El cambalache de Jácome y Baltar


Una ciudad y una provincia cuativas de la ambición insana de Jácome y Baltar hijo. Me asombran los que se asombran por el turnismo, el reparto, el cambalache, que se ha puesto de moda con los resultados electorales multipartitos. No ha pasado nada con los ayuntamientos que no hubiese pasado en la histórica moción de censura. Son políticos, ¿qué esperaban? Es la falta de una ley decente que obligue a gobernar al más votado, aunque sea por una papeleta. La primera fase para repartirse el poder son los pactos y alianzas entre fuerzas. La segunda es esta maravilla de turnarse en el puesto de alcalde, dos años para ti, dos años para mí. Un festival. Nada que no haya escrito hace mucho Valle-Inclán en el libro que hoy acompaña a La Voz, Divinas palabras. «No es carga, que es provecho». El político se mete a político, salvo honrosas excepciones, para lograr el poder. No lo hacen por usted y por mí. Así es que les cuesta tanto dejarlo. Son yonquis del mando, de la popularidad. Necesitan los focos, los flashes, dar órdenes. Precisan en las redes sociales de hoy de los chutes instantáneos de Twitter, de Facebook, de Instagram. ¿Hay alguien que se crea, aparte de Jácome y Baltar, que se han puesto de acuerdo por el bien común de los ourensanos? De la que fue Atenas de Galicia, con los sabios más relevantes paseando su inteligencia por sus calles, a esta componenda entre dos de los que más se han odiado en los últimos años. Pero la política es cama caliente. Es así. Del odio al amor, solo hay la necesidad de seguir en el cargo. Les tecleo una de las acepciones de componenda para resolver dudas: «Solución o arreglo incompleto o provisional de un asunto, especialmente el censurable o de carácter inmoral acordado entre varias personas». Para los que no gustan de la asepsia de los diccionarios, valga la lírica de la famosa canción que clave lo de Ourense, solo hay que cambiar siglo XX, por XXI. «Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé. En el quinientos seis y en el dos mil, también. Que siempre ha habido chorros, Maquiavelos y estafaos. Contentos y amargaos, varones y dublés. Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldá insolente ya no hay quien lo niegue. Vivimos revolcaos en un merengue. Y en el mismo lodo, todos manoseaos». Sin salir de Galicia, otro ejemplo, ese PP de Catoira apoyando al BNG y justificando que lo hace por Catoira. ¿Se imaginan a Feijoo votando para que Ana Pontón sea presidenta? Vale todo por ese sillón, ese bastón de mando, es la atracción fatal del señor de los anillos. Viajamos hasta Álava y tenemos a un socialista que le da la alcaldía de Samaniego a Bildu. Dice el partido que tomará medidas. ¿Medidas? Bildu apoyó a Sánchez en la moción de censura que mandó a Rajoy rumbo al registro de la propiedad. Y lo volverá a hacer si es necesario.

Consejo a los nuevos alcaldes: el primero que te felicita es el del puñal, el que más quería tu puesto, el que más te odia. No falla.

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