La victoria de Boris


Hartos de debatir acerca de un brexit que se había convertido en una pesadilla incesante, el candidato conservador Boris Johnson obtuvo una mayoría arrolladora en las elecciones del Reino Unido y, de paso, hundió a los laboristas de Jeremy Corbyn, que, perdidos en múltiples ambigüedades, parecían querer hablar de otros asuntos. Boris Johnson ganó incluso en territorios habituales del laborismo, porque planteó una solución drástica para todos los problemas: ¡salir del embrollo del brexit! Y ganó.

Porque lo que había en el Reino Unido era un debate interminable que tenía a sus habitantes divididos y paralizados, y Boris Johnson acertó a convencer a la mayoría de que continuar con esa ambigüedad solo conduciría a seguir dándole vueltas a una noria atascada. Jeremy Corbyn no se dio cuenta de que habían cambiado los términos del debate. Boris sí descubrió que, con todos cansados de debatir lo ya debatido, era posible convencerlos de que sería mejor salir de esa controversia y caminar hacia otro espacio. Por esto ganó. No por sus argumentos (débiles e infantiles), sino porque invitó a cambiar de horizonte. Y la gente, aburrida de repetir escenas de controversias, vislumbró alguna luz -aunque no se sabe cuál- en la opción del hoy ganador.

En síntesis, Boris Johnson tiene el camino despejado para el brexit, aunque los nubarrones independentistas de Escocia y la perenne cuestión irlandesa puedan acabar por amargarle el triunfo. Se equivocaría, y mucho, si creyera que tiene el fervor unánime de la ciudadanía. Las elecciones que acaba de ganar han dejado también muy claro que la gente está harta de sus políticos y aburrida de su capacidad para marear a la ciudadanía y a sí mismos. Es algo que debe tener en cuenta Boris. Puede tropezar pronto con un desencanto social, hijo del que acaba de darle la victoria.

Curiosamente, lo dicho para el Reino Unido también serviría -debidamente adaptado- para explicar lo que sucede en España, con nuestros políticos enredados en unas negociaciones interminables en las que, lejos de buscar la armonía social, cada uno defiende descaradamente sus intereses. Deberían de pensar que los estamos viendo.

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