LOS CIUDADANOS que siguieron el domingo pasado por televisión el escrutinio de las elecciones a la Comunidad de Madrid experimentaron los efectos de la ducha escocesa, versión madrileña. La auténtica consiste, como ustedes saben, en agua a presión, alternando caliente y fría, que recorre todo el cuerpo, de los pies a la cabeza. Activa la circulación, tonifica y descontractura los músculos, descongestiona zonas localizadas de nódulos de grasa o celulitis y serena el espíritu. Los médicos no la aconsejan sobre zonas vasculares frágiles. La versión castiza que puso en marcha Alberto Ruiz-Gallardón, el Presidente en funciones más largo que ha tenido esa comunidad, y los responsables del recuento según el refinado código Sade, consistió en poner a prueba el corazón, con el riesgo de que alguno se quedase por el camino de tanta diástole y sístole acelerada, y en generar estados de ánimo y desánimo, alegría y tristeza con la celeridad con la que Carlos Sáinz padece el mal fario que le acompaña desde hace ocho años. Los asistentes al Centro de Datos y los que lo hacían en la sede de los partidos iban de respingo en respingo hasta la derrota o la victoria final. Y todo, según los escrupulosos técnicos, porque el escrutinio en los feudos del PP va más lento que en los propensos a la izquierda. José Ramón Alonso, coordinador del proceso electoral, achaca esta situación, que se viene produciendo desde 1991, a que las mesas electorales de los distritos y municipios más proclives al PP «tienen más electores, la edad de la población votante es mayor, hay menos colegios electorales y la gente acude a votar más tarde», de manera que cuando se cierran las puertas hay personas que están ya dentro y que todavía tienen que votar que alargan el momento de abrir la urna. «Los distritos de Centro, Retiro o Salamanca (generalmente de la derecha) son zonas muy pobladas y con mesas muy grandes. El distrito de Latina, oráculo electoral que reflejó con precisión matemática el resultado final de la Comunidad, es tan grande como Granada o Vitoria, y el barrio de Barajas, el más pequeño de Madrid, es más grande que Soria o Teruel. Madrid tiene 1,8 veces la población de Barcelona y las mismas mesas electorales». Con estos datos y mientras no se amplíe el número de mesas los madrileños están avocados a esta nueva versión de ducha escocesa o, como dice María Teresa Campos, a un programa de televisión realizado por el mejor director de suspenso.