El cambio del PSOE es ¡un cambiazo!


Sanchez is different. Y lo es porque entre él y los restantes candidatos de partidos nacionales que concurren a las elecciones generales con opciones de entrar en el Congreso hay un contraste sustancial. La precampaña de Casado, Iglesias, Rivera y Abascal adelanta que todos van a seguir insistiendo en las ideas fuerza sobre las que construyeron su política desde el inicio de la legislatura hasta el anuncio de la disolución anticipada de las Cortes.

Solo Sánchez ha probado ya que hará todo lo contrario: volver a girar 180 grados. Y no me refiero a algunas de las afirmaciones de los últimos días del líder del PSOE, cuya cara dura es sencillamente ilimitada: la apelación a que la política no consiste en insultar hecha por quien llamó indecente a Rajoy ante millones de personas; la invocación a la responsabilidad partidista de un político que, tras haber forzado por intereses personales la repetición de las elecciones de 2015, presentó, por idénticos motivos, una moción de censura que acabó a principios de 2019 con una legislatura que Rajoy hubiera podido culminar en 2020; o, en fin, la dura crítica a los cordones sanitarios, válida al parecer para los demás partidos ¡pero no para el PSOE!

No, aunque todo ello ilustra qué insólito político es el presidente del Gobierno, cuando afirmo que Sánchez ha dado a su discurso un giro de 180 grados me refiero a algo muchísimo más grave por suponer un intento de tomadura de pelo a la sociedad española en su conjunto.

Y es que el hombre que, tras dos estrepitosas derrotas en las urnas, llegó a presidente con el voto indispensable de los separatistas, que ha gobernado (si lo que ha hecho Sánchez puede calificarse de tal modo) con el apoyo indispensable de los separatistas y que, para lograr ambas cosas, ha hecho al secesionismo en rebeldía concesiones políticas y económicas que pusieron en pie de guerra incluso a su partido, pretende ahora convencernos, ¡hale hop!, no solo de que su total dependencia del separatismo es una invención de las derechas sino incluso de algo aun más esperpéntico: que él ha sido quien le ha parado los pies a Torra y compañía. Es decir, a quienes lo hicieron presidente, lo han mantenido en el poder y serán sus más posibles aliados si después del 28 de abril reúne opciones de seguir en la Moncloa.

La política democrática tiene siempre -lo sabemos- mucho de ficción. Por eso, para que el sistema funcione, es necesario que los ciudadanos estemos dispuestos a un generoso ejercicio de suspensión voluntaria de nuestra incredulidad. Ello exige, sin embargo, que la ficción no se convierta en una burda falsedad cuya distancia de los hechos resulta sideral. Y tal es el caso de Sánchez: un político para quien hacer lo contrario de lo que dice y decir lo contrario de lo que hace se ha convertido desde que lo conocemos en su seña principal de identidad.

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