El cambio necesario


Los cambios nunca son fáciles. Las inercias y la comodidad de lo conocido dificultan la evolución. Sin embargo, la no aceptación de los cambios, en la mayor parte de las ocasiones, acaba por desembocar en la imposición de los hechos consumados. Así, pese a que algunos líderes mundiales como Donald Trump o Bolsonaro se empeñan en negar el cambio climático, el deshielo de los polos, los grandes incendios como el de California de hace pocas semanas o el devastador que sufre ahora mismo Australia y que ha envuelto en un humo irrespirable a Sydney amenazando con llevársela también por delante, o las terribles inundaciones que padece el Cuerno de África -no se recuerda un volumen de lluvia como el que está cayendo desde hace semanas-, son solo son la punta del iceberg del desastre ecológico al que nos enfrentamos.

Los CFC que se comen la capa de ozono, el metano de las explotaciones ganaderas intensivas que contaminan el aire, los microplásticos que entran en la cadena alimentaria a través de los peces más pequeños hasta llegar a nuestros organismos, la tala indiscriminada de bosques para grandes monocultivos que acaba con los depredadores naturales del dióxido de carbono, el veneno que proyectamos a través de los transportes que funcionan con combustibles fósiles, la contaminación de ríos y mares con mil productos químicos, vertidos incontrolados y basuras de todo tipo, macrociudades cuyos deshechos la tierra no puede asimilar, una población humana con cifras récord que hay que alimentar y, sobre todo, armas de todo tipo que no solo matan a los seres vivos sino que arrasan con toda posibilidad de supervivencia...

El ser humano no es la especie que ha logrado conquistar y doblegar a la naturaleza, sino que es el monstruo que se está cargando literalmente el planeta Tierra. Y mientras Alemania, con muchas menos horas de luz, se encamina a la autosuficiencia energética de los hogares, aquí celebramos la cumbre sobre el cambio climático pero nadie nos explica cómo es posible que se penalice el autoabastecimiento y que, pudiendo producir energía limpia y barata, nuestra factura sea cada vez más cara. El cambio no está en las negociaciones, sino en la gestión responsable, y eso empieza en la cumbre de las grandes corporaciones.

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