DE MENDIGOS Y PIRATAS

La Voz

OPINIÓN

BLANCA RIESTRA TROPOS

19 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

A ese mendigo que salió en la tele, ese mendigo bravucón con brazos pequeños, que afirmó ganar, ante una cámara oculta, cuarenta mil pelas diarias, lo conozco. Frecuenta nuestro mismo bar de Lavapiés, tras el horario de trabajo. Imagino que el pobre hombre ni se dio cuenta de que, tras tales afirmaciones, se le echaría encima toda España. Y es que al españolito de a pie lo único que le molesta, lo que lo saca de quicio, lo único que lo vuelve capaz de linchamiento es descubrir que existen otros que puedan ganar más que él sin ir a la oficina. Que trafiquen con drogas, vendan niños o apaleen perros le resulta completamente indiferente, porque el español de a pie carece de sentido de la moral, pero no de sentido de la justicia -como quien dice-. Esto se sabe, es un secreto a voces. Por eso la SGAE, que no se caracteriza precisamente por su buen gusto y por su gestión transparente, tras haber puesto en circulación un hediondo spot contra la piratería musical que no funcionó, se ha decantado ahora por la propagación de infundios. Ramoncín y sus esbirros afirman, entre otras cosas, a quien les pregunte, que los manteros (vendedores de discos ilegales) llegan a juntar hasta medio kilo mensual. Claro, ese bulo enardece los espíritus de oficinistas, taxistas y curritos que no es que vean mal el contrabando, el estraperlo y la bribonería en todas sus formas, sino que no soportan que otros sean más listos y que ganen más con menos esfuerzo. Ni que decir tiene que todo lo anterior es falso. Conozco bastante bien a un par de manteros y puedo asegurar que lo de vender discos no es la panacea y que tardan en llegar a fin de mes. Pero si no fuese así me alegraría por ellos, qué caramba. Hace un par de día he recibido una carta de Cedro, la sociedad de defensa de los derechos de reproducción de obras escritas, invitándome a entrar en sus huestes, como quien dice. Claro está que me niego a ceder la defensa de los derechos de reproducción de mis libros a nadie, primeramente porque la fotocopia me parece una invención maravillosa y yo misma creo haber fotocopiado más de un millón de libros en mi todavía corta vida, y me alegro de que nadie me lo haya impedido. Con esto de la cultura hay una gran confusión. Bueno es que el escritor, periodista, músico y pintor se gane la vida como cualquier hijo de vecino, pero la propiedad intelectual no es más que un espejismo y hasta el mismo plagio no es más que una invención reciente. Nadie es original y todos bebemos de un magma común que es la cultura, nos copiamos y homenajeamos los unos a otros y así avanza el mundo. Nadie es propietario de nada, sólo somos seres necesitados de sustento. Por cierto, ¿saben ustedes que en el Tercer Mundo no hay copyright? ¿Que nadie ha pagado nunca un duro por la lambada? ¿Saben ustedes que Paul Bowles se quedó con los derechos de autor de todos y cada uno de los autores marroquíes que tradujo? Así están las cosas.