de combustión. Una aplicación web (Wenea) me sugiere parar cerca de Betanzos para darle un chute de energía que cargue la batería a tope, pero no me apetece detenerme nada más empezar. Mi idea es hacerlo en Astorga (a 258 kilómetros), donde hay un punto de TotalEnergies con dos cargadores rápidos CCS, uno de 100 kW y otro de 150 kW. El Q6 admite un máximo de 260 kW en corriente continua, lo que le permite pasar del 10 al 80 % de carga en solo 22 minutos. La potencia de carga es un dato fundamental a la hora de elegir un eléctrico que vayamos a utilizar para recorridos largos, y también la gestión del consumo que haga el coche.

Circulo a un máximo de 110 km/h, y cuando hay una subida bajo a 100 o 90 (Cuesta de la Sal), pues sé perfectamente cómo se dispara el consumo cuando el terreno no es llano. Los constantes tramos en obras para reparar el firme de la A-6 hacen que la velocidad media se reduzca todavía más, y, tras la subida a Pedrafita, el posterior descenso hasta Ponferrada permite recuperar unos 15 kilómetros de autonomía. Ya en Astorga, primera revelación: el punto de carga está en una gasolinera a 1,7 kilómetros del centro de la localidad (en el casco urbano hay otros de Iberdrola, pero son de tipo 2 y muy lentos: 22 kW). Al lado, un bar de carretera al que solo le falta una puerta de cuerdas y un cenicero de Cinzano para retroceder a los años 70 del siglo pasado. Sería deseable que los cargadores estuvieran ubicados en áreas de servicio bien equipadas, pero tampoco es el fin del mundo: 25 minutos y una CocaCola después, la batería ha vuelto al 80 %, el límite que le he puesto para proteger la salud de las celdas de litio. El pago no puede ser más fácil, directamente con una tarjeta de crédito.

De nuevo en la autovía, busco en el navegador del Q6 el mapa de cargadores y elijo un punto Ionity en Briviesca (a 250 kilómetros), junto a la AP-1. Los cargadores son de 350 kW, pero solo hay dos, en una ruta de ida o vuelta a Francia por la que pasan a diario 27.000 vehículos. Afortunadamente encuentro uno libre, pero me preguntó qué pasará cuando el porcentaje de ventas de coches eléctricos supere el 90 % como en Noruega.

Otra sorpresa: cargar en una vía rápida no cuesta lo mismo que en un wallbox doméstico o en el del trabajo. En los cargadores lentos, el precio del kilovatio oscila entre 0,10 y 0,35 euros, dependiendo de la hora y la tarifa de luz contratada. En los ultrarrápidos sube a 0,65 euros/kW. No hay que ser matemático para calcular que llenar una batería de 100 kWh supone 65 euros... que nos dan para recorrer 350 kilómetros por autopista. Un viaje como el que estamos haciendo nos saldría por 120 euros, aproximadamente lo mismo que si vamos en un coche gasolina o diésel.

Este punto Ionity no tiene datáfono, pero basta escanear un código QR y ya nos deriva a Apple Pay o Google Pay. La carga termina en menos de 15 minutos, tiempo justo para ir al baño y tomarme un café, antes de seguir mi camino. Llego a Pamplona 170 kilómetros después y con la batería por encima de 35 %. He tardado un poco más que si fuera con un petrolero, por las paradas y la menor velocidad en algunos tramos, pero me ha convencido de que viajar por España con un eléctrico es perfectamente posible y en principio no tiene complicaciones. El consumo del Q6 Sportback e-tron no supera muchas veces los 19 kWh a los 100, un dato muy bueno para un vehículo que pesa 2.275 kilos, más los pasajeros y el equipaje, muy confortable y cargado de tecnología.

En la ciudad aprovecho unas compras en el centro para enchufar el coche y me topo con otro de los problemas comunes de muchos usuarios. El cargador rápido que más me conviene está en un aparcamiento público subterráneo, así que al precio de la recarga tengo que añadir 3,40 euros por el coste del estacionamiento. Para más inri, el proceso de pago exige registrarse en una aplicación, meter los datos personales y de la tarjeta, verificar por correo electrónico... Un sistema muy complicado para una persona mayor y que puede suponerle una barrera a la hora de acceder a la movilidad eléctrica.

En el viaje de regreso hago escala en Bilbao, donde dejo el Q6 en los cargadores de Iberdrola que hay junto al Guggenheim (CCS de 150 kW). Me voy a dar una vuelta y descubro que si la carga concluye y no retiras el vehículo después de 15 minutos, te aplican un sobreprecio. Lo hacen todas las compañías y suele ser de entre 0,05 y 0,10 céntimos por minuto: entre 3 y 6 euros por hora.

Ya en ruta, mi intención era alcanzar alguno de los muchos puntos de carga con que cuenta Ribadeo, pero la autonomía no me llega: me quedan 80 kilómetros y el coche empieza a lanzar mensajes de aviso en la pantalla digital del cuadro de instrumentos, así que no tengo más remedio que parar en un Zunder en Tapia de Casariego. Hay dos cargadores, pero uno de ellos está precintado (no funciona o no ha entrado en servicio todavía: otro punto débil de la infraestructura española). El lugar es un erial en las afueras, semidesierto, y menos mal que hay un supermercado al lado. Cuando por fin llego a A Coruña, y como al día siguiente tengo que devolver el coche al concesionario Audi Arrojo, me acerco hasta el punto de carga Atlante, en la salida por la AP-9: lo nunca visto, 16 cargadores y todos superrápidos, hasta 360 kW. Así sí.