Según una encuesta publicada recientemente, el número de españoles preocupados por la falta de acuerdo para constituir un Gobierno se ha duplicado en los últimos meses. De manera concreta, ha pasado del dos por ciento a casi el cinco por ciento; dicho de otro modo, solo a uno de cada veinte españoles le preocupa la cuestión. Mi cálculo es puramente teórico, pero si seguimos toda la legislatura sin Gobierno al final de la misma estarán preocupados en torno al veinte por ciento de los ciudadanos.
Teniendo en cuenta que el censo electoral tiene un total de 24 millones de electores, el porcentaje anterior supone que la cuestión preocupa a cerca de 1,2 millones de personas. Si en España hay en torno a trescientos mil políticos, a los que hemos de sumar sus familias, que sin duda estarán preocupadas, los tertulianos, etcétera, no parece que la preocupación esté muy extendida entre el común de los ciudadanos.
Pues bien. Yo no entiendo cómo es posible que en unas elecciones voten en torno el setenta por ciento de los ciudadanos y, posteriormente, a nadie le importe si hay Gobierno o no; esto merece un estudio. A mí lo que me sugiere es que, como los partidos nunca cumplen sus programas, las elecciones se han convertido en una especie de ritual en el que vamos a votar a los nuestros sin esperar que después ocurra nada, pero me centraré en cuestiones más concretas.
Los políticos esgrimen con asiduidad el argumento de que no pueden pactar con otros, sean de su cuerda o no, porque sus votantes no se lo perdonarían; esto es una sandez. Como muestra la encuesta, la gente tiene cosas más importantes de que preocuparse como levantarse para ir a trabajar, hacer números para ir de vacaciones o ver la tele. He comprobado, experimentalmente, que sigue habiendo atascos y parados, y que el número de estos permanece invariable aunque Ciudadanos apoye al Partido Socialista o al Partido Popular.
Tampoco me gusta la afirmación de nuestros políticos de que «el país necesita un Gobierno sólido», porque no sé lo que es. Supongo que quieren decir que no sea líquido o gaseoso, y en eso estoy de acuerdo pero, en general, únicamente se refieren a eso cuando quieren gobernar ellos solos o con el apoyo de los otros. Pues bien, tampoco veo a la gente muy preocupada por el estado de la materia del Gobierno.
En fin, a mí de todo esto hay una cuestión que me preocupa sobremanera y que quisiera compartir con los lectores. Si después de las segundas elecciones no hay Gobierno, ¿el anterior está en funciones, en funciones? Y, de haber unos nuevos comicios, ¿estaría en funciones, en funciones, en funciones? Esto sí que es importante porque podríamos tener un expresidente al cubo.