El manual de resistencia ha fracasado


A la espera de que hoy entregue su propio certificado de defunción política, inmediata o aplazada, conviene ir haciendo el balance de la acción de Gobierno de Pedro Sánchez. O, más bien, el epitafio de la misma. «Recuperar la normalidad política e institucional» y «convocar elecciones cuanto antes». Si hay que medir el tamaño de su fracaso por lo que prometió al presentar la moción de censura que le llevó al Gobierno, la conclusión es que su descalabro es total. Absoluto. Lejos de normalizar la vida política, la ha convertido en un pandemonio que ha quebrado el consenso constitucionalista, ha privilegiado al independentismo que se declara enemigo de España y al populismo que abomina de la Constitución, y ha provocado el auge de la extrema derecha. De paso, ha lesionado las instituciones con sus injerencias en el Poder Judicial. Y, lejos de convocar elecciones, trató de agotar la legislatura con unos escuálidos 84 escaños y solo llama ahora a las urnas porque una mayoría superior a la que apoyó su moción de censura lo echa y le obliga a finiquitar un mandato estéril.

La mejor demostración de que Sánchez se dedicó a cualquier cosa menos a atender los problemas reales de los españoles la da la última encuesta del CIS, que contiene datos demoledores para un Ejecutivo que se marcha siendo casi anónimo. Un 67 % de los españoles no sabe quién es la ministra de Economía. Un 75,6 % ignora quién ocupa la cartera de Educación. Otro 73,6 % desconoce quién lleva la de Sanidad. Y a un 77,8 % no les suena de nada un tal Luis Planas, que por lo visto es ministro de Agricultura. Y así todo el equipo, con la excepción de un Borrell que destruyó su prestigio diciendo que los secesionistas presos deben estar en la calle.

Todo ha girado en torno a Sánchez, convertido en un rey sol cuya única obsesión fue hacer ostentación de los poderes de la presidencia, dando varias vueltas al mundo en el Falcon oficial y utilizándolo para misiones tan estratégicas como asistir a la boda de su cuñado. Por el camino, tuvo tiempo de hacer que el PSOE pierda por primera vez el Gobierno de Andalucía, fracturar su partido con sus cesiones a un separatismo que al final le ha apuñalado, recibir un varapalo de Bruselas por presentar un proyecto de Presupuestos fake y hasta editar un libro a su mayor gloria personal, de inminente aparición y con un título tan inconveniente para alguien que acaba de ser vapuleado como Manual de resistencia.

Pero lo más esperpéntico de este efímero Ejecutivo es que Sánchez pretendiera gobernar España con sus máximos enemigos. Un racista como Joaquim Torra y dos presuntos delincuentes como Puigdemont, prófugo de la Justicia, y Oriol Junqueras, un supremacista que ayer, en el juicio del procés, descalificó la democracia española y con cinismo sin límite afirmó que ama «a España y a las gentes de España». Lo que ha escrito Sánchez es más bien un manual del fracaso. Pero ahora, nos queda aún verlo transmutarse en gran defensor de la unidad nacional y adalid del liberalismo. Resistencia tiene. Principios, no.

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