Meu can de palleiro


Yo no tengo perro, ni can que me ladre. Y en ocasiones siento nostalgia de aquellos días en que un cachorro libre y un algo salvaje llegó a mi casa para quedarse. Era el viejo Dovi, que así se llamaba porque vino un viernes de Dolores: un difuso can de palleiro.

Su imagen y el color canela de su pelaje se quedaron para siempre en mi memoria, y cada vez que me encuentro con un perro de su raza, me reconozco en él como un colega cómplice.

Hace pocas semanas, en la ciudad en donde vivo, me encontré de frente con un integrante de tan noble especie. Su amo lo conducía con orgullo indisimulado, al final de una correa azul. Era joven todavía y al verme dejó en el aire un ladrido de saludo, cordial y expresivo, que me sonó a un par de palabras conocidas y que yo traduje como un «¿e logo?», que me obligó a responderle inmediatamente, lo que hice presto y le contesté al canciño que yo vivía por allí, y que si nunca lo había visto antes, estaba muy contento al haberlo saludado y, añadí, reconocido.

Ahora, en estos días de vagar, y de visita agosteña en la tierra, en mi país, cuna de mis coterráneos, de mis canes favoritos, paisanos en la galleguidad animal, leo que la Xunta de Galicia recomienda adiestrar a los astutos e inteligentes palleiráns para que realicen tareas de canes policías y de perros de emergencias para rescate.

Medida que celebro y aplaudo, y que, emulando el viejo eslogan que utilizó el presidente Fraga en unos comicios autonómicos, englobo en el «gallego como tú» a la brigada de perros locales que nada tienen que envidiar a los Rintintín, perros policías, pastores alemanes o San Bernardos con su barrilito de licor café para evitar aludes alpinos. No se si esta medida exige un decreto a publicar en el DOG o si solo es una amable recomendación.

Tal vez será mejor solemnizar y que no quede en un pie de pagina más o menos chusco.

Me comprometo a realizar un seguimiento de la suerte que van a correr los disciplinados perros cuando la Xunta los convierta en funcionarios, e incluso a realizar una historia épica de sus comportamientos.

Para mí ha sido una buena noticia que espero que, coincidiendo con la época estival, no se quede en una vieja serpiente de verano, en el lago Ness de las que antaño fueron informaciones tradicionales.

Mi perro, mi can de palleiro, era un animal libre y feliz, acaso un poco indisciplinado, pero leal y cariñoso y que sabia estar, que estaba con los suyos, que vivía entre paisanos. Fueron denostados, considerados como hijos de mil madres, canes sin pedigrí y sin prestigio, cuadrúpedos populares, perros labregos, astutos y pícaros, pero yo siempre supe que llegaría su hora y serían legítimamente reconocidos e incluso ensalzados, conducidos al lugar que honestamente les correspondía entre las grandes razas europeas.

Le contesté a mi imprevisto y recién conocido amigo, al palleiro trasterrado a Madrid, que no tendría problemas en acostumbrarse, pues aunque estuviéramos lejos de Galicia, su amo también era de los nuestros. Mi viejo can de palleiro, gloria y honor, tu memoria colectiva vive en un poema campesino, en la banda sonora de Galicia, interpretada, por, pongo por caso, Fuxan os ventos. ¿Verdad que les suena?

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