El oficio de librero


Fiel a su cita anual, el mes de agosto comenzó en la ciudad de A Coruña con la Feria del Libro, que el jueves terminaba. En los perezosos días de vago estío, los libreros salen a la calle y nos invitan a saborear la lectura, a amar los libros. Este año para mí ha tenido un sabor especial, porque por primera vez acudía a firmar como autor. Se trataba de promocionar mi último libro, Bioética y oncología. La cita fue en la caseta de la librería Xiada y estuve acompañado por el doctor Paco Barón, otro de los autores de la obra. No tuvimos las colas que sin duda habría tenido Belén Esteban, pero no nos podemos quejar. 

Las dos horas largas que allí estuve sirvieron para darme cuenta de una cosa: el oficio de librero es duro, muy duro. Muchas horas de trabajo, atendiendo siempre con delicadeza a las preguntas del público, lamentando no tener el ejemplar que precisamente le están pidiendo, con una gran melancolía en el corazón porque les parece ser miembros de una especie en vías de extinción.

A ciertas personas y a ciertos oficios los empezamos a valorar justo cuando ya no están. Así pasa con los libreros, que desde hace años sufren la venta en grandes cadenas, el comercio electrónico y la pérdida del hábito lector. Tremendo. Y estúpido. Por eso, hoy no solo invito a leer, uno de los grandes placeres de la vida, sino a comprar los libros en las librerías de su ciudad, de su pueblo, para así contribuir a la permanencia de estos grandes, y casi siempre modestos, creadores de cultura. Y a los libreros los invito a no perder la ilusión y las ganas.

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